
El próximo mes se cumplirá una década de la obtención de la Copa Davis por parte de Argentina, con el equipo capitaneado por Daniel Orsanic. El logro permitió romper una racha negativa de cuatro finales perdidas por la selección nacional de tenis (1981, 2006, 2008 y 2011) y levantar la ansiada Ensaladera de Plata. En ese 2016, Argentina jugó y ganó cuatro series -Polonia, Italia, Gran Bretaña y Croacia-, todas en calidad de visitante. Aquella proeza del equipo fue lograda en gran parte tras asegurar a todos los jugadores un trato igualitario y ecuánime y de esa manera limar asperezas internas que en otros tiempos supieron minar al equipo argentino.
En aquel año, Orsanic supo llevar a buen puerto en la final frente a Croacia a un gran equipo integrado por Juan Martín del Potro, Federico Delbonis, Guido Pella y Leonardo Mayer, pero que en las series anteriores también contó con tenistas como Carlos Berlocq, Renzo Olivo y Juan Pico Mónaco. A continuación, el diálogo con Orsanic.
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-¿Qué sensaciones y recuerdos mantiene a 10 años de aquella gesta?
-Un orgullo inmenso, por supuesto que fue un logro histórico para el tenis argentino, el privilegio de ser parte de ese equipo, de disfrutar de jugadores que dieron más de lo que tenían, que mostraron una jerarquía enorme. Fue algo único, algo que creo que el tenis argentino merecía y que hayamos sido los protagonistas de ese logro es un orgullo muy muy grande.
-¿Se puede equiparar su rol a aquel que tuvieron Menotti, Bilardo y Scaloni en el seleccionado de fútbol?
-No, es otra cosa, el tenis es un deporte menos popular que el fútbol, pero de todos los capitanes o técnicos que nombraste yo creo que para nuestro proceso, la gesta de Lionel Scaloni es lo más cercano, por las formas por la manera de comunicar, por el perfil de él y del cuerpo técnico y demás, creo que es lo más parecido a lo que hicimos nosotros.
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-En aquel momento tuvo a su Messi...
-¡Por supuesto! A ver, no hay ningún equipo en la historia de la Copa Davis que haya ganado sin un crack y nosotros no fuimos la excepción. Juan Martín del Potro, si bien no tenía el ranking de top ten, sí estaba en nivel de top ten, en un año histórico de su vuelta, ganando medallas de plata en los Juegos Olímpicos, y además marcó una diferencia porque él ganó partidos que ningún otro jugador del equipo podía ganar. Si vamos a las estadísticas probablemente Argentina sea el equipo que ganó la copa Davis con peor ranking de sus jugadores, pero el nivel que tenía Juan Martín en ese 2016 era de top ten y por eso creo que se logró el título también.
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-Ahí lo demuestra Juan Martín con partidos épicos como por ejemplo el que le gana a Andy Murray
-Sí, definitivamente. Creo que ese partido está tal vez entre los tres mejores de la Argentina en la historia de la Copa Davis. Porque Murray estaba ya en camino a ser el número uno del mundo, pero como es una competencia de equipos, cada uno tenía su responsabilidad y si bien Juan Martín le ganó a Murray, Pella le ganó a Edmund y Mayer le ganó a Evans. Fueron todos triunfos que eran ilógicos en ese momento, ellos eran favoritos en cuanto a ranking, en cuanto a localía, en cuanto a que eran los campeones defensores, cada uno del equipo hizo cosas increíbles. Fede Delbonis ganando los dos partidos en la serie frente a Italia, ganando el último punto para quedarnos con la Davis. A cualquier jugador que saques de esa gesta, no se ganaba.
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-¿Cómo influyó haber jugado las series siempre como visitantes?
-Jugar siempre de visitantes te quita un poco de responsabilidad o a veces de presión. Más allá de que uno siempre prefiere jugar de local por la energía que puede transmitir el público, pero de a poco nos fue acompañando mucha gente, cada vez más y al final sentíamos que en todos los lugares donde íbamos éramos un poquito locales, que es una sana costumbre que tiene la gente argentina, ¿no?, de bancar, de apoyar, de seguir a sus a sus referentes de manera única es algo que sorprende al mundo. A algunos les gusta, a algunos no, pero el apoyo de la gente argentina se siente en todos lados y a nuestros atletas le da una energía tremenda.
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-¿De quién se acordó al alzar la Ensaladera de Plata? ¿De algún referente o maestro?
- Yo tuve referentes a nivel a nivel coach como Alejandro Gattiker, que también fue capitán de Copa Davis; Jerry Wortelboer, con quien también yo trabajé mucho en la parte psicológica con su mujer Patricia Wightman... pero sobre todo me acordé de mis padres porque de la manera que nosotros llevamos a cabo esa gesta, la manera de comunicar, la manera de encarar las situaciones, tuvieron mucho que ver con la educación que yo recibí de mis padres, entonces la gran satisfacción que yo sentí es que de esa manera se podía. Que no es la única por supuesto, pero con lo que me enseñaron y de la forma que me lo que lo hicieron, sirvió; y claro eso me llenó de un orgullo inmenso, era una confirmación de todo lo que soy yo, de lo que sentía por mis viejos y que esa enseñanza me haya ayudado en la parte profesional fue un gusto doble.
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-No casualmente habla de sus padres y el último punto se juega en Croacia...
-Sí, la última serie se jugaba en donde mi padre vivió de chico, un sentimiento que fue creciendo mucho una vez que yo llegué a Zagreb. Si bien era un sentimiento especial por tener sangre croata, una vez que estuve ahí me sentí muy identificado con la gente de Croacia, de la manera que se comportaban, de la manera que me trataban, fue algo que fue creciendo. Recibí muchísimo cariño cada vez que tomé más contacto con mis raíces. Si bien nunca dudé de lo que quería lograr, de lo que quería hacer con el equipo, fue muy especial. Desde el escuchar mi nombre como realmente se pronuncia, hasta verme identificado con la gente del hotel, de la calle, del estadio y como diciendo “soy uno de ellos” y eso fue muy especial.
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