El detrás de escena del histórico US Open que ganó Gabriela Sabatini: la estrategia contra Steffi Graf y cómo ayudó a cambiar su carrera

En una charla con Infobae, el entrenador brasileño Carlos Kirmayr reconstruyó el camino hacia el único Grand Slam de la carrera de la argentina hace 36 años

Al lado del entrenador brasileño, Gabriela Sabatini jugó el mejor tenis de su carrera (Crédito: gentileza Carlos Kirmayr)
Al lado del entrenador brasileño, Gabriela Sabatini jugó el mejor tenis de su carrera (Crédito: gentileza Carlos Kirmayr)
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Corría 1990 y Gabriela Sabatini atravesaba un momento incierto de su carrera. Acababa de cerrar una etapa de varios años junto a Ángel Giménez, su entrenador español, y buscaba un nuevo rumbo. Ahí apareció Carlos Kirmayr: “Ella estaba bastante fragilizada. No nos conocíamos y comenzamos una experiencia de tres meses para ver qué pasaba”, recuerda el extenista brasileño en diálogo con Infobae. Lo que ninguno imaginaba entonces era que aquella prueba terminaría, apenas unos meses después, con la argentina alcanzando la gloria en el US Open, el único Grand Slam que conquistó en su carrera.

El debut de la dupla no podía ser más exigente: el césped de Wimbledon. Sin embargo, y contra todos los pronósticos, Gaby llegó hasta semifinales, donde cayó ante la estadounidense Martina Navratilova.

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Fue apenas el primer indicio de que algo estaba cambiando. Desde ahí, Kirmayr y Sabatini encararon juntos la gira hacia el US Open, el torneo que terminaría marcando el momento más importante de su carrera.

Para Kirmayr, nacido en San Pablo hace 75 años y exnúmero 36 del mundo en la década de 1980, la transformación de Gaby no pasó por un trabajo de volumen ni por una revolución física. “Ganó una percepción de que podía jugar al tenis con una táctica un poco diferente a la que utilizaba antes. Eso cambió bastante sus resultados”, explica.

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Fórmula exitosa. Gabriela Sabatini y el entrenador que la condujo al título en el US Open 1990 (Crédito: gentileza Carlos Kirmayr)
Fórmula exitosa. Gabriela Sabatini y el entrenador que la condujo al título en el US Open 1990 (Crédito: gentileza Carlos Kirmayr)

Desde entonces, la argentina empezó a frecuentar más la red, un terreno en el que, según su entrenador, se movía con mucha soltura. Kirmayr no tiene dudas: para él, Gaby fue una de las mejores voleadoras del circuito femenino de la época, a la par de Navratilova y la checa Jana Novotná. El gran cambio, en definitiva, fue convertirla en una jugadora más completa, capaz de preparar y construir los puntos para definirlos en la red.

La pregunta que muchos se hicieron entonces -y se siguen haciendo hoy- es cómo dos personas que recién se conocían lograron construir una química tan rápida y efectiva. Kirmayr lo explica desde la experiencia: 20 años mayor que su jugadora y con un profundo conocimiento del circuito, pudo ofrecerle algo que iba más allá de lo técnico. “Podía tranquilizarla, calmar sus expectativas, angustias o sentimientos negativos”, recuerda. Su tarea, dice, fue ayudarla a mirar más allá del tenis.

Esa apertura tuvo capítulos muy concretos. El brasileño la alentó a salir más y, en determinado momento, la tenista se compró una moto para despejarse. La música y las amistades completaron ese costado más relajado que el entrenador intentó cultivar. Eran pequeñas cosas que buscaban darle a Sabatini un espacio fuera de una actividad a la que se había dedicado con enorme profesionalismo desde muy chica.

Sabatini, Kirmayr y un momento relajado a principios de los 90 (Crédito: gentileza Carlos Kirmayr)
Sabatini, Kirmayr y un momento relajado a principios de los 90 (Crédito: gentileza Carlos Kirmayr)

Hay una anécdota que Sabatini todavía recuerda y que Kirmayr relata con cariño: el sueño de la tenista de andar a caballo en la playa. “Ella ganó el torneo en Amelia Island, fue un momento de mucha alegría y le dije: ‘Bueno, ahora hay un caballo blanco para que puedas cabalgar en la playa’. Fue inolvidable”, cuenta. “Algo simple, que pero cambió totalmente su percepción de las cosas de placer”, agrega.

Para el brasileño, esa tarea de quitarle presión también formaba parte de su función como entrenador. “En la vida de los jugadores hay mucha presión las 24 horas del día, los 7 días de la semana”, explica. “La gran función de quien está al lado de los jugadores -entrenador, preparador físico y familia- es justamente sacar la presión, aliviar y minimizar todo fuera de la cancha, obviamente sin perder el enfoque”. En ese equilibrio entre exigencia y disfrute comenzó a construirse una relación que haría historia pocos meses después.

En Nueva York, el entorno que rodeó a Sabatini también resultó clave para afrontar el certamen. Se alojaron juntos en una suite de tres ambientes junto a Osvaldo -Ova-, el hermano de la tenista y un amigo, formando lo que Kirmayr describe como “un grupo de mucha fuerza, muy unidos”. Cenas distendidas, rutinas sin sobresaltos y un ambiente de contención ayudaron a sostener la concentración partido a partido.

Cuando arrancó el US Open de 1990, Gaby ni siquiera figuraba entre las favoritas. Por delante estaban las estadounidenses Mónica Seles, Navratilova y Mary Joe Fernández, la alemana Steffi Graf y la española Arantxa Sánchez Vicario. “Fue una sorpresa generalizada que llegara a la semifinal”, admite Kirmayr, recordando el duro triunfo en tres sets ante Fernández, una rival histórica de la argentina.

Gabriela Sabatini con el trofeo del US Open que ganó en 1990
Gabriela Sabatini con el trofeo del US Open que ganó en 1990

El verdadero desafío llegó en la final, frente a Graf, entonces la gran dominadora del circuito y número 1 del mundo. El entrenador diseñó un plan específico: sacar a la alemana hacia la derecha y, sin importar la respuesta, ir a buscar la red sobre su revés. “Graf no tenía un passing shot de ese lado”, explica, y sigue: “Como Gaby voleaba y remataba muy bien, el lugar ideal era llegar a la red”.

“Tenis por tenis, las dos jugaban muy bien. Graf se movía mejor, pero Gaby tenía un revés superior”, resume el brasileño, y remarca que el mérito fue enteramente de su jugadora: “No fue un convencimiento. Fue un trabajo que ella misma descubrió, y eso es lo grande de esto, porque fue ella quien lo hizo”.

Hay un dato que dimensiona la importancia de aquella final. Hasta entonces, el historial entre Graf y Sabatini favorecía a la alemana por 18-3. En adelante, la argentina pudo vencerla en seis ocasiones más.

A más de tres décadas de aquel título, Kirmayr , que hace años dirige el Centro de Entrenamiento que lleva su nombre en Serra Negra, estado de San Pablo -Brasil-, no duda al definir lo que significó ese período para ambos: “Nuestro momento trabajando juntos la marcó a ella, por supuesto, porque jugó su mejor tenis. Pero para mí también fue un antes y un después”. Era, para Kirmayr, su primera experiencia guiando a una jugadora del Top 10.

El vínculo, asegura, se sostuvo siempre en el respeto mutuo, más allá de la relación profesional entre jugadora y entrenador. Kirmayr concluye: “Gaby no tiene nada negativo que se pueda decir de ella: siempre ayudando a las personas, presente en momentos importantes y con mucha amabilidad hacia los otros”.

Carlos Kirmayr dirige un centro de entrenamiento que lleva su nombre en Serra Negra, estado de San Pablo (Crédito: gentileza Carlos Kirmayr)
Carlos Kirmayr dirige un centro de entrenamiento que lleva su nombre en Serra Negra, estado de San Pablo (Crédito: gentileza Carlos Kirmayr)

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