¿Viene en camino una invasión china a Taiwán?

Mientras tanto, Xi Jinping y el partido comunista están preparando el próximo congreso que va a tener lugar en la segunda mitad del próximo año

Xi Jinping, de pie en un coche para pasar revista a las tropas durante un desfile militar con motivo del 80 aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial, en Pekín, el 3 de septiembre de 2025 (REUTERS/Tingshu Wang)
Xi Jinping, de pie en un coche para pasar revista a las tropas durante un desfile militar con motivo del 80 aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial, en Pekín, el 3 de septiembre de 2025 (REUTERS/Tingshu Wang)
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Si y no, pero invasión y ocupación, no creo ni lo parece.

China es sin duda un gran poder, y cuando está en pleno desarrollo defensa, la cuarta y última de las modernizaciones de Deng Xiaoping, transcurre en forma acelerada, pero no ha terminado todavía, y es la única pendiente, habiendo sido exitosa en las otras tres, industria, agricultura, ciencia y tecnología. Por cierto, dentro de los escenarios está la guerra, por lo que se prepara, no solo desde ahora, sino desde el triunfo en 1949 en la guerra civil, para que Taiwán cuya independencia nunca ha reconocido, vuelva a ser parte de China, “por las buenas o las malas” según en Beijing se ha dicho. Sin embargo, nada indica que una invasión esté en camino o que sea deseable. Es lo que intentaremos explicar en esta columna.

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Más allá que sus fuerzas armadas todavía no pueden asegurar el éxito en una misión de esta naturaleza, hay que buscar y explicar lo que está pasando en términos de la política interna de China, fundamentalmente que Xi Jinping y el partido comunista están preparando el próximo congreso que va a tener lugar en la segunda mitad del próximo año, existiendo además otras alternativas de menor costo que una invasión de Taiwán. Por lo demás, salvo en lo que tiene que ver con la economía, en China lo que fuera de sus fronteras se opine sigue siendo de menor importancia, ya que, aunque se imite en otras áreas, en lo que tiene que ver con la política del país, todavía influye poco lo que se diga en el extranjero, por mucho que en Washington y Moscú se atribuyan una influencia que no es tal.

Por delante, Xi Jinping tiene un proceso donde en preparación del XXI Congreso del partido único, se reorganizarán los altos mandos del partido, pero también se nombrarán alcaldes, gobernadores y ministros. No existe participación ciudadana tal como se la entiende en democracia, sino que las decisiones se toman en secreto para ser ratificadas en comités partidarios y legislaturas controladas. A fines de este año y principios del próximo se reasignarán los cargos provinciales. Por su parte, quienes ocupen puestos de alto nivel serán candidatos a puestos en el Politburó, hoy compuesto de 23 miembros, en cuya compañía Xi gobierna China.

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A este Congreso y a su sistema clientelista, el jerarca le debe estar dedicando buena parte de su tiempo, para que sus leales ocupen los puestos más relevantes. Hace cinco años, recibió ayuda de una manera inesperada, cuando en los meses en que estaba todavía en preparación el XX Congreso del Partido Comunista que tuvo lugar entre del 16 al 22 de octubre 2022, en agosto, desde EEUU se comete un gran error, ya que, a pesar de la opinión contraria de la Casa Blanca, el Departamento de Estado y el Pentágono, Nancy Pelosi, entonces portavoz de la Cámara de Representantes, y como tal, la tercera figura en importancia constitucional para el poder político, sólo tras el presidente y el vicepresidente, decidió viajar en visita solemne a Taiwán, transformándose en la visita de mayor rango en muchos años.

La respuesta china sorprende por lo desproporcionado e inesperado, ya que los militares fueron movilizados para bloquear la isla. La razón por la que Xi actuó así se debió a que había transformado ese Congreso en una vitrina para tanto fortalecer su poder personal como también utilizar un discurso de marcado nacionalismo para tal tarea, con lo que el error de Pilosi fue efectivamente un favor para su estrategia.

En ese Congreso, Xi se deshizo de varios rivales políticos y consolidó el cambio de una dictadura colectiva a una personal, quedando en el recuerdo como a una seña suya nada menos que un expresidente de China fue retirado a la fuerza, todo transmitido en directo por TV. No solo eso, sino que el jerarca poseía cuotas de poder personal que nadie había acaparado desde Mao, ya que en el caso de Deng Xiaping, el máximo cargo que ostentó hasta su muerte fue el de presidente de la Comisión Militar Central de la República. posición que también tiene Xi junto a la presidencia del país y otros menores.

Xi Jinping ya está preparando el próximo Congreso del Partido Comunista chino que se llevará a cabo en la segunda mitad del próximo año (REUTERS/Maxim Shemetov)
Xi Jinping ya está preparando el próximo Congreso del Partido Comunista chino que se llevará a cabo en la segunda mitad del próximo año (REUTERS/Maxim Shemetov)

El viaje de Pelosi, el bloqueo de Taiwán y la total impotencia demostrada por la Casa Blanca ayudaron a dos cosas, primero, a que Xi aboliera de hecho los límites de mandato vigentes desde los 90 que impedían que nadie ejerciera cargos en la cúpula más allá de dos periodos, con lo que salió de ese Congreso con un tercer mandato consecutivo, y ahora, va camino a un cuarto, ya que no ha surgido ningún desafío a su poder.

Lo segundo que modificó el viaje de Pelosi, fue que en relación con Taiwán se produjo el fin de un acuerdo que se había logrado en 1972 entre Nixon y Mao, que China se abría al mundo alejándose aún más de la URSS, que China pasaría a ocupar el asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU y que Taiwán era rebajado a un nivel menor, donde no tendría embajador en Washington, aunque su relación económica se mantenía igual con EE. UU., quien garantizaba la seguridad y defensa de la isla, a cambio de una promesa que desafortunadamente no quedó escrita, de que China le iba a dar un trato parecido al que le dio a Hong Kong, e iba a esperar el momento de una reunificación pacífica.

Sin embargo, Beijing aprovechó el error de Pelosi para comunicarle al mundo que ese acuerdo ya no era respetado, por lo que, desde ese bloqueo, China ha actuado en forma cada vez más agresiva, instalándose la idea que podría invadir Taiwán, escenario que adquiere cada día mayor relevancia en los medios de comunicación.

Sin embargo, existió otra modificación relevante que se hizo notoria poco después del viaje de Pelosi, toda vez que Xi salió de ese Congreso fortalecido, no solo como dictador permanente cuyo “pensamiento” había sido incorporado al nivel de Mao a la Constitución, sino que por primera vez desde Deng, la agenda política del partido fue redefinida al cambiarse el acento desde el desarrollo económico a la seguridad del régimen y del Estado, es decir, la geopolítica como elemento definitorio, coincidente con lo que ha ocurrido en EEUU bajo Trump.

Pero, si de escenarios se trata, quiero introducir uno nuevo, ya que se podría orientar la maquinaria bélica en otro sentido, de menor costo para Beijing, ya que la isla de Taiwán es también parte de un archipiélago del mismo nombre, que incluye a más de 20 islas menores y archipiélagos circundantes. Otras islas incluyen Xiaoliuqiu, Lanyu (Orquídea), la isla Verde y las islas Matsu. En cuanto a archipiélagos, cercano está el de Penghu, conocido también como las islas Pescadores, un grupo insular relevante en el estrecho de Taiwán, a unos 40 kms al oeste de la isla principal.

El punto que rara vez se destaca es que, por lo tanto, China tiene a mano la posibilidad de enfatizar su reivindicación geopolítica a un costo mucho menor, si decide atacar en vez de Taiwán a islas o más bien islotes que deshabitados permanecen casi pegados al continente, es decir, mucho más cerca de Beijing que de Taipéi.

En todo caso, fácil no va a ser la ocupación militar de Taiwán, además que esa isla tiene una importancia clave en las cadenas de suministro y en el funcionamiento del mundo interconectado que en lo económico se vive. Fresco está para todos lo que consiguió Irán contra EEUU por su manejo del Estrecho de Ormuz, y en el caso de China intentando ocupar la isla, no hablamos de petróleo, sino de una situación donde Taiwán es un elemento central del funcionamiento económico global, no sólo para EEUU sino también para China, ya que tiene importantes inversiones en la isla, debido a que Taiwán es uno de los principales productores de chips avanzados, con lo que cualquier interrupción podría significar serios problemas para el mundo entero, que algunos comparan a lo que ocurrió con el comercio internacional en la pandemia, toda vez que muchas de las industrias más avanzadas compran chips a Taiwán, por ejemplo, para el desarrollo de la IA.

Por todo ello, a mí me hace mucho más sentido que si quieren usar las FFAA, primero invadan alguna de las islas cercanas, donde no existe población o es escasa, y, por lo tanto, no hay ningún entramado defensivo de significación. Militarmente, China no tiene experiencia en invasiones anfibias y las FFAA no han sido utilizadas para ello, toda vez que con el Tibet hubo una continuidad territorial que no existe en este caso, además de la virtual inexistencia allí de un ejército. Por lo demás, tampoco China ha reaccionado militarmente en los casos donde su abastecimiento de petróleo ha quedado comprometido, como ha ocurrido recientemente por parte de EEUU en Venezuela y Siria.

Xi Jinping prioriza la política interna de China y la preparación del XXI Congreso del PCCh por encima de una invasión de Taiwán. (REUTERS/Ann Wang)
Xi Jinping prioriza la política interna de China y la preparación del XXI Congreso del PCCh por encima de una invasión de Taiwán. (REUTERS/Ann Wang)

Por lo tanto, simplemente no creo que vayan a invadir la isla, ya que esa posibilidad no es prioritaria, a menos que los actuales gobernantes taiwaneses declaren su independencia, cosa que estimo no van a hacer, no por falta de ganas sino porque saben que eso sería considerado un motivo para invadir. Sin embargo, existe una segunda posibilidad que podría ser aprovechada por Beijing para rebajar las tensiones, y esa alternativa sería que sus viejos enemigos, los derrotados de la guerra civil fueran los triunfadores de las próximas elecciones presidenciales de Taiwán que tendrán lugar en enero 2028, por tratarse de quienes todavía reconocen a China como un solo territorio.

Es decir, coinciden hoy en lo que es fundamental para Beijing, que solo existe una China, y en ese sentido, las próximas elecciones locales de Taiwán que tendrán lugar en pocos meses más, en noviembre de 2026, van a dar una idea acerca de sus posibilidades en la presidencial de dos años más, donde un triunfo del Kuomingtang (KMT) no sería una ilusión, desde el momento que estuvieron en el poder desde su derrota en la guerra civil e instalación en la isla. Sin ir más lejos, la última elección presidencial fue estrecha, por lo que la diferencia parece remontable, toda vez que disponen de importante presencia en el Congreso y en gobiernos municipales. El 13 de enero 2024 triunfó el actual presidente William Lai en nombre del Partido Democrático Progresista (PDP) con poco más del 40% de los sufragios. Por su parte, el candidato del Kuomintang, el preferido por Beijing obtuvo el 33,5% de los votos, existiendo un tercer candidato con el 26,5 de los votos. Sin embargo, en el Legislativo, el PDP no obtuvo mayoría siendo incluso superado por sus rivales del KMT.

Y que China interviene no hay duda alguna. De hecho, en la Conferencia Anual de Trabajo sobre Taiwán del Partido Comunista celebrada en febrero de este año, se discutió acerca de cómo mejorar el desempeño del grupo cuya misión es interferir en las elecciones locales de noviembre.

El antecedente al Taiwán de hoy es que en China hubo una guerra civil después del término de la segunda guerra mundial, más bien una que existía desde 1927, interrumpida por la invasión japonesa. Los combatientes eran las fuerzas del Partido Nacionalista o Kuomintang liderado por el Mariscal Chiang Kai-Shek y el Partido Comunista liderado por Mao Zedong. El triunfo comunista permitió la creación de la República Popular China el 1 de octubre de 1949 y el traslado en diciembre de alrededor dos millones de derrotados a Taiwán, con lo que se produce un menoscabo de la población aborigen en esa isla, tema pendiente de DDHH, y que reflota cada cierto número de años, ya que lo que hubo fue una imposición cultural china sobe la población nativa, en cierto modo similar a lo que ocurrió en Tibet, esa vez por parte de los comunistas.

El problema de China con Taiwán hoy tiene dos facetas. Por un lado, el país que sin duda fue por años una dictadura bajo el Mariscal Chiang Kai-shek, hoy es una democracia conducida por nuevas generaciones expresadas por el Partido Democrático Progresista, que, por otro lado, al haber nacido en Taiwán, si pudieran ya habrían declarado su independencia.

Sin embargo, como hemos revisado, lo de Taiwán no necesariamente va a culminar en una invasión, ya que existen salidas como la ocupación de una isla menor sin derramamiento de sangre o una victoria electoral del Kuomintang en una próxima elección, toda vez que no cuestionan la existencia de una sola China de la cual Taiwán forma parte, solo que tienen la fantasía que será la China grande la que se va a incorporar a la isla.

Sin embargo, el motivo principal para explicar las actitudes chinas no tiene que ver con el extranjero sino con su política interna y el próximo Congreso, donde Xi espera consolidar aún más su poder, eligiendo esta vez personas seleccionadas por su lealtad, que además sean lo suficientemente jóvenes como para asegurar no los próximos años, sino las próximas décadas.

Xi Jinping consolidó su poder personal tras el XX Congreso del Partido Comunista y avanzó hacia un tercer mandato con proyección a un cuarto. (REUTERS/Maxim Shemetov)
Xi Jinping consolidó su poder personal tras el XX Congreso del Partido Comunista y avanzó hacia un tercer mandato con proyección a un cuarto. (REUTERS/Maxim Shemetov)

Ello es así, porque al interior del PCCh hay facciones, y, por lo tanto, en China al igual que la antigua URSS o cualquier otra dictadura no hay democracia, pero si hay política, es decir, lucha por el poder, obtenerlo o retenerlo. También con Xi hay política populista en la forma de nacionalismo, siendo Taiwán el mayor símbolo al respecto de lo que está pendiente, y muy pendiente, solo que ahora la elite partidaria busca legitimarse no sólo en la economía, sino también en el despliegue geopolítico.

Los años de Xi también han coincidido con el crecimiento de su poder personal, para lo cual ha utilizado un problema real, la corrupción en altas esfera, para deshacerse de sus rivales políticos en el partido. En el XXI Congreso del PCCh, el jerarca encontrará la audiencia que más le interesa, la cúpula partidaria, la llamada a encarnar el contrato social que legitima al partido, cumpliendo esa élite un rol similar a lo que fueron los mandarines en la tradición china del poder. Además, la legalidad china permite que sea el partido quien defina la carta de navegación del país, estableciendo las políticas que son después ejecutadas por el Estado y transformadas en leyes obligatorias para todos.

En ese esquema, al Congreso partidario le corresponde la reorganización de la elite, donde Xi ha estado construyendo su propia mayoría, incluyendo purgas continuas para superar el llamado dilema del dictador, lo que ha conseguido equilibrando represión y propaganda. Fue así como de los 376 integrantes y suplentes del Comité Central de octubre de 2022, oficialmente se ha confirmado que al menos 30 habían sido purgados para octubre de 2025, lo que representa el 8% del total de miembros, casi el doble del 4,8 % en los primeros 3 años de poder absoluto de Xi.

El elemento que mejor muestra la efectividad del uso de la corrupción, real o disfrazada, para eliminar a facciones rivales, es que los afectados, en forma creciente han sido militares. Fue así como entre las víctimas de la última purga, 14 personas (o el 46,7%) eran generales del Ejército Popular de Liberación, como siempre, la principal base de poder en cualquier nación comunista. Se espera que, en la preparación de este Congreso, el número aumente, ya que el antecedente es que, en el último pleno del Comité Central, celebrado en octubre del año pasado, 30 miembros no participaron, pero lo más interesante, es que, de este número, el 70% eran generales del Ejército.

La motivación de Xi para las purgas es que del Comité Central surgen los cuadros para el acceso a la instancia última de poder, es decir, el Politburó y su Comité Permanente, aquellos que junto a Xi tomarán todas las decisiones importantes. Ahora, está decidido a no encontrar disidencias, para lo cual, la mayoría le es hoy insuficiente para quien se siente al nivel de Mao, y a quien quiere superar consiguiendo el sitial de la única superpotencia del siglo XXI, haciéndole a EEUU lo mismo que este le hiciera a la Gran Bretaña imperial.

Por ahora, China ha resuelto bien un problema, el rejuvenecimiento y la renovación de los cuadros superiores, algo que muchas democracias no han logrado, incluyendo EEUU por el problema de la dificultad de cambiar a representantes y senadores envejecidos (también en la Corte Suprema), a nivel federal y de los estados. En China, a partir del 2002 existe la norma de “siete ascensos, ocho descensos” para jubilar a los 67 años a altos dirigentes nacionales, razón por la cual Xi quiere ahora asegurar que sus leales ocuparán todos los cargos, para también influir a nivel provincial, según la regla equivalente de “dos ascensos, tres descensos”.

¿Qué puede cambiar este cuadro que conduce a una inevitable confrontación con EEUU?

Una sola cosa, llegar a acuerdos, que en las conversaciones que tienen lugar por los aranceles, encuentren coincidencias donde ambos pueden ganar. Un acuerdo en temas económicos, donde además la concesión de EEUU consistiría en garantizarle a China el petróleo que necesita a cambio de dar seguridades que Taiwán no será invadido, como por lo demás, Washington le garantizó a la URSS que Cuba no lo sería, después que fueran retirados los misiles que habían sido instalados en 1962. Por cierto, ello pasa por rebajar el conflicto geopolítico al nivel de una competencia económica, incluyendo acuerdos en IA, quizás la única forma de evitar la Trampa de Tucídides, siempre presente en la historia, el choque entre la potencia dominante y aquella que la quiere reemplazar.

@israelzipper

Máster y PhD en Ciencia Política (U. de Essex), Licenciado en Derecho (U. de Essex), Abogado (U. de Chile), excandidato presidencial (Chile, 2013)

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