
Néstor Raúl Gorosito dejó de ser el entrenador de San Lorenzo de Almagro tras dirigir ocho partidos oficiales. Duró apenas dos meses en el cargo luego de esperar 22 años para volver a dirigir al club de sus amores entre su primera etapa y esta que acaba de terminar. Su contrato había sido firmado por 12 meses.
En las últimas horas, el presidente azulgrana Marcelo Culotta buscó que hubiera un consenso para definir la salida del entrenador de 62 años. Lo habló después de la derrota ante Instituto en Córdoba con sus pares y, tras el regreso a Buenos Aires, la dirigencia lo citó a una reunión por la tarde en Ciudad Deportiva para comunicarle que no continuaba en su cargo.
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La práctica del plantel de Primera estaba programada por la mañana, pero pasó para después del mediodía así Gorosito podía reunirse con los dirigentes. Luego, el técnico fue a saludar a los jugadores y se despidió. Por la tarde, el director deportivo Walter Perazzo comandó el entrenamiento. Tras más de una hora de encuentro, el mandamás le comunicó a Gorosito que no iba a continuar. Producto de una cláusula existente en el vínculo de ambas partes, el club azulgrana deberá pagarle tres meses de contrato al técnico por su despido, según pudo averiguar Infobae.
Pipo Gorosito nunca fue la primera opción del presidente Culotta desde que asumió en los primeros días de julio tras ganar las elecciones anticipadas el 30 de mayo. La renuncia de Gustavo Álvarez, quien había arribado con Sergio Costantino y tuvo diferencias con Culotta y compañía por la gestión de los jugadores marginados, derivó en una charla con Iker Muniain, con quien estaba todo acordado de palabra para su asunción. Sin embargo, un problema con la licencia frustró la operación y se quedó en Salamanca.
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A partir de ese momento, los candidatos a ocupar el banco de suplentes del Ciclón fueron Pipo, Martín Palermo (hoy técnico de Platense) y Ruben Darío Insua. Finalmente, Culotta terminó eligiendo por descarte al entrenador saliente. El presidente fue el primero en bancar la llegada de Gorosito ante las críticas de sus pares de Comisión Directiva, pero los malos resultados hicieron que no pudiera sostener más la continuidad del ex jugador de Boedo.
Hoy, uno de los hombres con más chances de ocupar el cargo de entrenador es Perazzo, quien no ha dirigido a San Lorenzo en su carrera, pero sí tiene una vasta trayectoria en el ascenso argentino, con pasos, entre otros, por El Porvenir, Nueva Chicago, Ferro Carril Oeste, Temperley, Olimpo y Patronato, además de un paso por la Selección Argentina Sub-20. Por ahora, contra Talleres, el sábado a las 19 en el Nuevo Gasómetro, Perazzo comandaría al equipo de manera interina.
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Otro nombre que suena para orientar al primer equipo azulgrana es el de Leandro Romagnoli, uno de los máximos ídolos del club, y un entrenador con experiencia reciente en Boedo. Pipi dirigió al Ciclón entre 2020 y 2024, arrancando en Reserva y terminando en Primera. El tercer candidato es Ruben Darío Insua, hombre de la casa y con muy buen pasado como futbolista y entrenador de Boedo. El Santo se encuentra afuera de todo: quedó anteúltimo en la Zona A del Clausura y, por su ubicación en la tabla anual, no logra clasificarse a las copas internacionales.
El segundo ciclo de Gorosito había comenzado el 3 de julio, cuando firmó un vínculo por un año y regresó al banco azulgrana 22 años después de su primera etapa. En los últimos 60 días, hubo problemas que generaron cortocircuitos dentro del plantel. A la dura derrota ante Huracán por 2-0 en el Nuevo Gasómetro, se sumó una situación interna que empezó a generar preocupación: la relación entre el entrenador y varios integrantes del plantel fue distante y el vínculo quedó deteriorado prácticamente desde el comienzo de su ciclo.
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Después de la caída ante el Globo, Gorosito pidió tiempo y defendió su proceso, pero el margen se achicó considerablemente partido tras partido. El problema, de todos modos, no se limitó solo a los resultados. Detrás del mal momento futbolístico existió una interna que involucró al entrenador, a los dirigentes y a un grupo importante de futbolistas. Y uno de los puntos que explicó el malestar dentro del vestuario tuvo que ver con una situación que Gorosito heredó de Gustavo Álvarez.
Después de la derrota ante Instituto, el propio Gorosito había dejado en claro que no pensaba dar un paso al costado. “No se me cruza por la cabeza irme”, afirmó en conferencia de prensa. También se mostró ilusionado con la llegada de Facundo Farías, refuerzo que había pedido para el ataque, y sostuvo que su incorporación podía cambiarle la cara al equipo. Pero sus palabras no alcanzaron para convencer a la dirigencia, que horas después resolvió despedirlo.
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Una lista de jugadores que generó el primer cortocircuito
Cuando Álvarez dejó su cargo, San Lorenzo ya arrastraba un conflicto por la decisión de separar a varios futbolistas del plantel profesional. El DT había determinado que algunos jugadores se entrenaran a contraturno y no fueran tenidos en cuenta, pero la dirigencia terminó dando marcha atrás.
Con la llegada de Pipo, la situación volvió a generar tensión. El actual técnico también había confeccionado una lista de futbolistas con los que pretendía no contar. El plantel de futbolistas se enteró que esa lista fue entregada por el entrenador y no por la dirigencia. Y luego hubo marcha atrás, quedando expuesta la comisión de fútbol.
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Sin embargo, la dirigencia le había pedido que reincorporara a algunos de ellos. De acuerdo con esas mismas fuentes, Gorosito aceptó y varios de esos jugadores volvieron a formar parte de sus planes. La situación generó un problema adicional: algunos futbolistas del plantel nunca habían visto con buenos ojos que sus compañeros fueran apartados. En el vestuario, entendieron que se trataba de una decisión que afectaba directamente a integrantes del mismo grupo de trabajo.
Al asumir, Gorosito se encontró con un plantel reducido, jugadores marginados y una institución atravesada por una fuerte crisis económica. De hecho, en su presentación había reconocido públicamente que San Lorenzo atravesaba una situación “angustiante”. Pero la diferencia entre lo que el entrenador pretendía hacer y lo que finalmente pudo hacer habría generado un desgaste puertas adentro.
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La conferencia de prensa que terminó de complicar la relación
Otro de los episodios que profundizó el malestar tuvo que ver con las explicaciones públicas sobre la decisión de separar jugadores. Gorosito había señalado que la decisión de apartar a siete futbolistas correspondía al club. Sin embargo, después de aquella conferencia, los jugadores fueron reincorporados al plantel. La contradicción no cayó bien puertas adentro. Varios futbolistas interpretaron que el entrenador había intentado trasladar la responsabilidad de una decisión que también estaba vinculada con su planificación deportiva.
A partir de entonces, la relación con algunos integrantes del grupo habría quedado seriamente dañada. De esta manera, existe una distancia importante entre Gorosito y parte del vestuario.
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El episodio durante una práctica que expuso la tensión
A esa situación se sumó otro episodio ocurrido durante un entrenamiento y que, siempre de acuerdo con la información recibida, generó un fuerte enojo del entrenador. Guillermo Franco -manager del fútbol profesional- ingresó durante una práctica y comenzó a darle indicaciones a uno de los futbolistas sobre cómo debía ubicarse y moverse dentro del campo. La situación se habría extendido durante varios minutos y provocó risas entre algunos jugadores.
Gorosito habría reaccionado con enojo ante la escena. El episodio puede parecer menor, pero quienes conocen la intimidad del plantel lo interpretaron como otra muestra de un clima que no sería el ideal.
Las formas del entrenador y el malestar puertas adentro
Con el correr de las semanas, el problema dejó de ser exclusivamente futbolístico. Dentro del plantel hubo malestar por las formas de Gorosito para dirigirse a los jugadores, por los horarios de entrenamiento y por la duración de algunas prácticas.
El entrenador pretendía imponer su metodología, pero parte del grupo no terminó de adaptarse. La distancia entre Pipo y algunos futbolistas fue creciendo mientras los resultados no acompañaban.
El clásico con Huracán marcó un antes y un después
La derrota 2-0 ante Huracán en el Nuevo Gasómetro, que puso fin a una racha de 25 años sin triunfos del Globo en esa cancha, aceleró la crisis. El equipo venía de un comienzo irregular, pero el clásico expuso con mayor claridad la falta de funcionamiento y el mal clima alrededor del entrenador. Después del partido, Gorosito volvió a pedir tiempo y sostuvo que el proceso necesitaba trabajo, pero desde ese momento el margen de error se redujo al mínimo.
La visita de la barra y un vestuario bajo presión
El día posterior al clásico, integrantes de La Butteler se presentaron en un entrenamiento y hablaron con el plantel y el cuerpo técnico. Gorosito contó públicamente que la conversación con él se desarrolló en buenos términos y que les explicó que el equipo necesitaba tiempo de trabajo.
Sin embargo, la escena reflejó la presión que ya existía sobre la plantilla. Hubo distintos grupos que hablaron con jóvenes, referentes y cuerpo técnico, y uno de los reclamos apuntó a los futbolistas que no estuvieran comprometidos con el club. La situación fue una señal más de que el contexto excedía lo estrictamente futbolístico.
El entrenador pedía tiempo, la dirigencia necesitaba resultados
Gorosito insistió durante todo el ciclo en que el equipo necesitaba tiempo para trabajar. También explicó que San Lorenzo arrastraba problemas económicos e inhibiciones de gestiones anteriores que habían dificultado la habilitación de refuerzos. La dirigencia, mientras tanto, intentó respaldarlo públicamente. Culotta llegó a manifestar que bancaba al entrenador y anticipó una reducción importante del plantel. Pero el respaldo quedó condicionado por la evolución de los resultados.
Uno de los futbolistas que más había pedido Gorosito para reforzar el ataque era Facundo Farías. Su incorporación se demoró y recién pudo entrenarse con el plantel en los últimos días del ciclo. Después de la derrota ante Instituto, Gorosito todavía se mostraba ilusionado con lo que podía aportar el delantero. Sin embargo, la dirigencia entendió que ya no había margen para esperar una reacción del equipo.
En apenas dos meses, Gorosito dirigió ocho partidos oficiales, con dos victorias, dos empates y cuatro derrotas. El equipo quedó eliminado de la Copa Argentina ante Deportivo Riestra y está anteúltimo en su zona del Clausura. Pero los números son apenas una parte de la explicación. El detrás de escena muestra un ciclo atravesado desde el inicio por una llegada sin consenso pleno, conflictos heredados, diferencias con parte del plantel, dificultades institucionales, presión externa y un funcionamiento que nunca terminó de consolidarse. La derrota ante Instituto fue, finalmente, el último capítulo de un desgaste que se había acumulado durante las semanas anteriores.
La crisis institucional tampoco ayudó.
Cuando Gorosito asumió, el club estaba inhibido y atravesaba serias dificultades para incorporar futbolistas. El propio entrenador había reclamado públicamente la llegada de jugadores con experiencia para reforzar el plantel, aunque la crisis institucional tampoco acompaña. Esta situación complicó todavía más la posibilidad de afrontar la salida de algunos contratos y realizar las incorporaciones pretendidas.
Es un dato que permite entender el contexto en el que Gorosito comenzó su segundo ciclo: un plantel con conflictos previos, pocas posibilidades económicas para reforzarlo y una dirigencia atravesada por disputas internas. “Por más que venga Pelé, necesito tiempo”, había dicho Gorosito después de la derrota ante Huracán, en una clara defensa de su proceso. El problema es que el fútbol argentino rara vez concede demasiado tiempo cuando los resultados no aparecen.
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