Santiago Bilinkis: “El fútbol es un laboratorio para entender cómo funciona la mente”

En Infobae al Mediodía, el empresario y tecnólogo analizó por qué la presión transforma el rendimiento, cómo las emociones alteran la percepción del tiempo y de qué manera la tecnología está cambiando la experiencia del juego

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El Mundial ofrece goles, sorpresas y héroes inesperados, pero también deja al descubierto algo menos visible: la forma en que funciona la mente humana cuando está sometida a presión. ¿Por qué los últimos minutos parecen eternos? ¿Qué ocurre cuando un futbolista sobrepiensa un penal? ¿Hasta qué punto la confianza puede cambiar el rendimiento de un deportista? Esas fueron algunas de las preguntas que atravesaron la entrevista que Santiago Bilinkis brindó en Infobae al Mediodía, donde utilizó al fútbol como una puerta de entrada para hablar sobre psicología, tecnología y comportamiento humano.

En diálogo con Maru Duffard, Andrei Serbin Pont, Fede Mayol y Facundo Kablan, el empresario y tecnólogo explicó que el fútbol funciona como un enorme laboratorio para entender procesos que después se repiten en prácticamente cualquier ámbito de la vida. Desde un examen hasta una entrevista laboral o una decisión importante, los mecanismos mentales que aparecen en un Mundial son, para Bilinkis, los mismos que condicionan nuestro desempeño cotidiano.

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La mente bajo presión

Su punto de partida fue una experiencia personal como hincha. “No te das una idea. Fui a la cancha con Cabo Verde con mi hijo. Estuve ahí sufriendo. Creí que era lo máximo que se podía sufrir, hasta el partido con Egipto”, recordó entre risas. Detrás de esa anécdota apareció una de las ideas centrales de toda la conversación: el tiempo no transcurre igual para el reloj que llevamos en la cabeza que para el que llevamos en la muñeca.

(Infobae en Vivo)
Bilinkis explicó que la presión y la carga emocional alteran la percepción del tiempo en el fútbol y hacen que los últimos minutos se vivan de manera distinta (Infobae en Vivo)

Según explicó, la percepción del paso de los segundos depende de dónde está puesta la atención y de la carga emocional del momento. “El reloj que llevamos en la muñeca avanza a una velocidad pareja, pero el reloj que llevamos adentro de la cabeza no. Cuántos tics hace nuestro segundero mental depende de cuánta atención y dónde la estés poniendo”, señaló. Por eso, cuando un equipo necesita desesperadamente convertir un gol, cada ataque parece durar una eternidad, mientras que cuando lo único que desea es que termine el partido, la sensación del tiempo cambia por completo.

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Esa misma lógica, sostuvo, explica muchos de los errores que se producen en los momentos decisivos del deporte. Bilinkis recurrió al recordado penal fallado por Roberto Baggio en la final del Mundial de Estados Unidos 1994 para describir cómo la presión puede jugarle una mala pasada incluso a los mejores. “Baggio no erró porque era malo. Erró porque era humano. Erró porque le importaba demasiado”, afirmó.

A partir de ese ejemplo desarrolló una idea que considera clave para entender el alto rendimiento: cuando una persona intenta controlar de manera consciente movimientos que ya tiene automatizados, suele empeorar su desempeño. Para ilustrarlo recordó un estudio realizado con golfistas profesionales y amateurs. Mientras que los aficionados rendían peor cuando se distraían, los expertos mejoraban porque dejaban que el cuerpo ejecutara de forma automática aquello que había aprendido durante años de entrenamiento.

“La confianza define los límites del rendimiento”, resumió. En su mirada, el verdadero desafío consiste en confiar en lo que uno ya sabe hacer, sin dejar que la importancia del momento termine bloqueando esa capacidad.

El tecnólogo sostuvo que el penal fallado por Roberto Baggio en el Mundial 1994 mostró cómo la presión puede afectar el rendimiento de un futbolista (Archivo)
El tecnólogo sostuvo que el penal fallado por Roberto Baggio en el Mundial 1994 mostró cómo la presión puede afectar el rendimiento de un futbolista (Archivo)

Con esa misma explicación analizó la manera en que Lionel Messi ejecuta los penales. Habitualmente, señaló, el capitán argentino espera hasta el último instante para interpretar el movimiento del arquero y decidir dónde rematar. Sin embargo, recordó que en algunos de los penales que falló pareció modificar esa lógica: en uno buscó asegurar demasiado y en otro eligió el lugar antes de ejecutar para evitar sobrepensar. “Probablemente buscó no sobrepensar, sino confiar en un movimiento ya practicado”, planteó.

El fútbol como laboratorio

La conversación derivó naturalmente hacia una costumbre muy argentina: las cábalas. Bilinkis descartó cualquier explicación sobrenatural, aunque reconoció que los rituales sí pueden tener efectos concretos cuando fortalecen la confianza de un deportista. “La cábala no afecta al partido en el sentido mágico, pero sí puede fortalecer la confianza del jugador. Si el ritual mejora su estado mental, termina teniendo impacto en cómo juega”, explicó.

En ese sentido, marcó una diferencia entre los hábitos de los hinchas y los de los futbolistas. “No es lo mismo que vos no te sientes en el sillón a que Paredes y De Paul entren siempre mascando chicle”, ejemplificó, antes de cerrar el tema con humor: “La mejor prueba de que la mufa no existe es que basta con decir ‘anulo mufa’ para solucionar el problema”.

Así como la mente puede potenciar o limitar el rendimiento de un jugador, Bilinkis cree que la tecnología también transformó la manera en que se vive el fútbol. Al analizar el VAR, sostuvo que modificó un aspecto esencial del juego porque alteró la naturaleza de la emoción.

Bilinkis planteó que el VAR cambió la experiencia del fútbol porque alteró el valor de lo irreversible y propuso revisiones limitadas a errores flagrantes (REUTERS/Albert Gea)
Bilinkis planteó que el VAR cambió la experiencia del fútbol porque alteró el valor de lo irreversible y propuso revisiones limitadas a errores flagrantes (REUTERS/Albert Gea)

“El VAR cambia algo muy básico del fútbol, que es el valor de lo irreversible. Antes un gol era un gol. Ahora depende de alguien que está en otro lado revertir lo que acaba de pasar”, señaló.

A su entender, el sistema podría mejorarse si las revisiones fueran limitadas y dependieran de un pedido de los equipos. “Solo revertís una decisión si encontrás un error flagrante en un tiempo determinado. Si no, la decisión original debería mantenerse”, propuso. Incluso se mostró abierto a experimentar con cambios reglamentarios que incentiven un juego más ofensivo. Entre ellos, imaginó un torneo en el que los empates no otorguen puntos para ninguno de los equipos, con el objetivo de desalentar las especulaciones.

Paradójicamente, reconoció que este mismo Mundial modificó una de sus propias convicciones. Antes del comienzo del torneo creía que la ampliación de participantes produciría una primera fase plagada de goleadas, aunque la realidad terminó desmintiendo esa hipótesis. “Me cerró la boca. Pensé que iba a haber muchísimas diferencias y la mayoría de los partidos fueron muy parejos”, admitió.

Tecnología, inteligencia artificial y autenticidad

La inteligencia artificial apareció como el último gran tema de la entrevista y, una vez más, Bilinkis evitó quedarse en la discusión tecnológica para llevarla hacia una reflexión más amplia. “Estamos en una época en la que pensar se está volviendo optativo”, advirtió. Si bien reconoció que una IA puede elaborar respuestas más completas o más atractivas que las de una persona, insistió en que existe un riesgo cuando se delega por completo el proceso de pensar.

Santiago Bilinkis descartó una explicación sobrenatural para las cábalas, aunque dijo que los rituales pueden influir en el fútbol si fortalecen la confianza (Action Images/Juha Tamminen)
Santiago Bilinkis descartó una explicación sobrenatural para las cábalas, aunque dijo que los rituales pueden influir en el fútbol si fortalecen la confianza (Action Images/Juha Tamminen)

“Hoy una inteligencia artificial puede preparar cinco cosas más interesantes que las que yo podría decir, pero no son mis palabras. La voz que sale de mis labios no es la mía”, sostuvo. Para el empresario, el desafío no pasa por competir con estas herramientas, sino por utilizarlas sin renunciar al pensamiento propio ni a la autenticidad.

Al final, todas las ideas de la charla terminaron confluyendo en una misma conclusión. Para Bilinkis, el fútbol trasciende el resultado porque expone con una intensidad pocas veces vista cómo funcionan la confianza, el miedo, la atención y las emociones. Por eso, detrás de cada penal, de cada gol agónico o de cada grito de desahogo, también hay una lección sobre la condición humana.

“Gritar los goles es de las mejores cosas que te puede dar el fútbol. Después volvés al trabajo y las deudas siguen ahí, pero durante un rato todos compartimos un momento de alegría”, concluyó.

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