Como en la vida, a veces sufrir permite crecer: las lecciones que deja Cabo Verde

La clasificación a octavos de final de una selección argentina que luce a un Messi que emociona y es el líder futbolístico y espiritual

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Argentina dio un paso más en el Mundial 2026
Argentina dio un paso más en el Mundial 2026

En los Mundiales hay que saber sufrir. Surfear la ola negativa puede convertirse en un valor. Una muestra de carácter, de fortaleza mental, mezclado con un guiño del destino. Esos atributos provocaron el delirio de la gente en Miami, la terrible descarga emocional de todos en el final. Se veían hinchas con lágrimas en los ojos en el festejo de los goles. Más argentino que nunca, el Hard Rock se transformó mágicamente en cualquier estadio de los que explotan los fines de semana en el barrio. Al fin de cuentas, la primera mirada en una Copa del Mundo es absolutamente resultadista. Por eso, antes del análisis riguroso, surge la vibración en el cuerpo. Allí es donde Messi emociona. Es el líder futbolístico y espiritual. No es una persona normal el 10. No lo es cuando a los 39 años comanda al equipo durante 120 minutos asfixiantes por el calor, la humedad y la presión por ganar. No lo es a partir de su vergüenza deportiva, su ambición competitiva, su compromiso para ordenar a todos sus compañeros cuando faltaban piernas y lucidez. La Selección supo jugar mal, como diría el Cholo Simeone para referirse a sufrir una baja de nivel pero salir adelante. Nunca se rindió, como también aplaudió Scaloni, el entrenador que en la pausa de hidratación pidió ese pase de Lisandro Martínez que lo empezó a ubicar como el mejor jugador del partido. De todos modos, cuando baja la espuma se descubre que Argentina padeció demasiado, agrandó la autoestima de un buen Cabo Verde. Fue un rasgo masoquista desconocido en este ciclo brillante.

La fiesta la cuidó otra vez Emiliano Martínez, con una atajada del Pato Fillol en Argentina 78. O del mismo Dibu en Qatar 2022. Seguro que el arquero argentino ardía por dentro porque le habían llegado pocas veces y le habían metido dos goles. En el Mundial pasado, después del debut fallido con Arabia Saudita, confesó que llamó a su terapeuta. Esta vez logró fortalecer su mentalidad en medio del partido: voló, enorme, para bancar el 3-2 y llevarse una ovación top. Se hizo ídolo de grande y cada vez es más grande. Su primera explosión fue en la Copa América 2021, con el “mirá que te como, hermano” contra Colombia, frase icónica que se convirtió en publicidad. Hace años que los chicos quieren atajar por él, o para festejar igual. Fue la última barrera de un equipo que globalmente no defendió bien, porque de a ratos no pudo recuperar la pelota en el medio. Y no dieron garantías Molina ni Montiel. Aun cuando el triángulo Dibu-Romero-Lisandro resultó de lo mejor. El Cuti no había iniciado el Mundial en modo Cuti, hasta que otra vez recuperó el rigor físico en los duelos y tuvo su foto heroica con su cabezazo. Ganó de arriba y tuvo ayuda de arriba... Antes, al equipo le faltó volumen en el mediocampo, juego para encontrar al 9. No metieron miedo Lautaro Martínez ni Julián Alvarez. Se repitió la dependencia de la inspiración del capitán. Por momentos, hasta tirándose atrás para activar al resto. Un valor del campeón del mundo es que construyó un equipo para que resalte Messi. Ahora el 10 rescató al resto.

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El mejor cambio fue el ingreso de Paredes. Se impone para ser titular contra Egipto en Atlanta, en un partido que hoy se percibe más duro que ayer. Si bien es un 10 que juega de 5, Leandro le aportó fortaleza en la marca, ese barro que bien mostró Facundo Medina. Al final hubo dos quites del jugador de Boca tirándose al piso que hicieron explotar a la gente. Además, es un cambio más profundo: cuando él está en el carril central, se libera Mac Allister. El hijo del Colo es un cerebro lúcido, juega siempre simple, pero no puede llegar al área si arranca de una posición tan retrasada. El partido con Cabo Verde fue una prueba: con el reacomodamiento en el medio, Alexis llegó seguido para hacer daño. Allí el efecto colateral es quién sale. Enzo Fernández, la revelación estelar del Mundial pasado, terminó agotado y sin llegar aún a su mejor versión. Igual, Scaloni lo dejó y lo reemplazó a De Paul, quien bajó su prestación después de un arranque auspicioso contra Argelia. Sorprendió su salida porque había desequilibrado un par de veces en tres cuartos y por ser alguien que jugó siempre en el ciclo. También llamó la atención que no entrara Simeone cuando el juego pedía más intensidad en el medio. La otra alternativa es que pague Almada, un volante que se transforma en mediapunta cuando va hacia adelante, tiene cambio de ritmo y recorrido hacia atrás. Otra vez dejó la cancha antes del cierre... El rival superó la subestimación del mundo exterior, aun después de empatarles a España y Uruguay. Vozinha atajó bien -le achicó bárbaro un mano a mano a Messi- y hasta gambeteó ante la presión de los argentinos. Lopes Cabral directamente hizo un gol de crack.

Cabo Verde volvió a casa satisfecho con ser la revelación de esta parte del Mundial. Estuvo a la altura en el partido más importante de su historia. Su gente salió del estadio bailando, con argentinos que les hacían hinchada porque ya habían dejado atrás el sufrimiento excesivo. Aunque ahora, ya, el martes, el equipo de Scaloni debe ocultar las dudas, resetear el libreto y potenciar las virtudes. El margen de mejora es altísimo. Si bien encendió una alarma potente, la primera ronda en 2022 había dejado más interrogantes. Hoy se sabe el final y pareciera que todo fue un camino de película. Se perdió con Arabia Saudita, más allá de la cantidad de llegadas al arco rival y el offside tecnológico. Y en el segundo partido, Messi rescató a todos de un lugar oscuro, repleto de miedo, con su golazo ante México. Rápidamente puede surgir que si la Selección repite este partido contra un equipo de otro nivel podría volverse rápido a casa, es cierto. Aunque Egipto, independientemente de Salah, no es una potencia. Además de que todos los partidos no son iguales. Menos que menos en un Mundial. El sufrimiento en Miami puede llevar a revisar roles, encender el fuego sagrado de campeón. Como en la vida, a veces sufrir permite crecer.

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