
Mientras la tecnología empuja al tenis hacia la automatización completa del arbitraje, Roland Garros sigue parado en un lugar que muchos consideran anacrónico y otros ponderan como una defensa romántica de la esencia de este deporte. En una época en la que la mayoría de los grandes torneos eliminó a los jueces de línea y delegó las decisiones en sistemas electrónicos, el torneo parisino continúa apostando por la presencia humana dentro de la cancha.
El Abierto de Francia es hoy el único de los cuatro certámenes de Grand Slam que mantiene jueces de línea en funciones. En las canchas de polvo de ladrillo todavía se escuchan los tradicionales Out y Faute, mientras los jueces de silla conservan la posibilidad de bajar de su posición para inspeccionar personalmente una marca sobre la superficie y resolver una jugada dudosa.
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La imagen parece pertenecer a otra época. Sin embargo, en París sigue formando parte del paisaje cotidiano.
Durante años, el tenis convivió con el sistema Hawk-Eye, que permitía a los jugadores solicitar revisiones electrónicas de jugadas ajustadas. Esa herramienta evolucionó hasta dar paso al Electronic Line Calling (ELC), el sistema de detección automática de piques que hoy domina buena parte del circuito profesional.
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Las primeras experiencias comenzaron en las Next Gen ATP Finals de Milán en 2017 y su expansión se aceleró en los años posteriores, especialmente tras la pandemia. Finalmente, la ATP avanzó hacia la adopción generalizada del Electronic Line Calling Live en la mayoría de los torneos de su circuito, consolidando una tendencia que transformó el arbitraje profesional.
Las ventajas resultaron evidentes: el sistema evita discusiones, reduce al mínimo los errores humanos, agiliza los partidos y ofrece uniformidad en los criterios arbitrales. Como consecuencia, los jueces de línea fueron desapareciendo gradualmente de la mayoría de los torneos profesionales.
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El Abierto de Australia, Wimbledon y el US Open ya utilizan sistemas electrónicos de detección automática de líneas. Roland Garros, en cambio, eligió otro camino.

La Federación Francesa de Tenis (FFT), organizadora del certamen, sostiene desde hace años que la superficie de polvo de ladrillo presenta una particularidad única: la pelota deja una marca visible sobre la cancha que puede ser revisada por el juez de silla.
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Esa característica permite corregir errores mediante la inspección directa del pique, un procedimiento que forma parte de la identidad histórica del torneo. Para las autoridades francesas, la combinación entre jueces de línea y revisión de marcas continúa siendo un método plenamente válido para arbitrar partidos sobre arcilla. “Queremos conservar a los árbitros el tiempo que podamos”, declaró el año pasado Gilles Moretton, presidente de la FFT.
La defensa de los jueces de línea no responde únicamente a una cuestión técnica. Roland Garros siempre se presentó como uno de los torneos más apegados a las tradiciones del tenis. Desde la superficie hasta la arquitectura del complejo, gran parte de su identidad está construida sobre la preservación de elementos históricos. Y dentro de esa filosofía también encaja la presencia de los jueces de línea.
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La FFT considera además que el arbitraje francés posee una larga tradición de excelencia y formación, motivo por el cual no existe una necesidad urgente de abandonar un sistema que consideran confiable y compatible con las características de la arcilla.
Entre los principales socios comerciales del torneo aparece la histórica marca asociada a René Lacoste, uno de los legendarios Cuatro Mosqueteros franceses. La compañía viste a árbitros, jueces de línea, alcanzapelotas, voluntarios y personal de protocolo, en el marco de un acuerdo que se extenderá al menos hasta 2030.
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Aunque no existen evidencias públicas que vinculen la continuidad de los jueces de línea con obligaciones contractuales específicas, la estructura arbitral tradicional forma parte de un modelo organizativo que Roland Garros ha decidido preservar.
Mientras el resto del circuito avanza hacia una automatización cada vez mayor, el Grand Slam parisino continúa ofreciendo una escena que empieza a convertirse en una rareza: un juez de línea cantando una pelota afuera, un juez de silla bajando a observar una marca y una decisión tomada a simple vista.
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Roland Garros sigue defendiendo esa tradición. Y mientras el polvo de ladrillo conserve la huella visible de cada pique, el Grand Slam francés continuará siendo el último gran refugio del juez de línea, una postal cada vez más difícil de encontrar en el resto del tenis profesional.
La pelota picó afuera, pero convalidaron el punto y perdió el set: así fue la mayor polémica de Roland Garros 2026
La presente edición de Roland Garros quedó envuelta en una fuerte polémica que remite directamente a la decisión de sostener a los jueces de línea en desmedro del sistema electrónico de detección automática de piques.
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Fue a partir de una jugada en el partido de octavos de final entre el noruego Casper Ruud y el brasileño Joao Fonseca, que terminó con victoria del joven sudamericano por 7-5, 7-6 (8), 5-7 y 6-2, que le permitió avanzar por primera vez a los cuartos de final de un Grand Slam.
El episodio se produjo en un momento decisivo del segundo set. Durante el tie-break, Ruud disponía de un set point con ventaja de 8-7 cuando Fonseca conectó una derecha extremadamente ajustada a la línea. Desde las tribunas se escuchó un grito de out que generó confusión inmediata. El noruego continuó el punto, pero la jueza de silla descendió posteriormente para revisar la marca sobre el polvo de ladrillo.
Tras observar el pique, la árbitra determinó que la pelota había sido buena y otorgó el punto al brasileño. La decisión generó controversia porque las imágenes televisivas y las reconstrucciones gráficas difundidas durante la transmisión mostraron posteriormente que la bola parecía haber salido por escaso margen.
La resolución tuvo un impacto directo en el desarrollo del encuentro. Fonseca ganó ese tie-break por 10-8, se adelantó dos sets a cero y quedó mejor posicionado para encaminar una victoria que lo depositó entre los ocho mejores del torneo.
Finalizado el partido, Ruud evitó la confrontación directa, aunque reconoció que el punto pudo haber modificado el rumbo del encuentro.
“Hubo un punto de set en el segundo. El golpe fue muy ajustado, podía haber entrado o salido. Es una lástima en mi situación”, explicó el noruego en conferencia de prensa al analizar la jugada.
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