Las 30 horas frenéticas de Mariano Navone: de una final en Suiza al debut con victoria en Roland Garros

El argentino cayó en la definición del ATP 250 de Ginebra el sábado por la tarde y, menos de dos días después, ya estaba compitiendo en París. Un viaje contra el reloj, un percance inesperado en la habitación del hotel y la fórmula para sobreponerse al desgaste

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Mariano Navone sigue trepando lugares en el ranking ATP (Crédito: REUTERS/Ciro De Luca)
Mariano Navone sigue trepando lugares en el ranking ATP (Crédito: REUTERS/Ciro De Luca)

Mariano Navone llegó a Roland Garros con poco tiempo para procesar una de las semanas más intensas del año. El sábado por la tarde disputó la final del ATP 250 de Ginebra, donde estuvo a un paso de conquistar el segundo título de su carrera en el circuito mayor. Y el lunes temprano ya estaba compitiendo en el Grand Slam parisino, obligado a afrontar una carrera contrarreloj marcada por viajes, cambios de planes y hasta una mudanza de habitación en el hotel.

La derrota ante el estadounidense Learner Tien en la final disputada en Suiza cerró una semana de enorme nivel para el tenista de 9 de Julio, provincia de Buenos Aires. Sin embargo, el calendario no le permitió demasiado margen para balances ni lamentos. Roland Garros estaba a la vuelta de la esquina y el cuadro que le tocó a Navone era el primero en arrancar.

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La noche ya había caído sobre la ciudad helvética cuando finalizaron los compromisos protocolares posteriores a la final: ceremonia de premiación, atención a la prensa y actividades con patrocinadores. A unos 600 kilómetros de París y sin conexiones que permitieran llegar a tiempo durante la madrugada, el equipo debió replantear rápidamente la logística.

“Fue tremendo, porque el partido terminó cerca de las seis de la tarde y con todo lo que hubo que hacer después no había nada para venir esa misma noche de Ginebra hasta acá. Entonces nos tuvimos que levantar temprano el domingo, pedir un auto hasta la estación y salir en tren a París”, relató Navone a Infobae.

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La primera parte del plan salió a la perfección. El tren partió en horario, tal y como marca la tradición en Suiza, y luego de tres horas de viaje el argentino ya estaba en la capital francesa. El descanso, sin embargo, todavía se hacía esperar.

“Llegamos, fuimos al hotel, dejamos todo tirado medio rápido y nos vinimos al torneo a comer algo. Después entrenamos para adaptarnos a una condición bastante diferente en muy poquito tiempo”, explicó La Nave.

El cambio no era menor. Ginebra había ofrecido temperaturas mucho más moderadas, mientras que París recibió a los jugadores con jornadas cercanas a los 30 grados. La adaptación física debía ser inmediata.

Mariano Navone superó a Jenson Brooksby en sets corridos en el debut (Crédito: REUTERS/Ciro De Luca)
Mariano Navone superó a Jenson Brooksby en sets corridos en el debut (Crédito: REUTERS/Ciro De Luca)

Tras la práctica en cancha, la agenda continuó con ejercicios físicos y sesiones de recuperación. No había demasiado tiempo para otro plan. “Se hace lo que se puede. Había que preparar La Nave para jugar. Uno llega como llega”, comentó entre risas con una mención al apodo que lo acompaña desde hace años en el circuito.

Cuando parecía que finalmente llegaría el descanso, apareció un nuevo inconveniente. Ya de regreso en el hotel, Navone y su equipo descubrieron que el aire acondicionado de la habitación no funcionaba. “No pudimos solucionarlo y tuvimos que mudarnos de habitación”, recordó.

La situación, que en otro contexto podría haber generado fastidio, terminó convirtiéndose en una anécdota más dentro de un fin de semana frenético. Finalmente, el bonaerense pudo descansar bien y eso resultó fundamental para afrontar el debut.

“Dormí un montón de horas. Eso me ayudó a que físicamente me sintiera bien. Quizás no me sentí increíble jugando al tenis, pero sí desde lo físico”, explicó.

La experiencia también lo llevó a reflexionar sobre una situación habitual en el calendario ATP: los torneos previos a los Grand Slams suelen finalizar apenas unas horas antes del inicio de los cuadros principales de los grandes certámenes. “El problema de esos torneos es que terminan los sábados y las finales se juegan muy tarde. Entonces se pegan a un Grand Slam que comienza al otro día”, señaló.

Aun así, Navone no se mostró arrepentido de haber competido en Ginebra. Todo lo contrario. Consideró que la confianza obtenida durante la semana compensa el desgaste acumulado.

“Tal vez no sea la mejor adaptación para un Grand Slam, pero venía de disputar una final y de jugar muy bien. Lo que no te sale por un lado, te sale por otro. Fue desgastante, llegué cansado, pero acá estamos”, resumió.

El lunes, ya instalado en París, logró superar al estadounidense Jenson Brooksby en sets corridos y avanzó por tercera temporada consecutiva a la segunda ronda de Roland Garros.

“No fue un arranque con el nivel que me hubiese gustado, pero venía de jugar una final menos de dos días antes y de una semana muy cargada. Acá lo importante era ganar y avanzar”, analizó.

Ahora tendrá un desafío aún mayor frente al checo Jakub Mensik, uno de los jugadores jóvenes de mayor crecimiento en el circuito. Pero al menos contará con algo que le faltó durante las frenéticas horas posteriores a la final de Ginebra: tiempo. Para entrenar, recuperar energías y asimilar todo lo vivido en un fin de semana que comenzó con una final ATP en Suiza y terminó con una victoria en el escenario más emblemático del polvo de ladrillo mundial.

En la segunda ronda, Mariano Navone enfrentará a Jakub Mensik (Crédito: REUTERS/Ciro De Luca)
En la segunda ronda, Mariano Navone enfrentará a Jakub Mensik (Crédito: REUTERS/Ciro De Luca)

“Si bien nunca lo enfrenté y tampoco entrené con él, conozco bastante a Mensik porque lo he visto en los Challengers. Es un jugadorazo que estuvo muy cerca de ser Top 10 en algún momento. El año pasado ganó el Masters 1000 de Miami, en dura, pero es muy bueno sobre polvo de ladrillo, como casi todos los checos. Habrá que correr bastante”, evaluó.

Tiempo para entrenar, recuperar energías y asimilar todo lo vivido en un fin de semana que comenzó con una final ATP en Suiza y terminó con una victoria en el escenario más emblemático del polvo de ladrillo mundial. Un recorrido vertiginoso que retrató, una vez más, la exigencia permanente de la vida en el circuito profesional.

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