El ascenso de Austin Reaves desde Newark, Arkansas, hasta convertirse en figura de Los Ángeles Lakers ha captado la atención de la NBA y de quienes encuentran inspiración en historias de superación.
Sin haber recibido gran reconocimiento universitario y sin ser elegido en el draft, Reaves encontró su oportunidad gracias a su convicción personal y a la fe de quienes creyeron en su potencial. En diálogo con SLAM Magazine, compartió cómo la incertidumbre se volvió motor de crecimiento en un camino marcado por la paciencia y la resiliencia.
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Orígenes humildes y primeros desafíos
“Creo en mí mismo, pero definitivamente la duda surge”, reconoció Reaves al recordar la época en que no era reclutado y las ofertas para jugar en la universidad eran escasas. Su entorno en Newark, una localidad de menos de 1.000 habitantes, reforzaba el contraste con sus ambiciones.
Aaron Reilly y Reggie Berry, sus representantes, relataron en SLAM Magazine cómo las previsiones del draft casi no incluían su nombre. Reilly rememoró que, durante el campamento de pruebas de la NBA, Reaves le confesó que no se había enfocado en el trabajo de fuerza física: “Acabas de dominar la conferencia Big 12, y ni siquiera viviste en la sala de pesas”, le señaló su agente, destacando la singularidad de su caso.
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Berry, por su parte, subrayó la templanza de Austin Reaves en partidos decisivos: “Lo que más me llamó la atención fue su compostura; aun cuando su equipo iba perdiendo, su actitud no cambiaba y asumía la responsabilidad”. La falta de reconocimiento nunca frenó su deseo de conseguir una oportunidad.
“No recibí ofertas importantes al salir de la preparatoria ni tenía reconocimiento. Solo quería una oportunidad”, afirmó Reaves.
Decisión arriesgada y llegada a los Lakers
Guiado por la confianza en sus agentes y en su propia intuición, Reaves rechazó la posibilidad de ser elegido en segunda ronda del draft para priorizar el proyecto más adecuado a su perfil. “Confiaba en el trabajo de mis agentes, sabíamos que tendría oportunidad aquí”, explicó a SLAM Magazine.
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La apuesta fue clara: buscar un equipo donde pudiera acceder a un contrato estándar de la NBA y trascender el contrato dual NBA/G-League. Rememoró cómo fue el primero en llegar al gimnasio durante el minicampamento que el equipo celebró antes de la pretemporada.
“Vinieron Bron, Russ, Melo, AD, Dwight... y yo solo pensaba: ‘¿Qué demonios está pasando?’”, recordó. Los nervios iniciales cedieron paso a la familiaridad una vez que el balón se puso en juego.
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El llamado que confirmó su lugar llegó a través de una videollamada de Rob Pelinka tras la jornada de prensa: “Me avisaron un día antes, sin dar detalles, y en la llamada me ofrecieron el puesto. Lo firmé tan rápido como pude”.
Adaptación y primeros pasos en la NBA
La llegada al vestuario de los Lakers implicó convivir con leyendas y aprender de referentes como Rajon Rondo. “Probablemente Rondo fue el primero que me ayudó”, contó Reaves, que se beneficiaba de los conocimientos del veterano sentado junto a él en los vuelos del equipo y respondiendo preguntas detalladas sobre jugadas específicas. Esta dinámica lo llevó a centrarse más en el análisis de video y los pequeños detalles.
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LeBron James (“Bron”) también resultó fundamental en la adaptación del joven jugador: “Bron siempre estuvo dispuesto a ayudarme, especialmente ese primer año”.
En sus inicios, las dudas no desaparecieron. “En uno de los primeros entrenamientos vi a Bron hacer una jugada increíble. Pensé que no pertenecía a ese nivel”, admitió.
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El muro del novato (“rookie wall”) no tardó en aparecer y exigió fortaleza mental. “Todos hablan del muro del novato. Al principio crees que no te afectará, pero cuando llega, cuesta salir”, reflexionó.
El debut llegó cargado de altibajos: “El primer partido no jugué. El segundo, contra Phoenix, íbamos perdiendo por 30 en el cuarto periodo y me pusieron. Jugué muy bien esa noche; fue el impulso que necesité para ir ganando minutos”.
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Reconocimientos, autocrítica y autoconfianza
El relato de Austin Reaves es también el de la autocrítica y la confianza cultivada con esfuerzo. “Puede que, cuando tenía 17 o 18 años, solo un puñado creyera posible que yo llegara a esto. Mirando atrás, parece de locos, pero he trabajado demasiado para estar aquí”, afirmó al medio.
Reconoció que nunca fue una estrella del instituto ni apareció en los principales pronósticos de reclutamiento. “La gente dudaba de cómo se trasladaría eso al profesionalismo. Yo solo necesitaba que alguien creyera en mí y tener una oportunidad”.
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Sobre la persistencia, recomendó: “Sé que suena repetitivo, pero si trabajas duro, en algún momento llegará la oportunidad. Hay que estar listo para aprovecharla. A veces basta con que una persona confíe en ti. Esa lección la aprendí de mi hermano: debes estar preparado para sacar el máximo cuando esa chance llegue”.
Aspiraciones, legado y futuro
Los objetivos de Reaves apuntan al éxito colectivo. “El objetivo es ganar el campeonato con los Lakers, por encima de cualquier logro individual. Crecí siendo fanático de Kobe y de los Lakers, así que vestir este uniforme y poder contribuir para buscar el campeonato es lo más importante”, aseguró a SLAM Magazine.
Considera que todo éxito individual llega como consecuencia del trabajo en equipo. “Si compites al más alto nivel y el equipo gana, entonces llegan los logros personales”.
Entre los recuerdos que más lo han marcado destaca el partido inaugural de playoffs ante Memphis, donde jugó delante de decenas de conocidos de su tierra natal: “Jugar frente a toda la gente de mi pueblo en esa situación fue muy especial”.
La experiencia con la selección de Estados Unidos y momentos como el triple-doble en Navidad forman parte de memorias memorables, pero la mentalidad sigue puesta en el desarrollo personal y colectivo: “Ahora, el centro está en seguir creciendo y mejorar en todos los aspectos dentro de la cancha”.
La historia de Austin Reaves no solo impresiona por su ascenso deportivo, sino también por el mensaje de constancia y superación que transmite a quienes afrontan dudas y desafíos similares.
Compartir vestuario con ídolos que alguna vez admiró por televisión y vestir la camiseta de los Lakers son realidades que siguen sorprendiendo a Reaves, recordándole cada día el significado de ocupar ese lugar en el deporte de élite.
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