Antes de llevar al seleccionado argentino Sub 20 a la final de un Mundial, Diego Placente escribió muchos capítulos en su libro personal vinculado al fútbol. Hay historias que pocos conocen y merecen ser contadas o repasadas. El ex lateral izquierdo que se formó en la cantera de Argentinos Juniors y fue transferido a River Plate, desde donde dio el salto a Europa, mezcló el fanatismo por la pelota y el rock nacional durante toda su vida. Y eso lo llevó a tener que lidiar con ciertas cuestiones.
Placente, campeón juvenil Sub 20 en Malasia 1997, también disputó con la Mayor el Mundial 2002 y la Copa América 2004 con Marcelo Bielsa, más la Copa Confederaciones 2005 con José Pekerman. Luego de cuatro temporadas en el Millonario, firmó contrato con Bayer Leverkusen de Alemania por cinco. En 2005 se marchó al Celta de Vigo y también vistió las camisetas de San Lorenzo, Burdeos de Francia y Nacional de Montevideo antes de retirarse en el Bicho de La Paternal.
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Tras colgar los botines, retornó a suelo alemán para asistir a un evento sin saber que atravesaría una de las experiencias más traumáticas de su vida: quedó preso casi un mes. “Fueron 28 días detenido. Cuando se fue el presidente del Leverkusen, empezaron a revisar todas las cuentas y decían que había cosas y algún dinero que yo tendría que haber pagado al estado. Yo tenía mi contador alemán. Yo no sabía nada, me pidieron información y se las di. Llegué al aeropuerto para ver un partido de estrellas y no pasé el filtro, ahí saltó el problema. Me llevaron a un lugar y me contaron la historia, que debía impuestos, era algo penal”, inició el relato en diálogo con el programa Clank de Juan Pablo Varsky.
Y prosiguió: “Yo tenía que demostrar que no era cierto pero, por más que pagues, si eras culpable, te comías la sentencia que toque. Como yo no vivía en el país, me detuvieron. Fui a una cárcel normal, con el overol naranja puesto y el grillete en los pies en el bus que me llevó a la cárcel. Uno piensa en lo que son las cárceles en Sudamérica o Argentina misma, pero esto era Europa. Tenés que aprender lo que va pasando día a día. Fueron bastantes 28 días. Escribí sobre todo lo que viví, me anotaba las cosas que iban pasando porque al principio no tenía tele ni radio. Todos los días pasaba algo nuevo”.
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El entrenador, de 48 años, rememoró que por las noches, cuando dormía, alguien lo despertaba abriendo la ventana de la puerta de la celda alumbrándolo. La psicóloga de la prisión le explicó que era un procedimiento que se llevaba a cabo porque muchos convictos intentaban suicidarse. También reveló que le daban un plato fuerte en el almuerzo, pero que la cena era fiambre aproximadamente a las 6 de la tarde y ya no volvía a comer, por lo que empezó a guardarse una porción del mediodía para no pasar hambre de noche.
“Estuve 4 o 5 días en Frankfurt y después me llevaron a Colonia, donde me conocían todos, lo cual tenía sus pro y contras. Me terminé haciendo amigos. Un par de días a la semana podíamos jugar al fútbol y me invitaron a la selección de presos. El técnico armó todo el equipo y me guardó la camiseta 3. Le digo ‘dejame jugar de 10’. Uno se acostumbra, nos adaptamos a todo”, remarcó. Consiguió demostrar que el 15% que adeudaba lo había abonado en Argentina y lo dejaron en libertad. Todavía no regresó a Alemania, pero lo tiene planeado para el futuro.
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Otra de las historias insólitas de Placente fue en la previa a un Superclásico en el Clausura 2000. Él era titular en River y estaba al límite de tarjetas amarillas. En la novena jornada, el Millonario visitó a Vélez en el José Amalfitani (ganó 3-2) y el lateral izquierdo se hizo amonestar adrede para acumular su quinta amonestación por dos motivos: limpiarse de cara a la visita a Boca en la Bombonera y poder asistir sin problemas a uno de los recitales que Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota brindaron en el Monumental, ya que coincidía con la fecha del siguiente encuentro como local frente a Gimnasia de Jujuy.
Sobre aquel episodio, rememoró: “Se venía el Boca-River y yo venía con las amarillas. Si no era ese fin de semana, podía ser el otro. Me tenía que sacar la amarilla y preferí que fuera ese, que justo tocaban Los Redondos. Fue gracioso porque había pegado una o dos patadas y (Héctor Baldassi) no me sacaba la amarilla. En un lateral, cuando íbamos ganando, me amonestó (por demorar). Seguía desde los 15 años a Los Redondos y no iba a poder verlos justo cuando tocaban en River, que en ese momento era difícil que sucediera. Maté dos pájaros de un tiro. Jugaba el Superclásico y veía a Los Redondos en River”.
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Placente, que confesó que le habló a Juan Román Riquelme para ver si podía contactarlo con el Indio Carlos Solari para conocerlo en persona, expresó también: “Me hubiera gustado ser músico, pero no soy bueno con los instrumentos. Me gusta la vida del música, me gusta que disfrutan de la vida con profesionalidad. Los admiro y envidio”.
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