A los 93 años, Jim Arrington desafía los límites del fisicoculturismo y la percepción social sobre la vejez. Reconocido por el Récord Guinness como el fisicoculturista más longevo del mundo, Arrington continúa entrenando y compitiendo, lo que lo ha convertido en un referente de longevidad y superación en el deporte.
En los últimos días, se hizo viral un video de su participación en el Pro Masters World Championships, desarrollado en Pittsburgh, Pennsylvania, el pasado 31 de agosto. El veterano deportista se presentó en la categoría +80 masculino, en la que hubo solo dos contendientes. Y terminó consagrándose tras superar a Manny Wolcott.
El camino de Arrington hacia el podio del fisicoculturismo no comenzó con una genética privilegiada ni con una infancia atlética. Nacido en 1932 en Los Ángeles, California, llegó al mundo un mes y medio antes de lo previsto, con apenas 2,5 kilogramos de peso y una salud frágil marcada por el asma y frecuentes enfermedades. “La verdad mis padres lucharon y lucharon para salvarme, además padecía asma y me enfermaba muy seguido, hasta que decidí que ya no podía seguir así”, relató Arrington. Fue esa vulnerabilidad la que, a los 15 años, lo llevó a tomar una decisión radical: comenzar a levantar pesas para fortalecer su cuerpo y dejar atrás la fragilidad.
El inicio de su trayectoria en el fisicoculturismo se remonta a 1947, cuando, motivado por la necesidad de mejorar su salud, Arrington se adentró en el mundo del entrenamiento de fuerza. Su primera competencia, el emblemático Muscle Beach de California, le otorgó un segundo puesto y marcó el inicio de una carrera que se ha extendido por más de siete décadas. Desde entonces, ha participado en numerosos torneos, y en 2015 obtuvo el Récord Guinness como el culturista más longevo, un título que sigue revalidando cada vez que sube al escenario.
Mantenerse competitivo a una edad en la que la mayoría de las personas han abandonado la actividad física intensa ha requerido de Arrington una disciplina férrea y una capacidad de adaptación constante. Su rutina actual consiste en entrenar tres veces por semana en el Gold’s Gym de Venice Beach, dedicando aproximadamente dos horas a cada sesión. A lo largo de los años, ha modificado tanto sus ejercicios como su alimentación para ajustarse a las necesidades de su cuerpo. “Lo que funciona para una persona en un momento de su vida no es lo mismo en otros”, explicó Arrington en una entrevista citada por La Verdad Noticias. Mientras que en su juventud consumía grandes cantidades de leche y carne, en la actualidad ha optado por una dieta basada en proteínas de origen vegetal, champiñones y aceite de oliva, evitando alimentos que le provocan inflamación. “Pensé que si hacía eso, podría seguir entrenando”, añadió.
El impacto de Arrington trasciende su propio rendimiento. Además de su faceta como competidor, ejerce como entrenador en el legendario Gold’s Gym, un espacio que ha visto surgir a múltiples campeones de Mr. Olympia. Su presencia diaria en el gimnasio es fuente de inspiración para deportistas de todas las edades. “Veo a Jim casi todos los días. Inspira a más del 60% de mis clientes y a cualquiera que venga a este gimnasio”, afirmó uno de los entrenadores del establecimiento. Su ejemplo ha motivado a muchos a desafiar sus propios límites y a reconsiderar lo que es posible en la vejez.

La motivación de Arrington para seguir compitiendo no se limita al reconocimiento personal. “Para mantener el récord Guinness del culturista más longevo del mundo, tengo que ser miembro activo de la IFBB y seguir compitiendo”, explicó. Sin embargo, el verdadero motor de su perseverancia es el efecto que tiene en los demás. “Me anima mucho la gente que se me acerca y me dice que soy su inspiración”, confesó. El contacto con quienes ven en él un modelo a seguir le otorga un sentido renovado a su esfuerzo diario.
El caso de Arrington también pone de relieve los beneficios del entrenamiento de fuerza en la tercera edad, un aspecto respaldado por la ciencia y destacado. Levantar pesas ayuda a combatir la sarcopenia, la pérdida de masa muscular asociada al envejecimiento, mejora la densidad ósea, optimiza la función metabólica y contribuye a mantener la autonomía en las actividades cotidianas. Estos efectos positivos no solo prolongan la vida activa, sino que mejoran sustancialmente la calidad de vida de quienes adoptan este tipo de entrenamiento.
La historia de Jim Arrington demuestra que la edad puede ser solo un número cuando se combinan disciplina, capacidad de adaptación y una motivación profunda. Su ejemplo invita a repensar los límites del cuerpo humano y a descubrir nuevas posibilidades en cada etapa de la vida.

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