
El caso de Bruno Dordoni no es habitual en el fútbol. Desde su infancia, el joven que hizo inferiores en Acassuso y Racing tuvo que combinar la pelota con los libros para no defraudar al legado familiar. De reciente paso por Cañuelas, el defensor central se convirtió en un ejemplo de sus colegas cuando se recibió como Licenciado en Administración de Empresas y confirmó que se puede jugar y estudiar al mismo tiempo.
Su historia comenzó a los 6 años en Victoria, cuando le reveló a sus padres el deseo de convertirse en futbolista profesional. En la zona norte del conurbano bonaerense gestó su sueño del pibe, pero por pedido de su madre también debía pensar en una carrera universitaria. “Con la doble escolaridad se me complicaba conseguir pruebas en los equipos que quedaban cerca de mi casa. Si bien alguna vez fui a Vélez, River, Tigre y Platense, sabía que no me iba a poder quedar porque los horarios no eran compatibles”, recordó en diálogo con Infobae antes de partir hacia Río de Janeiro para gozar de sus vacaciones.
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Su pasión por la pelota debía esperar, aunque su talento ya marcaba la diferencia con sus compañeros del colegio. Fue por la sugerencia de un amigo de la familia que Bruno fuera a Acassuso para complementar su máximo anhelo con la escuela. Y como los entrenamientos eran por la tarde, su papá consiguió un permiso para que su hijo pudiera salir un rato antes de clases para no faltar a las prácticas.
Cuando llegó a la edad de Cuarta, le llegó una propuesta de Racing. La entidad de Avellaneda necesitaba un central zurdo de buen pie y le consultaron si no quería probar suerte con los chicos del Tita Mattiussi. Durante un mes estuvo en evaluación, pero nadie le informaba oficialmente que iba a quedar. Por lo tanto, cuando recibió el llamado de Patricio Hernández, quien por ese entonces estaba dirigiendo a la Reserva de Sarmiento y conocía al defensor porque había sido compañero de su hijo, Dordoni no lo dudó: “¡Vamos para Junín!"
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Por esas bromas del destino, en el instante en el que estaba en plena ruta junto a su padre rumbo al Eva Perón, el celular sonó y del otro lado de la línea estaba Alejandro Russo, el encargado de las juveniles de la Academia. “Me gustaría que arranques la pretemporada con nosotros”, le soltó sin anestesia.
El silencio que se apoderó del vehículo en el que se trasladaban fue inmediato. “Se me quemaron los papeles”, pensó Bruno antes de pedirle consejo a su padre...¿Qué debía hacer? ¿Continuar su camino o retomar para continuar su carrera en Avellaneda?
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Ambos acordaron seguir con su camino para hablar personalmente con Patricio Hernández y explicarle la situación. Además, aprovecharía el viaje para conocer la ciudad y la forma de trabajar de un equipo del interior. “Dale para adelante, no siempre vas a tener la posibilidad de sumarte a uno de los cinco grandes”, fue la frase con la que se despidió el DT, tras emprender el regreso a Buenos Aires.
La negociación entre Acassuso y Racing llegó a buen puerto y el defensor se sumó a un plantel que tenía entre sus filas a jugadores de la talla del Chila Gómez, Charly Alcaraz, Alexis Cuello, Rodrigo Amaral, Trapito Ojeda, Rodrigo Schlegel y Fabricio Domínguez, entre otros.
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Dordoni debió adaptarse a las exigencias de un club modelo que en el último tiempo se ha destacado por la aparición de promesas que brillan alrededor del mundo. Lautaro Martínez, Rodrigo De Paul y Juan Musso pueden ser algunos ejemplos.
Bajo la conducción de Chiche Arano en la Reserva de la Academia, permaneció durante un año y medio. El ex lateral tenía tanta confianza en Bruno que en ocasiones también lo ubicaba como volante central; pero en un partido contra River en Ezeiza, se sorprendió porque los rivales volaban y a los 25 minutos del primer tiempo ya lo habían expulsado. Entendió que los chicos del Millonario no eran como los del Ascenso. “No te dejaban pasar una falta y además eran muy vivos para tirarse y reclamar. Los primeros seis meses me costó bastante”, analizó.
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Fue una época de mucho sacrificio, ya que después de haber concluido su etapa escolar, Bruno debía elegir una carrera universitaria para acompañar al fútbol. Después de meditarlo en profundidad, se inclinó por la administración empresarial, dado que el terciario en periodismo deportivo o el curso de entrenador podrían esperar para el futuro.
La organización fue un factor clave. Cuando comenzó las clases presenciales en la UCES sus jornadas se extendían hasta la noche, pero cuando pudo continuar con su desafío de manera virtual, el camino se le facilitó porque tenía más tiempo para estudiar.
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La pandemia también contribuyó para acelerar el proceso. Con los campeonatos cancelados y la prohibición de entrenar en grupo, aprovechó para anotarse en más materias de lo habitual y dedicarse a los resúmenes, los parciales y los finales.

Como si se tratara de una ironía del destino, durante su etapa en Racing comprendió que no es habitual que haya muchos académicos en los planteles. “Al comienzo me daba vergüenza, pero con el tiempo uno se va dando cuenta que debe saber cómo manejar ciertas situaciones porque es un ambiente jodido”, analizó. Algunos compañeros ni siquiera habían terminado la primaria y él compartía la presión de ganar cada fin de semana con el de aprobar los exámenes. “A veces parecía que me contaban las costillas, pero siempre mantuve la humildad”, continuó.
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Otro vínculo que forjó con uno de los referentes del plantel que dirige actualmente Gustavo Costas es Santiago Sosa, a quien conoció en el colegio y también se inclinó por la licenciatura en administración de empresas. “Nos hicimos muy amigos en la secundaria, cuando estábamos en River; pero después él se fue para la UADE y yo para la UCES. De todos modos, nos quedó una relación muy linda y me puse muy contento cuando ganó la Copa Sudamericana“, señaló. Y completó: “Es increíble los huevos que pone en la cancha. Cada vez que hablábamos lo jodía porque le decía que estaba rodeado jugadores con hambre de gloria. Me sentí muy identificado con lo que lograron Maravilla Martínez o Maxi Salas, porque ellos llegaron desde el Ascenso y saben lo que es pelearla. Hoy es a lo que uno aspira. Representan una gran motivación para mí”.
Descansando en las playas de Leblon, el defensor está a la espera de nuevos desafíos. Los primeros días de enero retornará al país, porque aún tiene contrato vigente con Acasusso. Con el título de licenciado bajo el brazo, Bruno Dordoni sueña con dar el salto en el fútbol. Ahora, su máximo anhelo se instala en sumar un nuevo título desde el aspecto deportivo.
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