
“No deberían dejar que las niñas jueguen con los niños”.
El padre de la criatura cuenta recurrentemente la anécdota mientras esboza una sonrisa, dejando claro que no fue como habitualmente sucede, que el mal llamado sexo débil pide ayuda en el deporte para que los entrenadores no dejen jugar chicos con chicas. Esta vez fue al revés, lo que pedía la madre de un chico era que Caitlin Clark, la nueva sensación del básquet en Estados Unidos, no jugara con los varones. Sucedió cuando ella tenía 8 años y ya era tan buena que mandaba a los varones la escuela, como suele decirse en USA. En realidad, los superaba y hasta humillaba con sus habilidades. Hasta el punto que algunos progenitores pedían su prohibición.
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Fue sólo durante un par de años que la flamante estrella del básquet femenino convivió con chicos. Era porque en West Des Moines, una ciudad no tan grande de Iowa donde residía su familia, el padre no encontraba chicas para que ella jugara… Luego, cuando sorprendió al superar a los varones, pasó a jugar con nenas más grandes, siempre destacándose. Hablamos de un talento especial que se destacó no sólo en el básquet. También practicó softball, vóley, fútbol, tenis y hasta golf, siempre dejando claro que tenía una habilidad especial para el deporte. Aunque seguramente haya sido el fútbol donde más se desarrolló, entre los 8 hasta los 16 años, cuando decidió focalizarse en el básquet, luego de que ESPN la ubicara primera en el ranking nacional de jugadoras a nivel secundario.
El paso clave se dio a los 12 años, cuando se sumó a las All Iowa Attack del secundario Dowling Catholic, donde jugó hasta que se graduó. Su padre, consciente del diamante en bruto que tenía, hizo todo para favorecer su talento, acompañándola a entrenamientos y partidos, además de llevarla a ver cotejos de sus referentes. En ese sentido ella tuvo dos. Una fue Maya Moore, figura de las Lynx en la WNBA, a la que podía ir a ver porque su padre manejaba las casi cuatro horas que separaba Iowa de Minnesota. Y el otro resultó Harrison Barnes, jugador NBA salido del mismo secundario, que llegaría primero a la Universidad de North Carolina y más tarde haría -hasta hoy- una valiosa carrera en la mejor liga del mundo.
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Clark brilló en los cuatro años en los que estuvo en ese high school. Lo hizo desde el primer año, en el que promedió 15.3 puntos, 4.7 asistencias y 2.3 robos, dentro de un equipo que ya empezó a dar que hablar, ganando 19 de los 24 partidos. Ya su segunda temporada trepó a 27.1 puntos (segunda máxima anotadora del estado), 6.5 rebotes, 4 pases gol y 2.3 recuperos. Estuvo en el quinteto ideal estatal y fue la mejor jugadora de la Metro League de Central Iowa, tras ser la líder de un conjunto que ganó 20 de 24 partidos.

En esos dos primeros años, esa pasión convivió con la del fútbol, hasta que le aconsejaron decidirse por uno y terminó resolviendo jugar sólo al básquet, aunque sus amigos y familiares aseguran que tomó algunas cosas del fútbol. Jugaba de volante ofensiva y allí aprendió el juego de equipo, la habilidad para mirar toda la cancha y pasar la pelota hacia compañeras con ventaja, como sigue haciendo hoy, más allá de su condición de devastadora anotadora. “Francamente, y no estoy tratando de alardear sobre esto, creo que ella probablemente podría haber tenido el mismo tipo de talento en el fútbol que en el básquet. Ella podría haber estado en equipos nacionales juveniles de Estados Unidos”, reconoció su padre Brent.
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Ya concentrada en el básquet, explotó en su tercer año y el 4 de febrero del 2019 anotó 60 puntos en un partido, segunda marca en la historia del femenino 5 vs 5 en el estado. Una campaña top que le permitió ser seleccionada la mejor jugadora de Iowa. Ya en la última trepó a 33.4 puntos, 8 rebotes, 4 asistencias y 2.7 robos, otra vez siendo la máxima anotadora del estado, sólo quedándose corta en la conquista de un título, ya que perdió en la final regional. El diario local la eligió como la mejor deportista estatal y fue llamada a competir en los dos más prestigiosos eventos, el McDonald’s All American Game y el Jordan Brand Classic.
A los 18 años, Clark era una estrella nacional y por eso tuvo decenas de ofertas universitarias, de las que quedaron sólo tres en pie: la de Notre Dame, la preferida de sus padres, la de Iowa State y la de Iowa. Aseguran que ella eligió la última básicamente para quedarse cerca de casa y jugar para una entrenadora (Lisa Bluder) que tenía un estilo de juego que le gustaba y una fama acreditada de potenciar a las armadoras. Su impacto fue inmediato. En su primer partido universitario anotó 27 puntos y semanas después logró su primer triple doble. Aquella primera campaña la terminó como líder del equipo en puntos, asistencias, canastas de campo y triples. Una locura.
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En su segundo año empezó a sumar récords individuales y siguió siendo la líder en distintas categorías (como puntos y asistencias), además de llevar a su equipo al título de las Big Ten, siendo elegida la mejor jugadora. Sin embargo, en el campeonato nacional, las Hawkeyes cayeron por sorpresa en segunda ronda en uno de los raros malos días de Clark.

En su tercera temporada ya causaba sensación en todo el país. Los estadios se llenaban para verla y la audiencia en televisión se disparaba. Mientras seguía batiendo marcas y, tras ganar el título de las Big Ten, llevó a su equipo a la final del campeonato nacional, pero cayó derrotada ante la Louisina State de Angel Reese, conocida como la Barbie de los Pantanos, otra estrella de la NCAA. Justamente de la cual se vengaría hace apenas días y un año después de haber sido humillada por su rival con algunos gestos y actitudes que fueron muy criticadas en el ambiente. Clark se fue ganadora, sin alardes, pero metiendo 41 puntos y 9 triples en una esperada revancha.
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En el camino batió dos récords históricos, el primero entre mujeres, al superar los 3.667 puntos que Lynette Woodward había metido hasta terminar su carrera universitaria, en 1981. Y cuatro días después también se quedó con la marca entre los varones, rebasando los 3667 del legendario Pete Maravich, quien los había alcanzado 54 años atrás. Una noche, la del 3 de marzo, que volvió a potenciar al básquet femenino, que volvió a estar en todos los portales y canales de TV. Para estar en el estadio se pagaron tickets de 5000 dólares.
Si Sabrina Ionescu revoluciona la WNBA con su tiro y capacidad anotadora y hasta puede darse el lujo de competir en un torneo de triples con Steph Curry, Clark asoma como su sucesora. O, al menos, como una continuadora. Porque, en realidad, ella llegará a la mejor liga del mundo y dentro de meses. Ya se sabe que Indiana Fever se quedó con el privilegio de elegir primero en el draft y así se asegurará contar con Clark, que se sumará a Aliyah Boston, la selección #1 del draft pasado, que viene de ser la Novato del Año en la WNBA.
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Si hablamos de juego, Clark es una base de 22 años y 1m83 que está revolucionando el básquet femenino con su estilo y combo de habilidades. En su carrera universitaria promedia 27.7 puntos (32.3 en eesta temporada), 7.9 asistencias y 7 rebotes, números que hablan de sus numerosas virtudes. Conocida por su capacidad de anotación y manejo del balón, Clark ha sido apodada la “tiradora invisible”, por un festejo que popularizó diciendo que sus defensoras “no la pueden ver”. Su habilidad para desempeñarse en momentos cruciales también ha sido impresionante. Clark ha sido clave en partidos decisivos, demostrando su valía al lograr un triple-doble con más de 40 puntos en el Torneo Final de la NCAA y llevando a su equipo, las Hawkeyes, a la Final Four con un rendimiento estelar.
Su juego es distinto y por eso viene siendo comparado, sin exageraciones, con estrellas de la NBA como Steph Curry, Damian Lillard y Trae Young debido a su increíble rango de tiro y habilidades ofensivas. Justamente el hombre que cambió el básquet en la última década y media la ve parecida a él. “Realmente siento que su forma de jugar, la distancia y el nivel de dificultad de sus tiros son, obviamente, muy parecidos a la forma en que yo juego”, admitió en una entrevista en la cadena CBS. “Su capacidad de tiro es su superpoder, pero el resto de su juego está tan pulido como eso, así que es algo que hay que ver”, añadió Curry. Los 162 triples en una misma temporada universitaria que marcó Curry en 2008 es otra de las marcas que batió Clark.
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El fenómeno Clark se expande a medida que logra nuevas hazañas. O récords. La cadena Fox le puso una cámara que la sigue durante todo el partido y retransmite la señal por TikTok. ESPN ha pedido a una de sus reporteras que se dedique en exclusiva a cubrir su información. Las audiencias televisivas se han disparado y por primera vez la Locura de Marzo, como se conoce a la parte final del campeonato universitario nacional, despierta más interés en la rama femenina que en la masculina. Por caso, un partido de los Hawkeyes batió esta temporada el récord de asistencia de básquet femenino con 55.646 espectadores y el precio de una entrada para verla aumentó un 250%.
La fiebre por Clark llega también a la pantalla. La audiencia de la final del año pasado superó los 10 millones de espectadores, doblando la máxima cifra anterior de 5.3 millones. El pasado enero, la derrota ante Ohio State que cortó una racha de 15 triunfos seguidos para las Hawkeyes, tuvo un minuto de oro de 3.9 millones de espectadores y una media de 1.9, que supone el mejor dato en temporada regular desde 2010.
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Con su talento, juventud e imagen desenfadada, Clark es un imán para las marcas y le llueven los contratos de patrocinio. Nike la aprovecha. La noche del récord preparó camisetas con la frase “you break it, you own it” (lo rompes, te pertenece), aprovechando que desde hace tres años la ley permite que las y los jugadores universitarios puedan facturar por imagen. La remera no salió a la venta, pero se pudo reservar por 40 dólares. Sí, reservar, hasta que batió la marca de Maravich, días después.
Clark es la atleta universitaria que más vende, incluso superando a estrellas del fútbol americano, claramente el deporte #1 en el país. Caitlin ya tiene acuerdos con Gatorade, State Farm, Buick, Topps, Hy-Vee y H&R Block. Según el portal On3, el valor de su nombre e imagen supera claramente el 1.000.000 de dólares. Cuando llegue a la WNBA la espera un contrato magro, de apenas 74.000 dólares, algo estipulado por escala salarial, pero no hay dudas que superará largamente el millón en patrocinios.
Clark está ayudando a revolucionar el básquet femenino. En la cancha y afuera. Un eslabón más en la cadena de la esperada igualdad.
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