La intimidad de los picados que Michael Jordan jugaba con oficinistas en un gimnasio en Chicago: “No se podía permitir perder”

Testimonios y anécdotas de cuando un MJ retirado, en 1994, se enfrentaba a amateurs. Su lado B tanto como su competitividad y trash talk infaltables. Videos y fotos inéditas

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MJ jugando con jugadores amateurs

No fue nada fácil ser Michael Jordan durante dos décadas. Probablemente el deportista más conocido del planeta. El (casi) invencible MJ. El todopoderoso. Un Dios del deporte. Un ídolo, un espejo, un referente, la estrella que cambió la industria deportiva. El que todos querían al menos tocar, ver, sacarse una foto o tener su autógrafo... Pero, claro, detrás de todo genio de un arte, hay una persona. Una persona que paga los costos de semejante popularidad, que a cada lugar que va es rodeado por un “enjambre” de personas, que ve limitada su privacidad, sufre por momentos y termina encerrándose para evitar ese acoso que los N°1 terminan odiando. Un avasallamiento que no le permite mostrarse tal cual es y puede empujar a dejar lo que más ama, en su caso el básquet, como le pasó en 1993, tras mucho stress, cansancio físico y asesinato de su padre.

Durante el año y medio que estuvo retirado como basquetbolista, entre el 6 de octubre 1993 y el 18 de marzo de 1995, Michael quiso cumplir un sueño y el de su padre: ser jugador profesional de béisbol. Pero pocos saben que nunca abandonó a su primer amor, el básquet. Sobre todo antes de meterse fuerte en el objetivo de llegar a las Grandes Ligas (MLB).

Cada vez que podía iba a un gimnasio en el centro de Chicago, el Athletic Club en el Centro Illinois, donde se preparaba para su transición hacia el béisbol junto a su PF Tim Grover. Se aparecía en la cancha de básquet vestido sin alardes, un pantalón negro o rojo, una remera blanca, una muñequera negra y un par de sus zapatillas Air Jordan. Llegaba, saludaba, calentaba en una bici fija y se anotaba en la lista para jugar a la ganadora. Como cualquier hijo de vecino. Sin privilegios. Pese a que era el mejor jugador del mundo y estaba, con 30/31 años, en el mejor momento de su carrera. Pero allí era Michael, uno más. O al menos trataba de serlo. Esos momentos, aseguran sus rivales de turno, fueron los que más disfrutaron. Todos. Ellos y él. Experiencias que atesoran, vivencias que están llenas de anécdotas y que varios relataron para darnos otra semblanza de MJ.

Momentos que quedaron documentados por un video del ya desaparecido canal Sports Channel Chicago, que una tarde mandó un camarógrafo y otro, más casero, de uno de los privilegiados que vivieron aquellos momentos con MJ. Picados que, a medida que se hicieron populares, atrajeron la presencia de varios famosos (los actores Danny Glover y Samuel Jackson, el artista R Kelly y el Secretario de Educación Arne Duncan), un par de miembros de los Globetrotters y varios de los mejores jugadores amateurs de la ciudad.

MJ jugando con jugadores amateurs
MJ jugando con jugadores amateurs

Los sábados a la noche era el día más concurrido, aunque los picones se armaban cada día después de las 18. “Eran hermosos. Pero no podía jugar cualquier, el nivel era alto. Jordan lo elevaba, aunque se lo tomaba con calma. Había que estar a la altura, tenías que estar listo”, contó Tom Tuohy, uno de los habituales del gym.

Pero, en general, Michael se los tomaba de una manera relajada. Iba a ganar, de hecho aseguran que sólo perdió un picado, pero lo principal era divertirse. “Podía ganarte, sin que vos pudieras hacer nada, pero de una forma tranquila. No era que quería volcarla sobre vos, humillarte. Se mostró distinto. No vimos su lado combativo, porque simplemente no esperaba lo mismo de nosotros”, agregó.

Tampoco era que Mike llegaba, jugaba y se iba. “Le gustaba jugar pero también socializar. Siempre saludaba, no actuaba como que no te conocía... Incluso, aprendía tu nombre y sabía qué esperar de cada uno en la cancha. Se mostraba divertido, podías ir bajando las escaleras y él empujarte… Se mostró como un gran tipo. Fue un placer verlo jugar y estar en una misma cancha, pero también interactuar con él. Yo disfruté cada instante”, contó David Boone, otro habitué del lugar.

“Antes de conocerlo, pensé que era un tipo con demasiado ego. Pero allí vimos a otro MJ. Se sentaba en la misma mesa con nosotros, tomaba algo y charlaba... No era el ídolo al que no se le podía hablar. Era una persona que, por unos días, quería ser normal”, admitió Alex Dubuclet, uno de los entrevistados en una nota de la TV de Chicago. “Bajaba con nosotros al restaurante y hablábamos bastante, no sólo de básquet. Hacía chistes, se reía… Así era en la cancha y afuera”, agregó Boone. “No sé por qué tantos hablan de que era mal tipo o un miserable (con el dinero)... Con nosotros fue grandioso. Incluso hasta pagaba la comida de todos (se ríe)”, sumó Dennis Allen.

En el gimnasio lo trataban
En el gimnasio lo trataban como uno más y eso era lo que le gustaba a MJ.

Ser uno más, un tipo promedio jugando al deporte que ama, es lo que seducía a Jordan. “Se lo notaba muy cómodo. Porque no estaba la prensa ni decenas de fans alrededor suyo. Disfrutaba de estar en el gym, con una pelota, relajado… Fue muy cool haberlo visto así”, analizó Tuohy. “Creo que, al fin del día, él apreciaba que pudiera jugar y estar con gente que no fuera de la NBA”, opinó Dubuclet.

La cultura del gimnasio de básquet, los códigos que existen, donde todos son iguales y nadie molesta al otro, fue el clima que atrajo al astro: “Nadie le pedía un autógrafo o le iba a hablar salvo que él comenzara una charla… Yo creo que por eso venía”, precisó Tuohy. “Todos sabían que no debían molestarlo ni ponerse a adularlo sin sentido. Por eso disfrutó de cada momento. Estaban los que eran conocidos, varios famosos, pero él no iba con ellos. Tendía a estar con nosotros”, describió Boone.

“Está claro que Michael ama la competencia, pero lo especial era jugar con gente que le caía bien. Lo sé porque venía muy seguido. Sin necesidad. Tenía el dinero suficiente, los autos que quería, las mujeres que quería, lo que fuera... ¿Por qué gastar tres o cuatro horas con un grupo de tipos olorosos y transpirados que salían de sus normales trabajos de 9 a 17 horas para jugar un rato al básquet? Yo creo que lo hacía porque amaba el juego”, es el análisis que hizo Dubuclet, uno de los “oficinistas” que iba siempre.

Por la Jordamanía que explotó con la serie documental The Last Dance, durante la pandemia, Ben Terrell buscó el VHS grabado en 1985 en el subsuelo de su casa hasta encontrarlo y hacerlo público en Youtube. “El tipo amaba el básquet. Yo jugué contra algunos profesionales, pero Michael era distinto, más de relacionarse con el resto. No había dudas que tenías que ser bueno para ganarte su respeto y te pasara la pelota, pero se preocupaba por saber su nombre y saber lo que hacías bien en la cancha”, admitió en una nota con Sport Illustrated.

Michael disfrutaba haciendo gozar a otros. Boone contó que, en aquellos tiempos, él era rápido y podía anotar. Entonces, durante buena parte de los picados en los que compartía equipo, MJ le pasaba seguido la pelota. “A todos nos hacía mejores. Lo vimos en la NBA y lo comprobé ahí”, aseguró. Jim Watkins lo ratificó. “Yo era un jugador de fútbol americano y sólo podía tirar de cerca. Generalmente me salían ladrillos hacia el aro… Pero, con sus pases, nunca erraba. No exagero. Anotaba todos los tiros cerca del aro cuando él me la pasaba”, reconoció.

Eso sí, que no queden dudas: Jordan competía y quería ganar cada partidito, aunque no fuera la NBA. Cuando los picados se ponían ásperos, se veía al MJ famoso. “Cuando llegaban los momentos de definición, tomaba el control y hacía lo que quería. No se iba a permitir perder”, aseguró Boone. Incluso era habitual que MJ se prendiera en picantes intercambios en los que usaba su famoso trash talk. Boone tiene una anécdota cuando le tocó enfrentarlo y Michael se enojó sólo porque una vez anotó ante él. “Yo superé a mi marcador y Mike llegó un poco tarde a la ayuda y yo pude anotar. Me quedé helado. En mi cabeza, había logrado anotarle a Jordan, aunque tal vez no era tan así… Cuando volvía a defensa, me dice ‘hoy no vas a anotar más’. No me preocupé, total no me estaba defendiendo él… En la siguiente jugada me posteé sobre un rival más chico, MJ llegó a la ayuda y me metió un taponazo. Y, a la pasada, soltó ‘te dije, hoy ya no vas a anotar’. Ahí me di cuenta que estaba hablando en serio”, contó, sonriente.

Jordan en Chicago Bulls, franquicia
Jordan en Chicago Bulls, franquicia a la que llevó seis veces a la gloria (REUTERS/Mike Blake/File Photo)

Terrell también tiene su historia. “En aquella época, yo podía saltar y en una jugada me encontré yendo a taparlo, poniendo la mano entre la pelota y el aro. Terminé con la pelota en mi cabeza, caído en el piso y con él encima, como Scottie Pippen sobre Ewing en aquella volcada del 94, haciendo un comentario risueño: “Ben, por favor, no te lastimes”.

En el gym todos recuerdan a Allen, el más picante de todos los que asistían seguido. “Yo no era el mejor, pero sí el más competitivo”, admitió Dennis. “Era uno de esos tipos que, para ganarle, ibas a tener que mostrar muchas cualidades y esforzarte mucho. Además, era un experto en trash talk. Ni Michael podía ganarle en eso”, describió el ex NBA Kendall Gill, un nativo de Chicago que lo conocía bien.

Pagaba dos pesos que Dennis se agarraría con el 23 en algún momento. Y un día empezó a torear a Su Majestad ante la sorpresa de todos. Ahí se dio un diálogo que demostró que MJ también podía jugar el juego con la boca.

-DA: Supiste ser el mejor del mundo. Pero ahora no eres nadie.

-MJ: ¿Y vos quién supiste ser, Dennis?

Allen recordó su particular approach en aquellos duelos. “Yo no quería jugar con él sino en contra. No tenía sentido jugar y ganar con él. Todos lo habían hecho. Yo quería ganarle al mejor”, explicó.

Estaba claro que, por personalidad, habría más de un choque entre ambos. Una noche, Allen terminó en el piso tras un golpe de MJ, se paró y lo empujó. Todo quedó ahí pero, al otro día, recibió una carta del club con una advertencia: si otro incidente ocurría, sería expulsado. Dennis no se amedrentó y se le apareció a Jordan. “Ahora parece que necesitás que te defiendan”, le dijo, mostrándole el papel. MJ lo leyó y fue directo a la administración. “Si lo echan, yo no vengo más”, avisó. Dennis le agradeció. “Sabía que yo estaba jugando duro y que él se había equivocado al tirarme al piso”, fundamentó.

Allen tuvo su particular venganza poco después, cuando organizaron una especie de All Star del torneo que tenían armado y Dennis fue el más votado por los jugadores. Increíblemente, MJ quedó atrás y tuvo que ser suplente. “En el partido entró por mí a los pocos minutos y aproveché para decirle algo a la pasada: ‘recuerda que, en tu mejor momento, fuiste suplente mío’”, contó el alero, entre risas. Para cerrar, relató otra vivencia que ratifica lo competitivo que era MJ. “Un día le jugamos muy duro, sobre todo en lo físico, y al otro día se apareció con Richard Dent y Otis Wilson, jugadores defensivos de los Bears en la NFL. ‘Ahora tengo a mis defensores, vamos a jugar’, nos gritó. Nos mataron a cortinas”, recordó Allen.

Durante su retiro de la
Durante su retiro de la NBA MJ se dedicó al baseball.

Por último, hay una historia que demuestra lo que Mike amaba el juego y lo que disfrutaba cada duelo en el gym, aunque estaba lejos de ser por un anillo. “Una noche yo jugaba en su equipo y estábamos ganando, cuando le dije que me tenía que ir porque tenía entradas para ver a los Bulls”, contó Terrell.

-Que los Bulls se vayan a la mierda. El partido que vale es éste…

-MJ quería ganar ese picado, no le importaban ni los Bulls ni las entradas. Terrell, un poco avergonzado pero sabiendo que no tenía opciones, apuntó su dedo hacia su novia, que lo esperaba a pocos metros para ir al United Center. MJ meneó la cabeza y le contestó como tantos hombres a sus amigos cuando “prefieren” el plan con sus novias. “No tenés pelotas”, le dijo mientras fue hacia donde estaba la chica y le rogó para que lo dejara un partido más.

Ben terminó yendo al juego aunque, presionado por jugar unos picados más por MJ, terminó llegando en el segundo cuarto. “Recién nos habíamos sentado cuando mi novia me miró y me preguntó: ‘¿Cuánta gente podría creer lo que nos pasó?’. La miré y no me quedó otra respuesta. ‘Nadie nos creería. Nadie’”.