123: el punto Jonbar de Dibu Martínez

A ocho meses de la gran atajada del arquero argentino ante Kolo Muani n la final del Mundial, el autor de la nota se sumerge en los caminos abiertos si el marplatense no hubiese evitado el tanto. El futuro de Scaloni, las entrevistas para conocer la infancia del héroe o los fondos recaudados por la banda La Mosca quedaron paralizadas por un segundo en Qatar

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La atajada de Emiliano Martínez
La atajada de Emiliano Martínez a Randal Kolo Muani en el final de la gran final del Mundial (REUTERS/Molly Darlington)

(1) Cuando Ricardo Fort empezó a aparecer en la televisión, algunos se preguntaban, ¿cómo puede ser que este tipo sea famoso? Otros, en cambio, nos preguntábamos cómo había tardado tanto, si reunía todas las condiciones para triunfar en el mundo de la fama. Con Emiliano Dibu Martínez nos podemos hacer una pregunta similar. ¿Cómo demoró tanto en llegar al arco de la selección argentina? Es cierto que los arqueros tardan más en llegar a su punto de maduración, pero algo más tiene que haber pasado para que con treinta años, y dos años y medio en el arco argentino, Dibu Martínez se haya convertido (después de Messi) en el jugador más querido e idolatrado de la selección nacional.

(2) Su historia itinerante ya es conocida, pero hagamos un breve repaso. Nació en Mar del Plata en 1992, hijo de un pescador y una empleada doméstica. Empezó jugando de nueve en el club de su barrio y luego pasó al arco. A los diez años se probó sin éxito en Boca y River. A los trece años fue aceptado en Independiente y pasó a vivir en la pensión del club. Ese fue su primer exilio. Pepé Santoro, su principal formador, recuerda: “Era grandote, medio torpe y sin mucha técnica, pero a través de sacrificio y lágrimas fue mejorando”. El segundo exilio fue a los diecisiete, cuando lo compró Arsenal y se mudó a Inglaterra. Los siguientes nueve años los pasó alternando entre Arsenal y los clubes menores a los que era cedido a préstamo: Oxford, Sheffield Wednesday, Rotherham, Wolverhampton, Getafe y Reading.

Mientras estaba de suplente en Getafe, Dibu fue con su hermano a ver el Mundial de Rusia 2018. Hay una foto que los muestra a los dos en la tribuna con las caras pintadas de celeste y blanco como aficionados. En ese momento, quizá inspirado por la cagada de Willy Caballero contra Croacia, Dibu le aseguró a su hermano que en el próximo Mundial iba a atajar él.

(3) La ucronía es un subgénero literario que propone una reconstrucción alternativa de la historia. Un ejemplo clásico: ¿qué hubiera pasado si los nazis ganaban la segunda guerra? A ese acontecimiento singular y decisivo cuyo resultado determina el curso de la historia se lo denomina Punto Jonbar. La historia del fútbol está repleta de posibles Puntos Jonbar, pero debe haber pocos ejemplos tan contundentes como la atajada de Dibu Martínez a Kolo Muani en el minuto 123 de la final contra Francia. Unos días más tarde, se viralizó un video en el que Muani remata de la misma manera pero la pelota atraviesa la estirada de Dibu y termina en el fondo de la red. El efecto de edición está tan bien logrado que a los argentinos nos puede generar un pequeño vértigo a la altura del estómago.

En un texto de la Historia universal de la Infamia, Borges dice que en 1517, el obispo Bartolomé de las Casas tuvo mucha lástima de los indios que se extenuaban en los laboriosos infiernos de las minas de oro antillanas, y propuso al emperador Carlos V la importación de negros para que hicieran la misma labor. A esa curiosa variación de un filántropo, dice Borges, debemos infinitos hechos. Cito algunos: los blues de Handy, la admisión del verbo linchar en la decimotercera edición del Diccionario de la Academia, el moreno que asesinó Martín Fierro, la habanera madre del tango, el candombe. Para actualizar un poco la lista podríamos agregar el twerking, la cachetada de Will Smith, el desnudo de Cecilia Dopazo en Tango feroz, los rolingas.

Papu Gómez sorprendió a Dibu
Papu Gómez sorprendió a Dibu Martínez y se hizo un tatuaje en homenaje a su histórica atajada en la final del Mundial: "I love you"

Pensemos, entonces, qué hubiera pasado si Dibu Martínez no lograba detener el remate de Kolo Muani. La palabra igual hubiera aparecido en casi todas las reflexiones sobre la actuación argentina: bien igual, es meritorio igual, y hubiese sido cierto y tristísimo al mismo tiempo; Otamendi hubiera sido crucificado por esa jugada a pesar de haber jugado un excelente Mundial, Mbappé hubiera lucido esa bata de encaje negra transparente, Dibu no se hubiera llevado ningún trofeo a la ingle, Messi hubiera aparecido otra vez en una foto mirando la Copa con un titular del tipo tan cerca y tan lejos, los ingresos de La Mosca en SADAIC hubieran sido significativamente menores, Scaloni hubiera sido acusado de no saber cerrar los partidos, el joven de veinticuatro años que se cayó de un techo durante los festejos en Buenos Aires seguiría con vida, Francia hubiera sido campeón Mundial y segundo Argentina.

(4) Dos meses después de la final, Dibu Martínez y Kolo Muani revivieron el duelo del minuto 123 a través de sus declaraciones. Dijo Dibu: “Cuando le queda a Muani, no me apresuro porque si no me la pica por arriba. Le dejé un ángulo para que su última visión sea el primer palo, y después me la jugué con mi mano y mi pie a ese lugar, rezando por favor pegame. Yo quería que me pegara en la cara”. Kolo Muani, de veinticuatro años, por su parte dijo: “Todavía veo la jugada, la conozco de memoria. Intento el remate al primer palo pero el arquero hace una gran parada. Perdí ese duelo. Podría haber buscado otras soluciones: picarla o buscar a Kylian porque tenía un buen ángulo de pase, pero en ese momento no lo veo. La pelota me llega y voy enfocado en el arco. No lo veo a Kylian. Después, al ver la jugada, te das cuenta de que había otras opciones. Pero ya es tarde, no podés hacer nada. Lo voy a tener atragantado de por vida”.

En otras declaraciones, Dibu dice que con su lenguaje corporal indujo a Muani a rematar al primer palo. Muani lo niega. Dice que decidió por su cuenta pegarle a ese lugar. Pero se podría argumentar que la manipulación de Dibu fue tan perfecta que el manipulado no fue consciente de ella. Si en Argentina le caímos a Higuaín y Palacio por los goles errados en la final de 2014, imaginen lo que hubiéramos hecho con el pobre Kolo Muani, cuyo duelo fue todavía más claro y en el último minuto de partido.

(5) Si Kolo Muani hubiera dado un pase al medio y Mbappé metía su cuarto y último gol en la final, es probable que la FIFA no hubiera sancionado lo que en los medios argentinos se conoció como la Ley Anti Dibu. Dice la nueva regla: el guardameta deberá permanecer sobre su propia línea de meta, entre los dos postes de la portería y frente al ejecutor del tiro hasta el golpeo del balón. El guardameta no se comportará de manera que distraiga de forma antirreglamentaria al ejecutor del tiro. No me queda claro si los bailecitos de festejo quedan incluidos dentro de las prohibiciones. De ser así, también debería regir para los goleadores, ya que sería injusto pedirle a los arqueros una sobriedad que a nadie más se le reclama.

Un profesor noruego en Ciencias del Deporte llamado Jeir Jordet analizó los juegos mentales de Dibu durante las tandas de penales y llegó a la conclusión de que es “una máquina perfecta y maquiavélica”. En su estudio, analiza las seis artimañas que usó Dibu para ganar el duelo psicológico a sus ejecutantes. En resumen son: marcar que el área es su territorio, recibir amablemente a los ejecutantes para que bajen la guardia, probar hasta dónde lo dejan ir los árbitros, festejar para mostrar dominio y superioridad, demorar la ejecución de varias maneras para aumentar la presión sobre el pateador, cuidar que a sus compañeros no le hagan lo mismo. En un comentario en YouTube, una mujer llamada Yousef Efftieh dice en inglés: es tan tóxico, lo amo. El usuario Milenium Gaming le responde: tóxico pero goofy (no encuentro una buena traducción para goofy; una mezcla de bobo, torpe y gracioso; en fin, como el personaje de Disney). En otro comentario, Rick Sánchez dice: mi psicópata favorito, y agrega un emoji con ojos de corazones.

 Emiliano Martinez atajando el
Emiliano Martinez atajando el tiro de Kingsley Coman en la definición por penales de la final del Mundial ante Francia (REUTERS/Carl Recine)

Lo de hablarle al rival, por supuesto, no es algo nuevo, aunque ahora ha quedado más expuesto por los avances tecnológicos. Y tampoco es algo privativo de Argentina o del fútbol. En la NBA, por ejemplo, es una práctica tan común que hasta tiene un término propio: trash-talking (hablar basura). Pero hablarle al rival no es para cualquiera, ya que la diferencia entre quedar como un héroe o como un payaso es muy fina, y depende de la capacidad de respaldar tus palabras con acciones. Según una encuesta, los tres mejores trash-talkers de la historia de la NBA son Larry Bird, Michael Jordan y Reggie Miller; jugadores que también aparecen en las listas de los mejores jugadores de la historia.

(6) Si Kolo Muani hubiese marcado el gol es probable que Alejandra León, maestra de Dibu de 5° y 6° grado en el Colegio Sagrada Familia de Mar del Plata, no hubiera sido entrevistada para que cuente cómo era Dibu como alumno. Y aunque lo recordara y lo sintiese de la misma manera, la maestra no hubiera tenido la oportunidad de decir frente a una cámara que Emiliano era muy cumplidor y muy prolijo y tenía una letra hermosa, y que esas declaraciones fueran levantadas por los principales medios argentinos. Una persona no alcanza el estatus de ídolo nacional sin una entrevista a su maestra de escuela en la que, orgullosa, al borde de las lágrimas, asegura que ya de chiquito se notaba que era especial.

(7) Otra muestra de que ha llegado a ídolo nacional, es que en esta época de revisionismo y sensibilidad extrema casi nadie haya cuestionado esa manía de Dibu de llevarse trofeos a sus genitales. La única crítica la leí en un muro de Facebook y tenía apenas dos deditos para arriba. El texto es de Julia Constantino y dice lo siguiente: “Mi sueño imposible es este, que una periodista deportiva se acerque al Dibu Martínez y le diga “Perdoná que soy medio gila y no entiendo el chiste de ponerte cosas en la entrepierna, qué significa o qué es lo gracioso de hacer gestos de apoyar o penetrar al rival?”. Y que siga repreguntado hasta que tenga que decir que lo gracioso es hacer un gesto de penetración porque ser penetradx es gracioso, porque es humillante, porque en nuestra cultura es señal de derrota. Así todxs sabemos de qué nos reímos. Así la mujer que está casada con el Dibu sabe que el tipo cree que la penetración es un acto de conquista y de sometimiento y así entendemos que todos los niñitos que lo admiran e imitan, están aprendiendo una lección nunca dicha literalmente, pero dicha a través de todos estos gestos. Que penetrar es vencer, y ser penetradx es ser vencidx”.

(8) En pleno éxtasis post mundial, el actor Juan Minujín se ofreció a hacer de Scaloni en una posible serie sobre los campeones del mundo. Otros nombres que surgieron para el elenco son: Nicolás Furtado como De Paul, Abel Ayala como el Huevo Acuña, Peter Lanzani como Messi, Mariano Martínez como Pablo Aimar, y Chayanne como el Ratón Ayala. Se me ocurren otros, aunque quizá haya que apelar a una máquina del tiempo o a una técnica de rejuvenecimiento digital como la que usaron con De Niro en El irlandés: Luciano Castro como Otamendi, John Turturro como Di María, Adrián Suar o Dustin Hoffman como Messi, Roly Serrano o Vincent Pastore como Chiqui Tapia, y Dady Brieva como el omnipresente fisioterapeuta parecido a Dady Brieva.

Dibu y su característico festejo.
Dibu y su característico festejo.

Para el papel de Dibu Martínez por ahora no encuentro un buen candidato. Algunos proponen a Rodrigo de la Serna, y aunque quizá sea el mejor actor argentino de su generación, hay algo que no me termina de convencer. Creo que el papel de Dibu pide un actor de Hollywood, alguno que haya hecho de soldado o marine, un héroe de acción con algunos matices; tierno, tenaz, temerario, psycho, compañero, bélico, fálico, católico.

(9) Si Dibu no hubiera ganado el duelo del minuto 123, es probable que una niña que me atajó un penal en la playa este verano no hubiera hecho su bailecito de celebración, un baile que, según su maestra, Dibu ya hacía cuando era chico. La Dibumanía pegó especialmente fuerte entre los niños. Su actuación no solo ayudó a darle el Mundial a Argentina, sino a aumentar la producción de arqueros para futuros mundiales. Dijo Iker Casillas: “La mayoría de los niños sueñan con hacer un gol perfecto. Mi sueño siempre ha sido evitarlos”. Nunca vi tanto niños jugado a evitar goles como este verano.

Pero el arco no es para cualquiera. La mayoría concuerda en que hay que estar un poco loco para ser un buen arquero. “Mirá si seremos diferentes que hasta vamos vestidos distinto”, dijo el Mono Burgos. “La pena máxima en Brasil son 20 años, yo llevo cumplidos 44″, dijo Moacyr Barboza, arquero de Brasil al que se culpó por la derrota en el Maracanazo. “El arquero es el único jugador que no tiene dónde esconderse”, dijo Brad Friedel. “El trabajo del arquero es como el de un mártir, un saco de arena o un penitente”, dijo Vladimir Nabokov. “El techo del Vaticano está lleno de oro. Y encima me enteré que el Papa es arquero. Con eso te digo todo”, dijo Maradona sobre Juan Pablo II. “El fútbol es un deporte de equipo hasta que el arquero comete un error y entonces se convierte en un deporte individual”, dijo Alex Welsh. “El arquero no puede ser de carácter inseguro. Cuando me preguntan cuál debe ser su mayor virtud, contesto sin dudarlo que la de generar confianza en el resto de los jugadores”, dijo Andoni Zubizarreta. “Soy alegre en las buenas y en las malas. Pero a la hora de trabajar soy un enfermo, me puedo pegar la cabeza contra el palo si no me salen las cosas. Quiero superarme”, dijo Dibu Martínez.

No recuerdo qué arquero dijo esto que voy a poner a continuación pero me quedó grabado por ser tan honesto y paradójico. Creo que puede haber sido Ángel David Comizzo, pero no encontré ningún archivo en Internet que respalde esta sospecha. Este arquero decía que a pesar de ser un profesional y de querer ganar como cualquiera, se daba cuenta de que a veces, inconscientemente, deseaba que un compañero fallara en un cierre, porque sin esa falla él no podía entrar en acción. En el sueño de un niño tiene sentido: para ser el salvador hace falta un ataque, y para que haya un ataque por lo general se necesita una falla defensiva.

En el minuto 123 de la final de un Mundial, no creo que Dibu haya deseado que Otamendi fallara en el cierre. Pero como fantasía, o vista ahora, con el resultado puesto, es una versión de la historia a la que Dibu Martínez no debería cambiarle ni una coma.

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