Diego, Lionel y el pecado Mundial

No hay motivos reales para pensar que la historia napolitana de uno termine como la historia parisina del otro

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Maradona y Messi, los íconos del fútbol argentino (Foto: AP/Natacha Pisarenko)
Maradona y Messi, los íconos del fútbol argentino (Foto: AP/Natacha Pisarenko)

Asif Kapadia es un director de cine y guionista inglés de origen indio. Hasta hace poco menos de una década, su exitosa carrera navegó entre producciones muy creativas de bajo presupuesto (The Warrior, premio BAFTA a la mejor película británica 2001) y documentales como Amy, por Winehouse, o Ayrton, por Senna.

Obsesivo y riguroso hasta lo inimaginable a la hora de enterrarse en la vida de la figura elegida, Asif decidió en 2017 asumir un doble desafío: encarar un documental sobre una persona aún en vida y, por fin, poner toda su energía y su talento para contar una historia futbolera. Vecino de Londres aunque hincha de Liverpool siempre tuvo en claro aquello de que el fútbol no es asunto de vida o muerte; es más que eso, según acuñó Bill Shankley, mítico entrenador del equipo más popular de la cuna de los Beatles.

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Así nació Diego Maradona, película que llegó al festival de Cannes del cual tuve el honor y el placer de formar parte como entrevistado y colaborador en asuntos de archivo.

Después de un par de encuentros en sus oficinas de Londres y de grabar varias horas de charla (al editor le gustó el tono de voz en “argentino”), la real dimensión de cómo entiende Kapadia su forma de trabajar la tuve durante un asado que compartimos en mi casa de Boulogne.

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Para esa época, el objetivo del inglés era contar en profundidad la historia de Diego en el Mundial 94. El último suyo. El del doping.

“Estoy convencido de que a Diego le prepararon una cama. Pero necesito explicar por qué lo hicieron”, me explico antes de atacar el postre. Aún hoy me cuesta explicar qué hacía sentado en el quincho de casa a las 3 de la mañana un ganador del Oscar (mejor documental de 2015 por Amy) descartando teorías conspirativas alrededor del más triste momento de la carrera deportiva de su ídolo. “Soy un inglés maradoniano que amo hasta la Mano de Dios”. Algunos meses más tarde, nuevamente en sus oficinas, me invitó a ver el primer corte de la que, finalmente, sería la versión definitiva.

Asif Kapadia, director del documental sobre Maradona (Foto: Franco Fafasuli)
Asif Kapadia, director del documental sobre Maradona (Foto: Franco Fafasuli)

Lejos de que la historia girase alrededor de aquel episodio, la magia cinematográfica de Asif había virado hacia sus días (y sus noches) napolitanas.

Tan apasionado y minucioso como pragmático, Kapadia se cruzó con imágenes y audios inéditos e impactantes que dejaban pocas dudas respecto de la trama de amor y desprecio que representaron los años italianos de Diego.

Casi como desde sus primeros días de fama, también entonces todo pareció transcurrir como en una película en cámara rápida. 1989: Diego lleva a Napoli a ganar la Copa UEFA (la Europa League de hoy) 1990, elimina a Italia en SU Mundial e insulta en primer plano mientras le silban el himno. 1991: en marzo lo sancionan por doping de cocaína, sustancia que el propio Diego admitió haber consumido durante buena parte de los siete años que jugó en esa liga. 1992: Diego es la estrella del fútbol 4 del Ritmo de la Noche de Marcelo Tinelli

Algo así como pasar del todo a la nada casi sin escalas.

El gran pecado de Diego no fue tomar cocaína. Fue haber sido el verdugo del seleccionado de un país al cual le subvirtió el orden de poder futbolero. Sacando dos veces campeón al ícono del Sur pobre contra el norte opulento.

Lionel Messi atraviesa, por lejos, los peores días de su aventura francesa.

La historia es bien conocida. PSG invirtió en él pensando en romper el maleficio de la Champions League (les fue peor que en varias de últimas ediciones). A sus hinchas no les mueve el amperímetro ganar ni la liga ni alguna copa local y los más enérgicos ya no dudaron en silbar a Messi desde las tribunas e insultarlo frente a la sede del club.

Para colmo, por el bendito viaje relámpago a Arabia Saudita, los dueños del equipo pretendieron exponerlo como el profesional irresponsable que Lionel NO es.

A propósito de su vínculo con los árabes. Empieza a sobrevolar tenuemente -quizás no pase de eso- una especie de reclamo. Algo así como la pretensión de que Leo tome distancia y renuncie a su contrato como embajador turístico de aquel país. Más allá de las denuncias de violaciones a distintos derechos a cargo de ese gobierno (no descarto verosimilitudes al respecto), me resisto a cargar sobre las espaldas de ningún deportista (o artista, o científico, o lo que sea) una responsabilidad que no exigimos a nuestros mandatarios. Basta recordar la visita de Joe Biden a Mohamed bin Salman o la de éste a Emanuel Macron, ambas en julio del año último. Fútbol no. Petróleo si.

El pedido de disculpas de Lionel Messi

Volviendo al tema de origen. Está claro que entre Diego y Lionel hay tantas coincidencias futboleras como diferencias en lo personal. De tal modo, no hay motivos reales para pensar que la historia napolitana de uno termine como la historia parisina del otro.

Sin embargo, tampoco dejaría de estar mínimamente alerta ya que, por encima de cualquier pecado, el que no le perdonaron a uno (Italia 90) es idéntico al del otro (Qatar 2022).

Y cómo curarse en salud es sabio y gratuito, tengamos a mano la versión aggiornada de la famosa frase de James Carville, asesor de Clinton. “Es el Mundial, estupido”.

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