Lionel Messi tuvo un momento estelar dentro del homenaje de la Conmebol a la selección argentina campeona del mundo en Qatar. En la previa del sorteo de las Copas Libertadores y Sudamericana en Luque, el delantero, de 35 años, quedó en el foco de la atención cuando Soledad Pastorutti subió al escenario. Es que la cantante entonó “Brindis”, un tema sensible en la intimidad de la Albiceleste y que supo susurrarle al mismísimo Diego Maradona sobre el escenario en 2006. Pero además el hombre del PSG recibió varios regalos, entre ellos, el bastón como mejor jugador de la historia.
La Sole finalizó su tema de pie frente a La Pulga, tomándolo de la mano y cara a cara. En más de un instante de su interpretación, los ojos del ex Barcelona se tornaron vidriosos, merodeando las lágrimas. “Estoy emocionadísima, porque para cantar a la emoción hay que controlarla. Quiero agradecerles a ustedes la alegría inmensa que nos dieron, sobre todo porque demostraron estar unidos, y nos dieron un ejemplo”, dijo la artista.
“Es una canción que me regalaron hace 17 años, en un momento personal difícil. Habérsela cantado al Diego en 2006 y ahora cantársela a ustedes...”, se conmovió. Casi inmediatamente, otro detalle que le tocó el corazón a Messi. Dos hologramas de Pelé y Maradona aparecieron en pantalla elogiándolo. “A la Argentina le gustan los buenos jugadores, Lio lo había demostrado, lo quiero mucho. La está rompiendo, dejá que los demás hablen. Te quiero mucho hermano, de verdad”, le dijo el Pelusa virtual.
“Con Leo tenemos varios momentos históricos suyos, me dio la oportunidad de entregarle medallas y copas. Hoy quiero cumplir contigo, promesas son deudas, en algún momento me habías dicho, ‘me falta una cosa para mi museo’. Queremos retribuirte, reconocerte y que salgas de aquí completo”, le advirtió Alejandro Domínguez, presidente de la Confederación Sudamericana, cuando lo invitó al escenario. Y le entregó una réplica de la Copa del Mundo y otra de la Finalíssima (”se la ganamos a los europeos”, resaltó). “La que te falta es la Libertadores”, lo aguijoneó, tentándolo con un desembarco en Sudamérica, ante su coqueteo permanente con un regreso a Newell’s, el club que lo vio nacer.
Fue el pie para el discurso de Lionel. “Muchísimas gracias por estas dos Copas de las que habíamos hablado, la voy a guardar en el museo de casa, donde tengo algunas más también. Agradecerte a vos y a toda la Conmebol por este homenaje a todos nosotros y por el regalo que me hicieron; por la Sole, ese tema es muy significativo para el vestuario, lo escuchamos mucho, nos hace acordar al Diego, ella se la cantó a él, fue un momento muy lindo, muchas gracias”, prologó.
“Estamos viviendo momentos muy lindos, especiales, volver a jugar a la Argentina después de haber sido campeones del mundo, con muchísimas muestras de cariño. Esto fue diferente a todo, lo demuestra en todo momento la gente de Argentina, en muchísimas partes del mundo se pusieron contentos por nosotros, por mí y por traer la Copa otra vez a Sudamérica, que un país sudamericano vuelva a ser campeón del mundo”, continuó.
“Creo que más allá de todo el cariño que estamos recibiendo, no somos realmente conscientes de lo que significa ser campeones del mundo, esto es para toda la vida. Acá hay un montón de campeones del mundo que nos lo pueden decir. Era la que me faltaba, gracias a Dios pude conseguir todo en el fútbol. Agradecerles a todos mis compañeros, al cuerpo técnico, a Chiqui (Tapia), que estuvo al lado nuestro. Me queda disfrutar de lo que me queda, que no sé cuánto será, disfrutar de lo que hice siempre, amo el fútbol. Muchas gracias”, cerró, dando a entender que está en el epílogo de una trayectoria inmensa.
“Quiero pedirte permiso porque hay alguien que quiere sacarse una foto contigo”, lo convidó Domínguez a un costado del estrado. Allí cayó la cobertura y surgió una estatua del astro tamaño natural, con la Copa en sus manos. “Es igual, es igual, espectacular”, aceptó el capitán albiceleste. “Va a quedar en el museo con las estatuas de Maradona y Pelé”, anunció el conductor Juanjo Buscalia.
Pero además de las réplicas, algo más viajará a las vitrinas del hogar de La Pulga en Barcelona, donde tiene su colección de obsequios: un bastón de “comando del fútbol mundial”. Un eufemismo para decretarlo como el mejor de la historia. “Esto es un montón” se sorprendió el delantero.
“Nunca había soñado con todo esto, mi sueño era disfrutar de ser un jugador de fútbol profesional, de poder hacer lo que me gustaba, de jugar a la pelota. Siempre intenté superarme, querer más. Es un camino muy largo, con desilusiones, derrotas, pero siempre miré hacia adelante, quise ir por un triunfo. Es lo más importante, luchar por tus sueños, todo es posible. La pelota es lo más lindo que hay”, concluyó antes de que toda la delegación se subiera al escenario para un último y estruendoso “Muchachos”.


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