Los vientos de guerra están sonando. Y nada bueno traen por Paraguay y las rutas argentinas. Es que la interna de la barra brava de Independiente, que tuvo muchas amenazas en las últimas semanas pero afortunadamente pocos enfrentamientos en Avellaneda, ahora puso en alerta a todo el país y al mundo Conmebol. Porque las dos barras del Rojo enfrentadas, la oficial de Juan Ignacio Lecznicki apodada Los Dueños de Avellaneda y la disidente, Los Diablos Rojos, al mando del histórico Pablo Bebote álvarez, viajaron a ver al equipo de Eduardo Domínguez que mañana juega con General Caballero en Asunción por la Copa Sudamericana. Y como para que no queden dudas de que la cosa va en serio, hay amenazas con armas vía redes sociales, dos barras paraguayas que harán de tropa para cada una de las facciones (sí, así como lo lee aunque suene inaudito) y un operativo de seguridad que acompañó a una de las facciones hasta Clorinda para que la otra no la embosque. Todo muy argentino.
Ambos sectores, sabiendo que la batalla final en Avellaneda es imposible de llevarla adelante sin que todos queden detenidos, decidieron marcar en el calendario la fecha del 3 de mayo. Los otros dos partidos previos de visitante por esta Copa generaban una logística imposible para arriar a buena parte de su gente, ya que el primero fue en el estado de Ceará, en Brasil, y el restante en Venezuela, frente a Deportivo La Guaira. En silencio, Bebote Álvarez, que quiere recuperar la tribuna, fue gestando el viaje de los suyos. Contrató tres micros, mantuvo en secreto el operativo e hizo salir el domingo por la noche a cada uno de ellos de lugares diferentes. Uno de Berazategui, otro de Mataderos, otro del Norte bonaerense. El punto de reunión era recién entrado el lunes en una estación de servicio en Ceibas, ya en la provincia de Entre Ríos, tras pasar el puente de Zárate Brazo Largo. Y de ahí la caravana siguió por las rutas nacionales 12, 14 y 11 hasta llegar al mediodía a Clorinda, hacer los trámites migratorios y cruzar por el puente San Ignacio de Loyola hasta José Falcón, en Paraguay, a 40 kilómetros de Asunción.
Ahí los esperaba la barra de Olimpia, que ya había manifestado por redes sociales que iban a ser el ejército de Los Diablos Rojos si alguien se atrevía a enfrentarlos. Son 150 los barras que acompañan a Bebote desde Buenos Aires y otros tantos refuerzos que se unieron del otro lado de la frontera. Un pequeño ejército dispuesto a todo.

Pero del otro lado, aún enterados de haber sido primereados, decidieron no bajarse del viaje programado. La facción oficial apodada Los Dueños de Avellaneda se reunió a la medianoche en el club Juventud Unida de Barracas y desde allí, en siete micros y con escolta policial en muchísimos tramos del camino, emprendieron la road movie. Afortunadamente para los viajantes que utilizaban la misma ruta, este movimiento vehicular se dio tres horas más tarde que el de Bebote Álvarez, por lo que salvo que aquellos estuvieran emboscándolos en algún recoveco de la ruta, no se iban a cruzar. Y Los Diablos Rojos pretendían no dar la batalla en el asfalto sino llegar primeros para copar mañana la tribuna popular y que la Policía, alertada de esto, no dejara pasar a sus rivales.
Lo cierto es que la facción oficial llegó a primera hora de la tarde a Clorinda y decidió hacer base en la localidad argentina, en un camping a la vera del río. Allí se conectó vía teléfono celular con la barra de Cerro Porteño para que les hagan “la segunda”. No fue muy difícil convencerlos. Los de Cerro tienen una histórica enemistad con los de Olimpia, por lo que prometieron 150 soldados armados hasta los dientes. Y esa promesa suele ser cumplida: el miércoles pasado la barra de Cerro atacó a tiros la sede de Olimpia y al día siguiente éstos fueron por la revancha con armas de grueso calibre y armas blancas, y hubo un enfrentamiento en las afueras de la ciudad. Se espera que la facción oficial esté cruzando mañana a la mañana y allí haya un gran operativo policial esperándolos, porque la información de la guerra programada llegó a la Conmebol y desde la oficina de seguridad de la máxima autoridad del fútbol sudamericano pidieron extremar cuidados.
Así las cosas, las autoridades de General Caballero dispusieron que una de las barras, la oficial, vaya a la tribuna visitante central y la otra, la disidente, ocupe un lateral. Se verá si esto es suficiente para evitar una batalla en el vecino país. Y se verá si aquella no se traslada a la ruta de regreso, donde hay 1270 kilómetros que según lo que haga la Seguridad, pueden convertirse sencillamente en una autopista al infierno.

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