Cuál fue su peor momento deportivo y los “dos puñales” de los que pudo tomarse revancha: las confesiones de Manu Ginóbili

La leyenda del básquet confesó lo que sintió en los momentos más duros de su carrera. Su adaptación en la alta competencia, sus frustraciones y el legado de la Generación Dorada fueron algunos aspectos que destacó en una charla íntima


Manu Ginóbili desnudó su carrera deportiva en una charla profunda que trató temas como la frustración, la capacidad de adaptación, el aprendizaje y el éxito. Como lo hace habitualmente, la leyenda de los Spurs y de la Selección habló sin filtros. “Los dos puñales más grandes que tuve como atleta me los pude arrancar al poco tiempo”, dijo Manu en diálogo con Nicolás Szekasy, sin omitir ningún detalle: “Uno fue en la final del Mundial de Indianápolis, pero tuvimos la suerte de sanar las heridas dos años más tarde (con el oro en los Juegos Olímpicos de Atenas). La otra fue contra Miami en 2013 (final de la NBA), y en 2014 me pude sacar una mochila de 200 kilos en la espalda”.

Tal vez el golpe más duro lo sufrió cuando defendía la camiseta de San Antonio.Fue mi peor momento deportivo. Sentí que había defraudado a todo el mundo. A mi mujer, mis hijos, amigos. Sentí que la cagué feo. Después maduré, canalicé lo que me había pasado y por suerte me pude sacar esa espina contra el mismo rival”, explicó en una entrevista que se dio a través del canal de YouTube de Experiencia Endeavor, que transmitió en vivo Infobae.

Sin embargo, aquellos partidos no fueron las únicas frustraciones de Manu. La primera se remonta a su adolescencia, cuando su padre no pudo ir a verlo en acción cuando intentó (sin lograrlo) evitar el descenso del club en el que se formó: “En ese momento pensé que era lo peor que me había tocado en el mundo. Fue un golpe muy duro”.

Su fortaleza mental fue clave para salir de las adversidades, dado que Ginóbili explicó los recursos que empleó para salir adelante ante las dificultades: “Me hablaba a mí mismo como si le estuviera hablando a un amigo, porque si no te querés a vos mismo, no se puede hacer nada. La otra herramienta era buscar qué hacer con eso que me pasaba. Es decir, pensar en el aprendizaje que me dejó ese episodio e intentar madurar para que no se vuelva a repetir”.

Otro de los puntos destacados de la entrevista se fijó cuando Manu relató la adaptación a la que se tuvo que someter cuando llegó a la NBA, “porque estaba muy perdido y era todo muy nuevo”. “La competencia, exigencia y el profesionalismo me costó mucho. Además llegué golpeado después del Mundial de Indianápolis. Los primeros dos años fueron complicados, porque me cagaban a pedos de una manera irreproducible. Gregg Popovich es de la vieja escuela. Tenía empatía y potenciaba a los jugadores, pero la materia tacto se la llevaba a marzo”, detalló con una claridad notable que se extendió en su relato: “Me llevó dos años y medio ganarme su confianza. Yo sabía que no podía aspirar a hacer 25 puntos por partido. Me tuve que adaptar y sacarme los guantes blancos para empezar a hacer el trabajo sucio”.

Finalmente, el bahiense también comparó su proceso exitoso en los Spurs con el de la Selección, ya que “en San Antonio el liderazgo era de arriba hacia abajo por la presencia intimidante de Popovich, aunque en la cancha también había un líder silencioso como Duncan”.

“Con la Selección fue distinto: fue un grupo de amigos que se juntó para divertirse. Fue algo natural que se dio, porque éramos un grupo de chicos que nos gustaba jugar al básquet. Ojalá que el legado que dejó la Generación Dorada perdure en el tiempo”, cerró Manu, quien no pudo disimular su emoción cuando recordó lo sucedido en la última Copa del Mundo disputada en Asia: “Lo del último Mundial en China tiene algo que ver con eso. De alguna manera me siento parte también de ese proceso, porque jugué con la mayoría de ellos y lo vivía como si fuera mi equipo”.

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