Dos bolivianas, un israelí y un porteño que se dedica a la organización de eventos: el exitoso equipo argentino de ráquetbol en los Panamericanos

María José Vargas, Natalia Méndez, Fernando Kurzbard y Shai Manzuri aportaron 3 medallas para la Argentina. Cómo fue que se gestó el combinado que a base del sacrificio logró romper las fronteras

Shai Manzuri, María José Vargas, Fernando Kurzbard y Natalia Méndez conforman el equipo argentino de raquetbol
Shai Manzuri, María José Vargas, Fernando Kurzbard y Natalia Méndez conforman el equipo argentino de raquetbol

Dos bolivianas, un israelí que vive en Estados Unidos y un porteño que se dedica a la organización de eventos. El equipo argentino de ráquetbol es tan exótico como efectivo. Hasta el momento ha cosechado una medalla de plata y dos de bronce en una disciplina que no es de las más populares en el país.

Están felices. Disfrutan de su aventura en Lima y aseguran que el mundo es su casa. Shai Manzuri es hijo de un israelí y una cordobesa, pero en su casa se habla en inglés, porque está radicado en Dallas, donde convive con su esposa colombiana.

A los 18 años llegó a Buenos Aires para estudiar medicina sin hablar una palabra en castellano. Al año ya tomaba mate, jugaba al truco y cocinaba asados como cualquier argento. Todavía recuerda sus viajes en el 15 para ir a entrenarse al Cenard, donde convivió con cientos de deportistas que lo ayudaron en la adaptación. "Cuando me volví a Estados Unidos fue un shock cultural muy grande. Me llevé todo lo que te puedas imaginar, hasta unas botellas de fernet", le dijo a Infobae mientras aguardaba sus compromisos en la Villa Deportiva del Callao.

Actualmente comparte su pasión por el ráquetbol con la terapia intensiva en pediatría. Participa del Grand Slam de la disciplina en el US Open y mantiene una rutina estricta a base de la buena alimentación y duros entrenamientos. Lo único que no adoptó fue el dulce de leche, ya que en sus desayunos no puede faltar la mantequilla de maní.

Fernando Kurzbard es la antítesis. Si bien comparte el mismo sentimiento por el raquet (una herencia que le llegó de sus padres) y representa a la Argentina desde hace 25 años, todavía no logra coordinar a la perfección las prácticas deportivas con su tarea profesional en la organización de eventos. "Entreno cuando puedo. Intento jugar 2 ó 3 veces por semana, pero no es fácil conseguir canchas en Buenos Aires", reconoció con una sinceridad notable, aunque advierte que "Ferro ha montado un predio ideal para jugar".

María José Vargas y Natalia Méndez completan el equipo. Son de Santa Cruz, Bolivia, y están orgullosas de defender la bandera albiceleste. "La Selección me adoptó hace 3 años y estoy feliz de lograr las medallas para un país que quiero mucho", deslizó Natalia, la joven que siente que el mundo es su casa por los viajes que le demanda el Tour Internacional que cuenta 10 destinos diferentes.

Su sonrisa permanente refleja la felicidad que le genera jugar para la Argentina. Se hizo fanática de River y todavía se burla de sus compañeros "bosteros" por la final de la Copa Libertadores en Madrid.

Maria Jose Vargas, una fanática de Las Leonas que tuvo que rematar 2 vacas para jugar en Corea
Maria Jose Vargas, una fanática de Las Leonas que tuvo que rematar 2 vacas para jugar en Corea

"Yo de chiquita era hincha de Las Leonas", interrumpió María José, quien también manifestó su amor por la bandera albiceleste. "Cuando tenía que jugar para Bolivia, quería salir a la cancha con la camiseta de ellas, pero no me dejaban porque no era el uniforme oficial. Me rajaron al toque", recordó entre risas.

La falta de apoyo del Estado boliviano contribuyó para que las chicas se nacionalizarann argentinas. La anécdota que demostró su sacrificio fue una pintura de las locuras que hizo María José por seguir su sueño. "Hubo un torneo en Corea en el que no tenía el dinero para viajar, entonces un amigo de mi papá me regaló tres vacas para que las rematara y pudiera financiar el viaje", rememoró manteniendo la carcajada.

También se amotinó en el hotel Casa Blanca de Santa Cruz, a la espera del arribo del presidente Evo Morales para explicarle su situación. "A pura bolas lo esperaba para que le pudiera dar una carta que había escrito. Me terminó atendiendo y me dio una beca en la universidad", detalló.

Así es el equipo argentino de raquetbol. La mayoría tiene el corazón pintado celeste y blanco por adopción. Además de ganar las medallas de plata y bronce, los protagonistas cuentan con otros títulos. El licenciado Kurzbard, el médico Manzuri, la ingeniera Vargas y la abogada Méndez conforman la exótica selección que se nutre de un talento que quiebra las fronteras.

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