El momento del ingreso de Tevez, molesto por haber presenciado la mayor parte del partido desde el banco por la estrategia de Alfaro. (AP Photo/Natacha Pisarenko)
El momento del ingreso de Tevez, molesto por haber presenciado la mayor parte del partido desde el banco por la estrategia de Alfaro. (AP Photo/Natacha Pisarenko)

El fútbol argentino es de etiqueta fácil. A veces por un planteo -o por una declaración en los medios- se asocia a un entrenador a una sola forma de jugar. Aunque también están quienes se sienten cómodos en ese encasillamiento. Los puede mostrar teóricamente como más inteligentes, ganadores, alejados de los otros "giles" que se regalan detrás de su odisea ofensiva. Alfaro hoy disfruta de esa diferencia que lo deja mejor parado que Guillermo Barros Schelotto por un cero a cero en la Superliga. Suena tan exagerado como la cataratas de elogios a su estrategia. El resultado le puede servir a Boca para tener un mes previo a los choques de la Copa sin la tortura de otra derrota. Aunque sería mejor ir más allá del resultado como única variable de análisis. ¿El gran planteo fue planificar la poca profundidad de River? ¿Ubicar a Soldano de volante por derecha cuando en esa idea era mejor poner a Villa para salir de contra o que Bebelo entrara para tener la pelota? ¿Que el centrodelantero sea Hurtado, que la peinaba para él mismo y pegó un planchazo para expulsión que el árbitro no sancionó? ¿Que Marcone haya pasado a jugar mejor cuando salió De Rossi porque no se siente cómodo compartiendo el medio? ¿Que Tevez entrara caminando porque se sintió menospreciado por cómo fue desplazado de un equipo repleto de lesionados? Tácticamente se puede festejar un empate como un triunfo. Está en cada uno y en cada plan de competencia. El punto es que Boca dejó ver de un modo exagerado su miedo a River. Le gritó su temor a un equipo que se agranda en los clásicos.

"El fútbol es como el sexo. Todos opinamos y todos creemos que lo hacemos bien", suele decir el Bichi Borghi. Es verdad: hay cientos de verdades y ninguna a la vez. Todas las ideas valen si se hacen bien. El tema es cómo se define si salió correctamente. Ahí el resultado a veces hipnotiza. Es una de las variables más relevantes al analizar a un equipo. No puede ser la única. ¿Cómo se hubiera evaluado al plan inteligente si Martínez Quarta estaba más fino en la pelota que le quedó picando en el área? En la mirada integral del partido no debería alcanzar con decir que no importa porque eso no ocurrió. River no supo ganar. Sus movimientos se vieron nítidos y le dieron cuerpo de equipo. La solvencia de Martínez Quarta y Paulo Díaz para salir del fondo, las subidas en diagonal de Casco para dejar el callejón, los desplazamientos con buen pase de Enzo Pérez pese a foules peligrosos, la permanente búsqueda para jugar de Nacho Fernández, el vértigo de De la Cruz. Le faltó profundidad, imaginación -frescura según las palabras de Gallardo- para generar jugadas de gol en espacios reducidos. Las llegadas no fueron en proporción al dominio. Andrada mostró la solvencia de siempre pero no debió volar de palo a palo para superar el récord de Roma. Atajó más contra Banfield. Pero ése fue problema de River. No oculta que Boca participó de sólo una de las facetas del juego. En ataque, sólo un tiro cruzado de Mac Allister, que arrancó por izquierda hasta que cambió a una posición más central, donde hace más daño; y un tiro libre de Tevez. Se le podría pedir más a Boca, un club que hace rato gasta millonadas de dólares para armar sus planteles.

En la Argentina suele manejarse por las banquinas. Un error repetido en el fútbol. No es regalarse como Racing para un 1-6 en su cancha o replegarse como Boca pensando más en no perder que en ganar. Hay algo en el medio. Excede la antinomia conceptual o la línea que retomó actualidad al hacerse viral. "Si quieren chiches vayan a la juguetería", se replica desde anoche con la imagen del Toto Lorenzo. Es parte del bagaje de lugares comunes y del fundamentalismo que existe en las dos veredas: los resultadistas extremos y los líricos sin arcos. No pasa por firuletes sino por discutir si era el mejor plan. Boca, con el cuestionado Guillermo frente a River, fue a esa cancha y festejó un 4 a 2 con Gago y Tevez. No es imposible irse vencedor del Monumental. Si no, habría que pensar que las lesiones de Salvio, Zárate y Wanchope fueron funcionales al sistema de Alfaro. Como si victimizarse -o sentirse punto- hiciera racional el planteo amarretón. Porque fue mezquino, aun cuando eso no achique la gran historia de Boca como le cantaron los hinchas locales. No es un agravio buscar un empate pero tampoco Alfaro ya debería ser asociado a los grandes entrenadores como Bianchi por lograrlo. ¿Realmente se piensa que River ahora va a sentirse en aprietos porque comprobó que el rival es capaz de hacer tiempo en el partido de Copa? ¿No se sentirá aún más confiado en su capacidad al ver tanto respeto de Boca? ¿Habrá sido tan inteligente el planteo de Alfaro que hoy muchos aplauden tanto como si hubiera ganado el clásico?