Maradona y el Papa Francisco, en el Vaticano (Foto: @InfoScholas)
Maradona y el Papa Francisco, en el Vaticano (Foto: @InfoScholas)

La consigna durante la entrevista con Matías Morla, abogado y apoderado de Diego Maradona era simple: ¿qué fue lo más loco que le sucedió trabajando para el Diez? La pregunta oficia de llave de un sinfín de anécdotas con el sello del astro, pero una, con sede ni más ni menos que en el Vaticano, resalta.

"Cuando fueron las elecciones de FIFA, Diego apoyaba al Príncipe Alí (bin Al Hussein) y habíamos arreglado un encuentro en Roma muy importante, porque el príncipe es árabe y el Papa Francisco iba a recibir a alguien de otra religión", prologa Morla la increíble historia.

"Quedamos en un horario. Por protocolo, el príncipe no puede buscar a Diego. entonces salimos a la misma hora, con las dos custodias, todos coordinados. Llegamos al Vaticano y Alí había llegado cuatro minutos antes. Y entró a la audiencia. Fuimos con Diego atrás y la custodia nos dijo: 'El Papa está ocupado'. 'Pero la reunión era con nosotros', le avisamos. 'No, el Papa está ocupado', insistió. '¿Ah, sí? Chau', dijo Diego. Y se fue al hotel", continuó el abogado con la reacción del hoy DT de Dorados.

"La gente del Papa empezó a llamar desesperada por teléfono. Y Diego se trabó, seguía con que no iba. No fue. A las 12 de la noche, el Papa mandó un emisario al hotel, que nos dijo que Francisco estaba muy apenado y que lo esperaba al otro día a la mañana. Porque, en realidad, el Papa no había tenido la culpa, sino la custodia", el relato le abró una ventana al reencuentro.

Morla, de frente a la imagen de Maradona. Casi una simbiosis (Foto: Julieta Ferrario)
Morla, de frente a la imagen de Maradona. Casi una simbiosis (Foto: Julieta Ferrario)

"Llega el otro día. Entramos a la sala privada del Papa y le dijo dos cosas que me impactaron muchísimo. 'Si querés, para pedirte perdón, me puedo arrodillar. Porque entró el argentino más importante al Vaticano'. Francisco es muy humilde. Y futbolero, maradoniano. Esa historia me quedó siempre. Fue fuertísimo", concluyó Morla una anécdota que atesora en un rincón especial.