El peso de la historia en el deslucido arbitraje de Vigliano en el Superclásico

El juez estuvo cuatro años sin dirigir el partido más importante de la Argentina. Ayer volvió y evidenció por qué

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Mauro Vigliano volvía a dirigir un Boca-River después de cuatro años. ¿Por qué se le negó durante ese lapso arbitrar el enfrentamiento mayor del fútbol argentino? Aquel domingo de octubre era un día de lluvia torrencial y Vigliano, con más ganas que inteligencia, decidió jugar su primer clásico. La experiencia decía que el estado del campo y las inclemencias del tiempo no iban a favorecer el desarrollo del partido. El encuentro terminó empatado, pero todas las críticas se las llevó Vigliano.

¿Cuál fue el error que marcó ese superclásico? En un momento del partido, cuando llovía a cántaros, Vigliano vio que Fernando Gago sacaba una pelota del área con la mano, pero en realidad el jugador de Boca había cabeceado el balón. El árbitro no aceptó las quejas y no sólo cobró penal, sino que expulsó a Gago. Desde aquel entonces hasta ayer pasaron casi cuatro años sin dirigir un Boca-River y, gracias a su exitoso paso por el Mundial de Rusia como árbitro del VAR, se le dio una nueva oportunidad.

¿Cuánto influyó este episodio del pasado y la carga emotiva del error en el desempeño de Vigliano? Hasta los 43 minutos del primer tiempo del partido de ayer, el árbitro parecía haber superado el fantasma de aquel penal mal cobrado. Pero a los cuarenta minutos ingresó el colombiano Cardona y tres minutos después, en una disputa sobre la izquierda, el jugador de Boca utilizó el codo como un arma contra el rostro de Enzo Pérez. Ni el árbitro ni el asistente supieron dar la sanción disciplinaria que merecía esa acción. Le sacó tarjeta amarilla cuando era expulsión directa.

A partir de ahí comenzó una sucesión de errores y aciertos que desembocaron a los dos minutos del segundo tiempo en desestimar una supuesta falta sobre Benedetto (que no existió). Pero a continuación la jugada prosigue, Tevez patea al arco y en el camino se encuentra con la mano de Ponzio, su brazo derecho estaba ocupando un espacio para lograr el objetivo de que el balón no pasara. Este fue el principio de una serie de errores significativos, donde pareciera que el fantasma del penal de Gago comenzó a incidir en el proceso de toma de decisiones de Vigliano. Ponzio, que estaba amonestado, debió ser expulsado, además de sancionar el tiro penal para Boca.

Luego hubo una sucesión de malas decisiones arbitrales: penal de Casco sobre Pavón no sancionado y penal a Scocco no sancionado. ¿Le pesó a Vigliano estar cuatro años sin dirigir Boca-River? A partir del error de apreciación en la falta de Cardona, Vigliano entró en un tobogán hasta el pitado final.

Queda para los psicólogos estudiar cuánto influye en un árbitro el darse cuenta en la mitad de un Superclásico de que le costará tener una nueva oportunidad para dirigir un Boca-River.

* Ex director del Colegio de Árbitros