
La década del noventa se terminaba y Mauricio Macri gozaba de sus días más felices en la presidencia de Boca. La era de Carlos Bianchi se preparaba para dar el salto de calidad ante el Real Madrid y el Milan, como así también el disfrute de la seguidilla de las tres Libertadores, casi de forma consecutiva.
Los campeonatos locales, el récord de invictos y la constante alegría en los clásicos marcaron un contexto para que el dirigente probara a jugadores que llegaban de lugares exóticos. Uno de ellos fue Martyn Clarke, un joven de 19 años nacido en Plymouth que llegó al Xeneize de la mano de Esteban Cichello, un argentino que había visto al futbolista en la liga malvinense y lo ofreció al club de la ribera.
Hijo de Robert, un ex combatiente de la Marina Real inglesa, y Julie, dueña de un pub isleño llamado The Globe, el chico que se destacaba como defensor y delantero tuvo sus días al lado de Diego Maradona. Incluso llegó a jugar en la reserva junto a Silvio Carrario, uno de los delanteros que había perdido la titularidad por la dupla compuesta por Guillermo Barros Schelotto y Martín Palermo.
Lo llamativo es que Clarke arribó al conjunto porteño como un argentino más. Sin ocupar la plaza de extranjero, ni presentar ningún pasaporte o visa de trabajo, el joven se sumó al plantel liderado por Carlos Bianchi con el deseo de formar un ejemplo de unificación entre los países que entraron en guerra en 1982.
"Todos los días sueño con jugar en La Bombonera. Sería genial ver a toda la gente gritando un gol mío", fue la frase con la que quedó en el recuerdo mientras se hospedaba en la pensión de Casa Amarilla. Sin embargo, sus limitaciones le permitieron estar sólo unas semanas en Boca. Como sus cualidades no estaban a la altura del elenco que se consolidó como multicampeón internacional, el isleño probó suerte en El Porvenir y Defensores de Belgrano, donde tampoco logró instalarse.
Patrick Watts, ex director técnico de la selección malvinense, calificó el traslado de Clarke a la Argentina continental como un "ejercicio de propaganda orquestado por su madre", porque sus ex compañeros lo habían considerado un traidor. Sin dudas, las palabras del DT orquestaron el título de la película "Jugando con el Enemigo", que reflejó la historia del futbolista.
Como su suerte no lo acompañó por su periplo en la Argentina, el jugador emigró hacia Estados Unidos para sumarse en Connecticut Wolves. Luego de una temporada viajó a Inglaterra para cerrar su entusiasta carrera en Brentwood Town, de la Isthmian League.
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