La historia oculta en el Monumental sobre la familia que consiguió un título mundial

Un jugador histórico, un campeón del mundo y una joven promesa: el mítico estadio de Núñez guarda una historia de sacrificios y éxitos detrás del apellido Giustozzi

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El director técnico de la
El director técnico de la selección argentina de futsal junto a su padre, ex jugador millonario y entrenador en la escuela de fútbol de River (Infobae)

Año 1966. El sonido del tren confirma que pronto partirá. En ese instante, Raúl y sus dos amigos cruzan las miradas. Hay muecas de nerviosismo y picardía. Realizar un viaje desde Rosario a la Capital Federal podría ser algo normal para cualquiera, pero no para ellos. No para Rulo que, con apenas 17 años, tenía sensaciones encontradas. La adrenalina y la euforia lo carcomían por dentro. Ir en busca de lo desconocido era lo más valiente que podía hacer, pero también lo más peligroso. Poco importa. Rulo y dos amigos inician la cruzada.

Con una muda de ropa, iba a probarse a River Plate. "¡El glorioso River Plate!", pensaba. El corazón latía muy fuerte porque no había pagado el boleto del tren. "No teníamos un mango, estábamos pelados", recuerda.

Durante un año se esconderán en los baños de los vagones, caminarán de punta a punta gambeteando a los guardas. Incluso, pondrán en juego sus propias vidas viajando en el mismísimo techo del tren. "Estábamos locos", confiesa.

Y se pierde. Su mirada lo delata. Dejó una marca en la historia del club, simplemente, porque logró algo muy difícil en River: salir de inferiores promovido por Didí en 1970 y ganar un lugar en un equipo plagado de estrellas (Norberto Alonso, Morete, J.J. López, entre muchos otros).

Le tocaron días en los que el Millonario no pudo salir campeón. Así fue por 18 años. El cuerpo técnico se la pasaba incorporando figuras para lograr un título. "Jugué con Daulte, Merlo, el Negro López…, todos categoría 50. Ya estoy grande ¿no?", bromea.

Se pudo afianzar en 1972 y -aunque permaneció en River un año más- dejó un muy buen recuerdo en los hinchas que ya tienen canas. "Competía con Dominichi y Vieytes, que eran de Selección, también estaba Osvaldo Pérez…", continúa. Durante ese lapso de tiempo (1970 a 1973), se puso en 77 oportunidades la camiseta millonaria y marcó 5 goles.

Mientras cuenta su historia, deja por unos minutos de ser el DT de las escuelitas de los futuros cracks millonarios. Raúl Giustozzi vuelve a sentirse como ese "pibe" del tren plagado de sueños, como esos niños que juegan a su alrededor en las canchas de entrenamiento que custodian al Monumental.

Por aquel entonces, existían muchas barreras. Las económicas, que bien se reflejaban en el esfuerzo por llegar a la Capital para entrenarse. Las sentimentales, porque atrás quedaban todos: sus amigos de barrio, la familia. Y también había barreras burocráticas: para lograr que le dieran el pase a River tuvo que ir "a llorarle" con su madre a los dirigentes de Rosario Central.

Pero nada lo detendría. Porque a Rulo lo impulsaba un gran sueño. Como el de todo joven que busca triunfar en el fútbol. No dejaría pasar una chance, por más remota y complicada que esta fuera.

En aquel tren, y en esas horas de prueba como número 6, –"pese a que era un lateral por la izquierda", como su ídolo Marzolini- comenzó la carrera de Raúl Giustozzi.

Raúl Giustozzi, rodeado de figuras
Raúl Giustozzi, rodeado de figuras de River, en las portada de los principales diarios deportivos del país

Con el tiempo probaría suerte en otros clubes, Banfield, Gimnasia, Coritiba de Brasil. Lograría su único título personal en Tigre. "Me saqué las ganas en la B Nacional en 1979", detalla. Tras una lesión que lo complicó anímicamente, llegaría el retiro. "Es duro y se hace difícil. Realmente hay que estar con la cabeza bien preparada, bien puesta", admite.

Aunque no sería un retiro total, porque volvería al vicio en los torneos regionales. "Tenía muchos amigos por el interior y no abandoné del todo el fútbol. Jugué varias ligas", remarca.

El destino hizo que se cruzara nuevamente con River. Aquel club que le permitió cumplir su sueño le volvía a abrir las puertas para "seguir en carrera", en reconocimiento por lo hecho en aquellos años. Esta vez, sería entrenador. 

"Te lo hacen saber. Escuchás a los hinchas, sus recuerdos, y uno vive con ellos esa época linda que tanto disfrutaron", dice orgulloso. Y se refiere al legado: "River me ayudó muchísimo. Todas las vivencias en el club me ayudaron a formarme como jugador y como persona. Uno nació en una casa pero toda mi vida fue realmente River, fue lo que me mantuvo siempre activo, me mantuvo bien. Por supuesto todo eso lo trasladé, y lo recibió Diego".

Como el propio Rulo dice, en la historia familiar lo siguió su hijo Diego Giustozzi, actual DT de la Selección de futsal que acaba de conseguir el título del mundo. A él también le costó mucho salir adelante y llegar al puesto que tiene hoy. Él también tuvo que largar todo a los 18 años para probar suerte en Europa, en un deporte que en Argentina recién ahora está siendo valorado.

Diego Giustozzi, entrenador de la
Diego Giustozzi, entrenador de la selección argentina campeona del mundo de futsal (AFP)

"Lo vieron los tanos en un Sudamericano en Brasil y se lo llevaron. 'Me tengo que ir', me dijo. En casa estábamos todos locos. Ese fue el peor momento porque no esperaba que se fuera tan lejos y tan pronto. Esa parte, la ida de Diego, fue dura, pero yo siempre me acordaba que me vine a los 17 de Rosario. Entonces, ¿por qué voy a estar en contra o no voy a apoyar su ilusión? Fueron 16 años en los que se tuvo que formar solo en Europa", recuerda Raúl, aún con tristeza.

Diego, con la convicción que los caracteriza, no se apartó del fútbol ni siquiera cuando sufrió dos lesiones en la rodilla que lo empujaron por un momento al abismo. "Jugando en Florencia a los 2 años se rompió la rodilla por primera vez. Esa parte fue dura, pero con mi experiencia lo apoyé y lo ayudé. Le conté que pasé lo mismo", agrega Rulo.

De las lesiones volvió más fuerte que antes y el prestigio aumentó. Llegó a ser pieza clave en la Selección y figura en casi todos los clubes en los que jugó. Retornó a la Argentina para retirarse en River, el club de sus amores.

Diego Giustozzi, referente de la
Diego Giustozzi, referente de la selección argentina de futsal y partícipe del primer triunfo en la historia ante Brasil

Hasta que le llegó la mejor oportunidad. Mejor dicho, se la ganó. Porque se preparó, y mucho para que lo elija uno de los mejores: el histórico entrenador Fernando Larrañaga.

Detallista, obsesivo con el orden y la disciplina. También con los buenos grupos. Diego -en eso- se asemeja a su padre. Logró el gran objetivo, impensado para muchos, y trajo la Copa del Mundo de futsal de la que solo eran dueños Brasil y España. Le alcanzaron apenas dos años de trabajo para darle al pueblo futbolero lo que tanto deseaba: un campeonato mundial de fútbol.

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"Esa gente realmente necesitaba un mensaje como este. Necesitaba una felicidad y verlos felices a todos ellos -que no paran de agradecerte-, es lo más grandioso, mucho más que cualquier victoria. Saber que le estoy devolviendo algo al deporte de todo lo que me dio, para mí es la mayor alegría", relata Diego Giustozzi sobre la Copa del Mundo que trajo a la argentina.

-¿Qué se te pasa por la cabeza en un momento así?
-En un momento así siento paz interior. Saber que uno hizo bien su trabajo, en un deporte que me dio todo y que me formó como persona y profesional, me hace muy feliz. Pero ver la repercusión que hubo acá me sorprendió todavía más que el campeonato del mundo.

Y no era para menos, rompió con la hegemonía de Brasil y España, campeones de todos los títulos mundiales hasta ahora.

Mientras se desarrollaba la charla, Rodolfo D'Onofrio apareció por los pasillos del Monumental. Diego, incrédulo y nervioso, lo escuchó atentamente.

"En River estamos orgullosos. Los mirábamos y nos emocionábamos, no solamente por cómo jugaron y ganaron -que es muy importante-, sino por la actitud que tuvieron. Dejaron el prestigio argentino muy alto, y tener un Giustozzi en el equipo, después de toda la tradición que tiene esta familia en River, es una alegría inconmensurable. Acá estoy, agradeciéndole por todo lo que lograron", dijo D'Onofrio.

Rodolfo D’Onofrio, presidente de RIver,
Rodolfo D’Onofrio, presidente de RIver, junto al campeón mundial

El presidente de River expresó lo que piensa no sólo el pueblo millonario, sino todos los argentinos. "Soy hincha fanático enfermo de River, por eso para mí es un placer que me felicite esta nueva gestión que hizo tanto por el club, con D'Onofrio, Enzo Francescoli y Marcelo Gallardo a la cabeza. La verdad es que el club volvió a la élite mundial por ellos", respondió Diego.

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Una familia que durante años sufrió por estar separada, hoy se encuentra más unida que nunca. Convulsionada por lo que lograron. Están entusiasmados con lo que vendrá, porque a lo lejos se ve la figura emergente de Nicolás, quien -vestido como arquero de River- corre, se pone los guantes y se muestra listo para dejar inmortalizado el momento.

"El entrenador de arqueros me dice 'es un kamikaze tu nieto, está loco'", confiesa Rulo. "Juega en la escuelita. Con edad 2004, es el primer año que lo hace en cancha de once. Se cuelga, se tira… Está haciendo sus primeras armas y quiere ser arquero. Bueno, 'dale para adelante', le dije", agrega orgulloso el abuelo.

Diego Giustozzi muestra la medalla
Diego Giustozzi muestra la medalla por el campeonato mundial que consiguió con la Selección de futsal

"Tres generaciones de éxitos. Raúl dejó una huella y el nene tiene un futuro enorme. Mi papá fue un profesional y lo sigue siendo, jugó en el Monumental, se puso la camiseta de River. Para alguien fanático hubiera sido un sueño, y él lo pudo cumplir. Trabaja en el club hace más de 35 años. Yo, en cambio, llevo a River desde el lado emocional y del corazón, porque soy tremendamente fanático. Me crié acá adentro. Mi hijo heredó todo eso del abuelo y del papá, y hoy entrena en la escuela. También se hizo hincha de River", cuenta Diego.

En ese tren, Rulo no se imaginó lo que lograría años más tarde. Tampoco imaginó que su historia con el fútbol terminaría de la mejor manera. Nunca pensó que Diego seguiría sus pasos. Y Nicolás, hijo de Diego, nieto de Raúl, se alista con el mismo entusiasmo de su abuelo cuando tomó aquel tren; o el de su padre cuando emprendió el viaje a Europa sin otro acompañante más que su sombra.

Se disparan las cámaras, y en los pasillos del Monumental queda inmortalizada la foto familiar. Ahí está el pequeño Nicolás, listo para escribir su propia historia…

Las tres generaciones en el
Las tres generaciones en el Monumental (Infobae)