
El final de la era de las nacionalizaciones y del férreo control del Estado sobre la industria petrolera está dando paso a una nueva etapa en un sector clave de la economía venezolana. La gran pregunta es cuánto costará recuperar los niveles de producción, que se redujeron un 67 % desde que Maduro asumió el poder, en marzo de 2013, tras la muerte de Hugo Chávez.
“Hoy PDVSA no está capacitada financiera ni técnicamente, porque se deterioró mucho su capacidad profesional”, afirmó, en diálogo con DEF, Víctor Bronstein, director del Centro de Estudios de Energía, Política y Sociedad (CEEPyS). Este experto opinó que difícilmente el país pueda volver a producir, en el corto plazo, los 3 millones de barriles diarios que tenía en 2011.
Según su pronóstico más realista, en los próximos dos o tres años, Venezuela podría recuperar su producción y pasar del actual nivel de 1 millón a 1,5 millones de barriles diarios. “Al menos en el corto plazo, el aumento de la producción de petróleo venezolano va a depender mucho de Chevron”, afirmó, en referencia a la única compañía estadounidense aún presente en el país.
¿Cuáles son las verdaderas reservas de crudo venezolanas?
Aunque se suele señalar que Venezuela cuenta con las mayores reservas probadas de petróleo del planeta, Bronstein se permite poner un asterisco. Cita un reciente estudio de la consultora Rystad Energy, que reduce sustancialmente la cuantificación que se había realizado durante el gobierno de Chávez.

En lugar de los cerca de 300.000 millones de barriles certificados en 2011 (cuando el precio del crudo superaba los 100 dólares), en las actuales condiciones del mercado, las reservas económicamente explotables ascenderían a 60.000 millones de barriles (cuando el petróleo apenas supera los 60 dólares).
La mayor parte de ese petróleo se ubica en la Faja del Orinoco y se trata de un tipo de crudo extrapesado, con un alto contenido de azufre, para cuya extracción es necesario utilizar diluyentes químicos que permiten su transporte, por oleoducto, hacia las refinerías y terminales de exportación. En el marco del descongelamiento de los vínculos con Washington, justamente, la última novedad fue el levantamiento de las sanciones que impedían la venta de diluyentes de origen estadounidense a la industria petrolera venezolana.
En este rompecabezas, también encajan las refinerías de EE. UU., ubicadas principalmente en la costa del golfo de México, diseñadas para procesar este tipo de petróleo. Actualmente, su mayor proveedor es Canadá (60 %) gracias al petróleo de arenas bituminosas del estado de Alberta; seguido de lejos por México (7 %), que ha reducido en los últimos dos años sus exportaciones de crudo pesado tipo Maya, redireccionado para ser procesado en la nueva refinería de Dos Bocas, de la petrolera estatal Pemex.

¿Cuáles son las inversiones y los tiempos necesarios para recuperar la producción?
La otra gran pregunta es cuál es el volumen de inversiones necesarias para normalizar el funcionamiento de la industria petrolera venezolana, sometida en las últimas dos décadas a controles políticos, vaciamiento operativo y sanciones comerciales estadounidenses. Donald Trump cifró el número mágico en 100.000 millones de dólares, pero, de acuerdo con estudios privados, el presidente estadounidense podría haberse quedado corto.
La hipótesis de máxima de Rystad Energy es que serán necesarios no menos de 15 años para volver a niveles de producción cercanos a los 3 millones de barriles diarios. En un plazo más corto, para llevar los niveles actuales de 1 millón a 1,4 millones de barriles diarios en los próximos dos años, se necesitarán inversiones estimadas en 14.000 millones de dólares. Estas deberán destinarse a una combinación de tareas que incluyen workovers (reacondicionamiento de pozos) y reparación de infraestructuras.
“En las actuales condiciones del mercado global del crudo, con una industria del shale resiliente en EE. UU. y si se mantienen la capacidad de reposición de los socios de la OPEC y el crecimiento robusto de la producción en Guyana y otras regiones, hay muy poco espacio para proyectar una producción adicional de 2 millones de barriles diarios procedentes de Venezuela hasta la segunda mitad de la década de 2030”, afirma el reporte de Rystad, titulado “Trump y la energía. Venezuela y su largo camino de regreso”.

En un balance final, si lo que se pretende es volver a los 3 millones de barriles diarios que Venezuela supo producir antes de la debacle de PDVSA, Rystad concluye que serán necesarias inversiones por 183.000 millones de dólares en los próximos 15 años.
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