Donna Haraway, filósofa estadounidense: “Prefiero ser un cíborg antes que una diosa”

La frase más célebre de “Manifiesto Cíborg”, libro de 1985, resume la rebelión contra los esencialismos de esta bióloga feminista. Un recorrido por las razones de un texto que transformó la relación entre género, naturaleza y tecnología

Donna Haraway, filósofa estadounidense: “Prefiero ser un cíborg antes que una diosa”
Donna Haraway, filósofa estadounidense: “Prefiero ser un cíborg antes que una diosa”
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En el cierre de uno de los ensayos más disruptivos y citados de la teoría contemporánea, una frase brilla con la fuerza de un rayo herético: “Prefiero ser un cíborg antes que una diosa”. La autoría le pertenece a Donna Haraway, una bióloga, filósofa y pensadora estadounidense que, a mediados de la década de 1980, decidió que el feminismo y el pensamiento crítico necesitaban abandonar de una vez por todas los mitos de la pureza y los paraísos perdidos para ensuciarse las manos con las herramientas del presente.

Publicada originalmente en 1985 bajo el título Manifiesto Cíborg: ciencia, tecnología y feminismo socialista a finales del siglo XX, esta declaración no era una simple ocurrencia de ciencia ficción. Era, en realidad, un caballo de Troya teórico destinado a desmantelar los binarismos sobre los que la modernidad occidental había edificado su arquitectura intelectual: hombre/mujer, humano/máquina, naturaleza/cultura, cuerpo/mente. Viajemos a esa época para entender el contexto del libro.

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Promediaban los años 80, la Guerra Fría mutaba hacia la era de la informática y el capitalismo global aceleraba su reestructuración tecnológica. En ese ecosistema, gran parte del feminismo de la segunda ola había tomado un rumbo marcadamente tecnofóbico y esencialista. Corrientes muy potentes del feminismo cultural de la época buscaban la emancipación de las mujeres a través de un retorno místico a la naturaleza.

Se adoraba la figura de la “Diosa”, la “Madre Tierra” y una supuesta esencia femenina pura, pacífica y ajena a la violencia del progreso científico, al que se identificaba como un patrimonio patriarcal. Donna Haraway vio en este refugio espiritual una trampa peligrosa. Al relegar a las mujeres al reino de lo natural, lo intuitivo y lo biológico, el propio feminismo estaba reforzando el viejo estereotipo conservador que históricamente las había excluido de la esfera de la razón, el poder y la producción del futuro.

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Portada del libro Manifiesto Cíborg de Donna Haraway con la ilustración de un huevo que contiene engranajes en un fondo negro.
"Manifiesto Cíborg", libro de 1885 de la ensayista Donna Haraway (Imagen Ilustrativa Infobae)

Su respuesta fue radical: si la tecnología está rediseñando el mundo, las mujeres y las identidades disidentes no pueden quedarse afuera rezándole a una deidad del pasado; tienen que entrar al laboratorio, apropiarse de las máquinas y hackear el sistema desde adentro. Pero, ¿qué es, entonces, el cíborg para Donna Haraway? Es un híbrido de máquina y organismo, una criatura de la realidad social y, a la vez, de la ficción. Pero, fundamentalmente, es un ser que carece de un relato de origen idílico.

El cíborg, dirá Haraway, no nació en el Jardín del Edén, no le debe fidelidad a una naturaleza madre y no busca la unidad perfecta. Al romper la barrera entre lo orgánico y lo tecnológico, el cíborg desbarata la idea de que los cuerpos y las identidades son fijos, puros o “naturales”. El Manifiesto Cíborg se convirtió de inmediato en un texto fundacional del posthumanismo y el ciberfeminismo. ¿Dónde radica su importancia? En que cambió las reglas del juego de la política de la identidad tal como se conocía.

Ya no se trataba de buscar una esencia común para agruparse (ser “mujer” por biología), sino de construir afinidades políticas a través de la fragmentación y la contradicción. La influencia de este ensayo se ramificó rápidamente en la cultura, dialogando en las décadas posteriores con la literatura de William Gibson, el imaginario visual de películas como Blade Runner o The Matrix, y los debates actuales sobre la inteligencia artificial y las modificaciones corporales.

Elegir al cíborg por sobre la diosa condensa, de manera magistral, el núcleo de la filosofía de Donna Haraway. A lo largo de toda su carrera, que incluye obras fundamentales como Ciencia, cyborgs y mujeres: la reinvención de la naturaleza y su más reciente Seguir con el problema: generar parentesco en el Chthuluceno, la autora ha mantenido una misma obsesión: la responsabilidad material y el rechazo a los absolutos. Para Donna Haraway, no existe una “objetividad neutral”, el “truco de Dios”.

Sin ese “truco”, sin esa “objetividad”, lo que hay es un “conocimiento situado”, encarnado en un cuerpo, una época y una geografía específica. La frase que cierra su manifiesto resume esa postura de vida: es preferible aceptar nuestra condición de seres imperfectos, híbridos, atravesados por la tecnología y responsables de nuestra propia construcción política (los cíborgs), antes que reclamar una autoridad moral divina, pura e intocable (las diosas) que nos condene a la inacción y al aislamiento.

Nacida el 6 de septiembre de 1944 en Denver, Colorado, Donna Jeanne Haraway es una de las mentes más brillantes y disruptivas de la bisagra entre los siglos XX y XXI
Nacida el 6 de septiembre de 1944 en Denver, Colorado, Donna Jeanne Haraway es una de las mentes más brillantes y disruptivas de la bisagra entre los siglos XX y XXI

“La unificación política es una tarea de educación y de organización que requiere de la construcción de afinidades políticas, no de identidades naturales esenciales”, dice en el libro. A más de cuarenta años, la provocación de Donna Haraway sigue interpelando un presente donde las fronteras entre lo virtual y lo real se han vuelto porosas. Su llamado no pierde vigencia: en un planeta herido, el refugio no está en la nostalgia de lo que nunca fuimos, sino en la audacia de inventar lo que podemos llegar a ser.

¿Quién es Donna Haraway?

Nacida el 6 de septiembre de 1944 en Denver, Colorado, Donna Jeanne Haraway es una de las mentes más brillantes y disruptivas de la bisagra entre los siglos XX y XXI. Hija de un periodista deportivo y marcada en su adolescencia por el fallecimiento de su madre y una educación católica, forjó un perfil académico profundamente interdisciplinar: se graduó en Zoología y Filosofía en el Colorado College, estudió filosofía evolutiva en París y alcanzó en 1972 su doctorado en Biología por la Universidad de Yale.

Actualmente, Donna Haraway reside en California, tiene 81 años y es Profesora Distinguida Emérita del Departamento de Historia de la Conciencia de la Universidad de California, Santa Cruz (UCSC). Su prolífica obra escrita ha transformado las corrientes de la teoría queer, los estudios culturales y el ecofeminismo global. Sus primeros libros fueron Crystals, Fabrics, and Fields (1976), Manifiesto Cíborg (1985) y los ensayos de Ciencia, cyborgs y mujeres: la reinvención de la naturaleza (1991).

Su interés por dinamitar el antropocentrismo occidental la llevó a profundizar en la relación entre los seres humanos y los animales, publicando títulos emblemáticos como Visiones de Primate (1989), El manifiesto de las especies de compañía (2003) y Cuando las especies se encuentran (2008). Su última gran intervención editorial, Seguir con el problema: Generar parentesco en el Chthuluceno (2016), permanece como una brújula intelectual ante la crisis ecológica global contemporánea.

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