En Dau, un proyecto descomunal tanto por su ambición como por sus métodos de rodaje extremos, el cineasta Ilya Khrzhanovsky muestra tres décadas de brutalidad y totalitarismo en la Unión Soviética, a través de los ojos de Lev Landau, uno de los físicos más grandes del siglo XX.
Presentada en la Mostra de Venecia, donde compite por el León de Oro, la película de más de tres horas es el resultado de un proyecto iniciado hace 20 años por el realizador, que en 2024 renunció a su nacionalidad rusa para protestar por la guerra en Ucrania y ahora vive en París.
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Dau, cuyo título proviene del sobrenombre de Landau, traza la vida de este científico, Premio Nobel de Física en 1962, y que se vio obligado por las autoridades a trabajar en la creación de la bomba atómica.
El investigador, de mente brillante y carácter idealista, verá como sus principios vuelan en pedazos debido a la brutalidad y la vigilancia constante de la maquinaria soviética.
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“Cambiar el mundo”
Khrzhanovsky, de 51 años, afirma haber “querido hacer una película sobre esta generación de científicos que pensaban poder cambiar el mundo [...] y que al final contribuyeron a crear el arma más destructiva”.
“Soy un hijo de la Unión Soviética”, precisa. “Y trato de entender por qué somos así. ¿Qué nos pasó en aquella época? ¿Y qué nos está pasando ahora?”, comenta en una entrevista con esta agencia.
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Dau forma parte de un proyecto global multidisciplinar que incluye otras dos películas, estrenadas en 2020 en la Berlinale, con escenas de sexo explícito, y que fueron objeto de acusaciones de abusos.
El largometraje presentado en Venecia requirió cientos de figurantes, la reconstrucción a tamaño real de un instituto secreto de investigación soviético y tres años de rodaje en Járkov, Ucrania, entre 2008 y 2011.
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Algunos intérpretes y figurantes vivían permanentemente en el instituto reconstruido, en las condiciones de la URSS de la época (entre 1938 y 1968), y tenían la consigna de permanecer en su personaje sin interrupción.
En algunas de las escenas más monumentales de la cinta, se reconstruyen con precisión las calles de Járkov devastadas por la hambruna en los años 1930.
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En otro momento, se recrean los juicios estalinistas contra los científicos. En uno de ellos, Khrzhanovsky filmó un proceso en su totalidad, sin guión, con actores y no profesionales que tenían que improvisar.
“Los jueces y el fiscal en esta escena son exdelincuentes, porque han vivido muchos juicios y conocen el protocolo”, explica el cineasta.
“Y en la época soviética, los jueces, la KGB, ellos también eran excriminales. Quise aprovechar esa energía de gente dura, que se enfrenta a personas inteligentes y cultas”, cuenta.
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El director también contrató a verdaderos neonazis para las escenas finales de la película.
Críticas de Ucrania
Antes de su estreno, Dau ya creó revuelo.
El Gobierno ucraniano lo criticó por sus vínculos con personas cercanas al Kremlin y por el hecho de haber filmado Járkov como una ciudad soviética, rusificada.
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Khrzhanovsky admite que el multimillonario ruso Serguéi Adonyev financió parte del proyecto Dau, pero que eso fue entre 2008 y 2019, antes de que Estados Unidos le impusiera sanciones a raíz de la guerra en Ucrania.
“Soy el único director de cine de ficción que Moscú considera un agente extranjero”, insiste el cineasta para defenderse.
Entiende, sin embargo, que los ucranianos no lo miren con buenos ojos. “No quiero pasarme, están bajo la presión de esta terrible guerra”, continúa, asegurando estar totalmente del lado de Kiev en el conflicto.
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El director asegura que no regresará a su país natal próximamente.
“No veo ningún futuro brillante (para Rusia) al menos durante los próximos diez años”, advierte.
Fuente: AFP.
Fotos: Reuters/ Yves Herman.
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