“No poder disfrutar enteramente de esta alegría me alegra muchísimo”: Alejandro Dolina recibió el doctorado honoris causa de la UBA

El escritor, músico y conductor fue distinguido con el máximo reconocimiento honorífico que otorga la Universidad de Buenos Aires, en una ceremonia realizada en la Facultad de Ciencias Sociales

Alejandro Dolina sostiene un diploma de la Universidad de Buenos Aires junto a autoridades universitarias sobre un escenario ante el público
Junto a autoridades académicas, Alejandro Dolina exhibe su diploma de doctor honoris causa otorgado por la Universidad de Buenos Aires
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La Universidad de Buenos Aires (UBA) distinguió en la noche del viernes al escritor, músico y conductor radial Alejandro Dolina con el doctorado honoris causa, el reconocimiento honorífico de mayor jerarquía que otorga esa casa de estudios. La ceremonia, celebrada en el Auditorio de la Facultad de Ciencias Sociales, reunió a más de 700 personas que ovacionaron de pie al homenajeado.

Fiel al estilo con el que durante décadas mezcló filosofía de café y empatía popular, el escritor y conductor del programa radial de culto La venganza será terrible (40 años en el aire, todo un dato) convirtió su discurso de agradecimiento en una reflexión sobre la melancolía que trae la experiencia y la naturaleza trágica de la condición humana. Con la ironía que lo distingue, remató el momento con una paradoja: la alegría de no poder disfrutar plenamente de la alegría.

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El viernes por la noche, la sala colmada del Auditorio de la Facultad de Ciencias Sociales fue el escenario del homenaje, que contó con la presencia del rector de la UBA, Ricardo Gelpi; el vicedecano Diego de Charras; el director del Ciclo Básico Común, Felipe Vega Terra; la directora de la carrera de Comunicación, Larisa Kevjal; y el director de la carrera de Ciencia Política, Miguel de Luca. También asistieron docentes, estudiantes, autoridades universitarias, amigos y familiares del homenajeado.

De Charras estuvo a cargo de las palabras de bienvenida y subrayó el vínculo entre la trayectoria de Dolina y la misión de la Facultad: “Este diploma es la máxima distinción de nuestra universidad y busca reconocer el conocimiento que no necesariamente se gesta en las aulas, pero que es tanto más importante porque en esta casa de estudios nos dedicamos a estudiar la cultura popular. La presencia de Alejandro atraviesa la formación de nuestros estudiantes a lo largo de toda la historia de esta Facultad”, expresó el vicedecano.

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La directora de la carrera de Comunicación fue la encargada de pronunciar el elogio académico. En su discurso, Kevjal trazó el impacto de Dolina más allá del mundo literario y señaló que su nombre dejó de designar a una persona para convertirse en categoría cultural: “Su nombre se volvió adjetivo, verbo, una forma de retórica argumentativa: A lo Dolina. Eso es dolinesco. Eso es doliniano. Vaya pavada de legado”.

Dos hombres sentados a una mesa con micrófonos y botellas de agua delante de un fondo con la inscripción UBASociales
Gabriel Rolón dialogó con Alejandro Dolina en el cierre de la ceremonia realizada en la sede de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA

También señaló que incluso uno de sus personajes de ficción dio nombre a una plaza del barrio porteño de Flores: el Ángel Gris. “Es el triunfo de la prosa”, afirmó. “La demostración de que la ficción puede cruzar la frontera de la página e intervenir sobre la realidad. Y acaso ese sea uno de los mayores reconocimientos que puede recibir un escritor: que sus personajes comiencen a caminar por el mundo sin pedirle permiso”.

Al cerrar su elogio, la directora resumió en pocas palabras el legado de décadas de obra: “Gracias por haber construido durante décadas un lugar al que millones de personas pudimos entrar, donde todavía cabe la imaginación, el humor, la música, la literatura, el amor, la melancolía y, por supuesto, las palabras. Gracias, Alejandro Dolina. Gracias, Negro. Gracias, Doctor”.

Dolina reflexionó sobre la alegría, la melancolía y el valor de la universidad pública

Tras recibir el diploma y la medalla de distinción, el flamante doctor honoris causa tomó la palabra ante un auditorio que lo había ovacionado de pie. En su discurso, combinó la gratitud con una serie de reflexiones personales sobre el paso del tiempo y la condición humana: “Las alegrías después de cierta edad vienen acompañadas por una deliciosa melancolía y por una noble tristeza. No porque uno sienta los achaques, sino porque uno comprende mejor la naturaleza humana, siendo ésta trágica”.

Con una paradoja que lo define, reconoció que la propia alegría del reconocimiento no podía ser plena: “Quiero decir que no poder disfrutar enteramente de esta alegría me alegra muchísimo”.

Dolina también reivindicó el rol de la universidad pública como espacio de intercambio y comunión colectiva: “Por eso estamos aquí en una universidad pública, porque aquí es donde se recibe pero también donde se da, y donde se produce a veces durante un ratito, un momento de comunión siendo que nuestra vida en general es solitaria”. Recuperó además sus años como estudiante de Derecho para destacar el valor del vínculo entre pares: “Pocas comuniones hay más fuertes que la del compañero. El compañero es preferible al profesor muchas veces. El profesor está demasiado lejos. En cambio, los compañeros estaban cerca y ayudaban mejor a buscar el conocimiento y el sentido”.

Vista panorámica de un escenario con personas sentadas a una mesa frente a un auditorio lleno de público en sus asientos
Alejandro Dolina y Gabriel Rolón dialogaron este viernes por la noche en una colmada aula magna de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, en el barrio porteño de Constitución

Con su habitual ironía, el escritor se autodefinió como un “impostor” dentro del ámbito académico y rechazó de antemano el lugar común de “la universidad de la calle”: “Le voy a rogar que nadie me diga que yo provengo de la universidad de la calle. No es un foro muy adecuado para formarse. Las cosas que se aprenden en la esquina no siempre son académicamente interesantes”. Hacia el final, lanzó una referencia velada a las políticas de ajuste en educación al señalar que quienes gobiernan los estados nacionales deberían “preferir la inauguración de universidades y colegios antes que las de parrilladas”.

La ceremonia concluyó con un diálogo entre Dolina y el psicólogo y escritor Gabriel Rolón, que el público presenció como el cierre de una velada cargada de afecto. Rolón recitó unos versos del homenajeado —“La duda es la vida”— y le preguntó por esa conexión. Dolina respondió: “La respuesta es definitiva y se trata de eludir lo definitivo. La pregunta abre. La respuesta clausura”. Consultado también por su interés en la mitología, el escritor la definió como “la ciencia reemplazada por la poesía. Y el mundo que resulta de esa construcción tiene sentido. La mitología tiene metáforas para todo; para todo hay sentido, el sentido que da el arte”.

[Fotos: prensa UBA]

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