La belleza de la semana: una historia del fútbol y del arte, en un viaje por 11 obras

En pleno mundial norteamericano, un recorrido por grandes obras del deporte rey a lo largo del siglo XX

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Belleza - fútbol
La belleza de la semana: una historia del fútbol y del arte, en un viaje por 11 obras

En pleno mes mundialista, el fútbol es el rey. Así que la belleza, esta vez, recorrerá 11 obras, una por jugador de campo, del deporte más popular del planeta.

Por supuesto, no es un listado tipo ranking, ni que busca ser historicistas del estilo “la primera obra”, sino proponer algunas obras esenciales que marcan un poco el recorrido del deporte durante el siglo XX (y también del arte): los inicios, la prohibición del fútbol femenino, el juego en la infancia, el deporte como fenómeno popular y el nacimiento de un club, entre otrs temas, en manos de artistas como Rouseau, Malevich, Zárraga, Portinari, Berni o Picasso.

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¿Y qué con el arte contemporáneo? Quizá sea para otro 11. Quizá.

“Les joueurs de football”, de Henri Rousseau

Henri Rousseau
“Les joueurs de football”, de Henri Rousseau (Guggenheim Nueva York)

A pesar de que empezó a pintar en serio recién en sus 40s, el artista Henri Rousseau (1844-1910) evitó quedar relegado en la historia del arte gracias a su vínculo con un grupo de maestros consagrados, un respaldo que, según señaló el escritor André Malraux, terminó por asegurarle un lugar en el modernismo.

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Los jugadores de fútbol, probablemente, se inspiró en el primer encuentro internacional entre Francia y Inglaterra, jugado el año en que se realizó la obra, 1909, en París. Pero, ¿es un partido de fútbol o de rugby?

La relación entre ambos deportes es profuna: ya que el hoy más popular, que tiene fecha de creación oficial en 1863, es una derivado del otro, ambos nacidos en Inglaterra, por lo que cabe preguntarse si Rousseau realmente conocía de que se trataba eso de jugar con los pies o si retrató a un arquero (o portero), marcando un puente entre ambos.

La pintura se caracteriza por una escala y una perspectiva inusuales: los árboles aparecen desproporcionadamente altos y los jugadores, sobredimensionados, se ven casi como figuras planas recortadas sobre el paisaje, en un rechazo explícito de las reglas convencionales de la representación espacial.

El jugador ubicado en el centro y más cerca del espectador suele interpretarse como una referencia visual o un autorretrato del propio Rousseau.

“Dinamismo di un calciatore”, de Umberto Boccioni

Umberto Boccioni
“Dinamismo di un calciatore”, de Umberto Boccioni (MoMA)

Dinamismo de un futbolista (1913) es una pintura al óleo de Umberto Boccioni (1882–1916) y no es solo una de las grandes obras del futurista italiano, sino también de las más reconocidas en torno al deporte. Un clásico de este tipo de notas.

La obra muestra a un futbolista desmaterializado: la pantorrilla aparece en el centro y, alrededor, se distinguen partes de otros cuerpos. El uso de colores divididos en secciones genera un efecto de iluminación sobre la figura, mientras que la superposición de formas transparentes y opacas remite a una influencia cubista.

La pintura se vincula con un principio del Manifiesto Técnico de la Pintura Futurista: “Para pintar una figura humana no hay que pintarla; hay que representar toda su atmósfera circundante... el movimiento y la luz destruyen la materialidad de los cuerpos”, escribió Boccioni.

“Painterly Realism of a Football Player—Color Masses in the 4th Dimension", de Kazimir Malevich

Kazimir Malevich
“Painterly Realism of a Football Player—Color Masses in the 4th Dimension", de Kazimir Malevich (Art Institute Chicago)

Kazimir Malevich (1879-1935) fue una de las figuras más decisivas en el avance hacia la abstracción no objetiva a través del movimiento suprematista. Antes había trabajado en un lenguaje cercano al cubismo y al futurismo, pero fue en 1915, año de esta obra, esa búsqueda alcanzó una forma plenamente desarrollada.

Realismo pictórico de un jugador de fútbol: masas de color en la cuarta dimensión formó parte de un grupo de obras que Malevich produjo en secreto para 0.10 (Zero-Ten): La última exhibición de la pintura futurista, realizada en Moscú en 1915, considerada una de las muestras decisivas de la modernidad, en la que presentó pinturas que eliminaron toda referencia reconocible al mundo visible y concentró la atención en la relación entre formas geométricas de distintos colores suspendidas sobre fondos blancos.

A partir de esa decisión, propuso una nueva clase de realismo en pintura, vinculada a la metáfora espacial de la cuarta dimensión.

La pieza también fue concebida para desestabilizar la orientación tradicional del cuadro. Malevich la exhibió sin marco y rechazó asignarle una posición precisa, una decisión que luego reforzó al abandonar la idea convencional de “arriba” y “abajo” en sus obras.

“Cupid Playing Football with the World”, de Eric Gill

Eric Gill
“Cupid Playing Football with the World”, de Eric Gill (The Ingram Collection of Modern British and Contemporary Art, Londres)

El británico Eric Gill (1882-1940) fue un tipógrafo y gran escultor inglés, creador de la famosa familia de tipos Gill Sans.

Realizada en 1929, un año antes de que el fútbol seduciera al mundo para siempre en Uruguay, Cupido jugando al fútbol con el mundo contiene una de sus principales características: combinar lo mítico (o lo religioso) con lo erótico.

Si bien es considerado “el mayor artista-artesano del siglo XX: un tallista de letras y diseñador de tipos genial,” por el Oxford Dictionary of National Biography y sus esculturas se destacan por todo el Reino Unido, su figura desapareció debido a las confesiones, en su diario íntimo, de abuso sexual a dos de sus hijas y a su perro.

“Las futbolistas”, de Angel Zárraga<b> </b>

Angel-Zarraga
“Las futbolistas”, de Angel Zárraga (Museo de Arte Moderno, México)

Desde París 1900, el deporte comenzó a ser parte de los Juegos Olímpicos y en Estocolmo ‘12 se sumó a las artes con las categorías arquitectura, literatura, música, pintura y escultura. Esta obra del mexicano Angel Zárraga (1886-1946) formó parte de Ámsterdam 1928, que tenía como premio una muestra en el Museo Stedelijk y una medalla equivalente a la de los atletas.

Las futbolistas retrató a Jeanette Ivanoff, Henriette Comte y Théresè Renault, ganadora de la primera Copa de fútbol femenino de Francia en 1922, pero es más que un retrato, sino un reclamo, un gesto de respeto.

Zárraga fue el primer artista en el mundo en retratar el fútbol femenino en un lienzo, un hecho que provocó revuelo en un ambiente deportivo, ya que el fútbol femenino, fundado en 1895, fue prohibido en 1902.

Sin embargo, llegó la Gran Guerra y las mujeres tomaron los campos mientras los hombres luchaban en el frente y a pesar de la gran popularidad, finalizada la contienda bélica, volvió la prohibición: en 1921 se volvió a vetar a los clubes que alojen partidos femeninos. La obra de Zárraga, en ese sentido, es una provocación al status, un grito de gol a la memoria.

“Going to the Match”, de L.S. Lowry

Laurence Stephen Lowry
“Going to the Match”, de L.S. Lowry (Lowry Collection, Manchester)

Laurence Stephen “L.S.” Lowry (1887-1976) es otro artista que, seamos honestos, no se encuentra en los libros de Historia, pero como ganador del certamen “Football and the Fine Arts”, de 1953, realizado por los 90 años de la fundación del deporte, merece una aparición.

El cuadro Yendo al partido (1928) representa una escena en Bolton, mostrando a la clase trabajadora acudir masivamente a un partido del Wanderers, una rutina de los sábados cuando el fútbol era todavía propiedad de las clases populares, previa parada por el pub, y no un negocio multimillonario.

La obra se convirtió en una de las más cotizadas relativas al deporte. Permaneció en una colección privada desde 1950 durante más de 40 años y cuando salió a subasta en 2011, marcó un récord para Lowry, con un valor que superó los USD 7 millones.

“Any Wintry Afternoon in England”, de Christopher Nevinson

Christopher Richard Wynne Nevinson
“Any Wintry Afternoon in England”, de Christopher Nevinson (Manchester Art Gallery)

El inglés Christopher Nevinson (1889-1946) plasmó una escena invernal de un partido de fútbol en una tarde fría y húmeda, donde los jugadores se “mueven” a partir del uso de las líneas, con un fondo de chimeneas fabriles y plantas de gas.

Cualquier tarde invernal en Inglaterra (1930) se inscribe en el vorticismo, un movimiento artístico británico de corta duración de comienzos del siglo XX, que derivó del cubismo, aunque se lo vinculó con el futurismo por el dinamismo y la representación de la “edad de la máquina”.

La diferencia central con el futurismo está en el modo de captar el movimiento en una imagen: la vida moderna aparece como una disposición de líneas marcadas y colores discordantes que conducen la mirada hacia el centro del lienzo. En la escena del partido, ese efecto se refuerza con un patrón de líneas cortas y diagonales que acentúan el desplazamiento y repiten el ritmo de los tejados del paisaje industrial.

“Partita di calcio”, de Carlo Carrà

Carlo Carrà
“Partita di calcio”, de Carlo Carrà (Galleria d'Arte Moderna en Roma, Italia)

Carlo Carrà (1881-1966) llevó el fútbol al centro de su pintura en un óleo sobre lienzo de 1935, una obra que traduce la energía de las multitudes deportivas en cuerpos tensos, ritmo visual y equilibrio cromático, y que también refleja cómo el deporte ganó peso en el imaginario artístico italiano de esos años.

Ese interés no fue aislado. En 1936 y 1939, las ediciones de la Exposición Nacional de Arte Deportivo promovida por el Comité Olímpico Nacional Italiano dieron cuenta de la popularidad que habían alcanzado los temas atléticos en el arte bajo el régimen fascista.

Aunque no era aficionado al fútbol en sentido literal, Carrà veía en ese deporte uno de los espectáculos más fascinantes del movimiento y de las multitudes. En junio del ’34, la azzurra ganó por primera vez la Copa del Mundo tras vencer a Checoslovaquia. Ese triunfo internacional pudo influir en su creciente interés por captar la fuerza colectiva y el dinamismo vinculados al deporte.

Futurista durante su juventud, en esta fase, el artista priorizó la estructura, la geometría sutil y la plasticidad de las formas para sugerir la emoción del juego. El cuadro se define por un equilibrio rítmico y cromático que organiza a los cuerpos en tensión y convierte el movimiento en el eje de la composición.

“Futebol”, de Candido Portinari

Candido-Portinari
“Futebol”, de Candido Portinari (Protejo Portinari, Río de Janeiro)

El acercamiento de Portinari (1903-1962) le hace honor a su nombre, Cándido, ya que el gran pintor brasilero recrea una escena de su infancia, el fútbol que vivió a la hora de la siesta en la paulista Brodósqui antes de mudarse a Río de Janeiro durante la adolescencia.

En la composición en tonos rojos y ocres se observa a ocho niños, representados a través de juguetes de bebés, marcando esa inocencia, que juegan descalzos, revelando la clase social, con arcos marcados con piedras.

Fútbol (1935) presenta una escena rural, de pueblo, que incluye animales, un cementerio y una escuela en el fondo, donde ondea la bandera de Brasil. Es una historia sencilla, de la que todos pueden ser parte. Un deporte que une, un deporte donde todos tienen el mismo derecho.

“Club Atlético Nueva Chicago” de Antonio Berni

Antonio Berni
“Club Atlético Nueva Chicago” de Antonio Berni (Museo MOMA de Nueva York)

La historia del fútbol argentino está ligada al desarrollo de los ferrocarriles en manos inglesas y, desde una mirada romántica, con el rol de los jóvenes detrás de la fundación de los clubes, en la primera mitad del siglo XX.

Así sucede con Club Atlético Nueva Chicago (1937) de Berni (1905-1981), en la que representa la creación del club del barrio porteño de Mataderos, el 1 de julio de 1911, cuando un grupo pibes del barrio se reunió sobre un puente de madera.

La obra condensa la esencia de ese espíritu, los muchachos, todos vestidos con camisetas de diferentes clubes de la zona, dialogan y posan como una formación lista para un partido, con un barrilete, otro signo de la época, de un lado y sandías del otro, mostrando la relación con el mercado. Paradójicamente, esta obra emblemática -para la que realizó fotos de donde sacó los modelos- se encuentra en el MoMA de Nueva York.

“Footballeur”, de Pablo Picasso

Carlo Carrà
“Footballeur”, de Pablo Picasso (Museo Nacional del Fútbol de Manchester)

A comienzos de la década del 60, Pablo Picasso (1881-1973) creó obras en torno al fútbol, entre ellas una serie de litografías en las que las figuras aparecen con rasgos mínimos disputando un balón en el aire que se asemeja a un huevo frito, sobre un terreno marcado por manchas verdes.

También realizó una escultura de chapa metálica que cortó, dobló y pintó en tonos pastel, con malva en la camiseta y negro y marrón en la cara, los pies y las manos. Esa pieza mide 5 cm y está en el Museo Picasso de París.

Sin embargo, Futbolista es la más conocida de todas es una escultura que realizó, en 1965, de cerámica blanca de 28 cm, que se exhibe en el Museo Nacional del Fútbol de Manchester desde 2012. El español hizo cientos y cientos de esculturas, que haya trabajado tan poco en torno al deporte revela, un poco, su desinterés.

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