
Una pintura temprana de Rembrandt olvidada durante siglos saldrá a subasta el 1 de julio en Sotheby’s con una estimación de USD 10 a 16 millones, después de que una restauración y un nuevo estudio permitieran identificar en la obra un retrato de la propia familia del artista y una defensa visual de la tolerancia religiosa en la República neerlandesa de la década de 1620.
La obra, Let The Little Children Come Unto Me de 1627, permaneció desconocida hasta fines de la década de 2010. Su historia quedó desdibujada por repintes posteriores y por registros de procedencia incompletos durante más de tres siglos.
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La estimación actual de venta, entre 10 millones y 16 millones, contrasta con los 1,5 millones de euros pagados por su dueño actual en una subasta en Colonia en 2014. En ese momento, la pintura fue catalogada de forma imprecisa, aunque no errónea, como “Escuela holandesa, mediados del siglo XVII”.
Rembrandt había abandonado la universidad en 1620, frustrando las expectativas familiares de una carrera estable, y en los años siguientes cargó a sus padres con los costos de su formación. Para 1627, ya de regreso en Leiden tras su paso por Ámsterdam, habría presentado esta escena de Cristo bendiciendo a un grupo de niños como una prueba de que ese gasto no había sido en vano.
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El primer propietario conocido fue el coleccionista de Ámsterdam Floris Soop, a quien Rembrandt también retrató como portaestandarte. El hijo de Soop vendió la pintura en 1663 y, desde entonces, las huellas documentales se vuelven escasas hasta su aparición en una colección de Berlín Occidental a mediados del siglo XX.

La clave para los especialistas estuvo en un joven situado al fondo de la multitud, que no mira a Jesús ni a los niños, sino directamente al espectador. “El autorretrato es una prueba decisiva”, dijo el experto en arte neerlandés Christopher Brown, curador de la muestra “Young Rembrandt” del Ashmolean Museum de Oxford en 2020.
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Según Brown, ese rostro vivaz coincide con los aguafuertes y retratos pintados por el artista en ese mismo período. A partir de esa identificación, comenzó a emerger lo que el medio describe como todo un clan familiar dentro de la composición.
El hombre de pie en la sombra, al fondo, sería el padre de Rembrandt. La mujer anciana con un tocado azul pizarra sería su madre; la mujer de mejillas sonrosadas a su lado, probablemente su hermana de bautismo huérfana; y las dos figuras situadas justo debajo del joven artista, sus padrinos.
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La concentración de familiares en una sola escena no tiene paralelo en otras obras del pintor. Aunque Rembrandt solía trabajar a partir de modelos del natural para crear intimidad, ninguna otra pintura conocida reúne a su familia de un modo tan completo.
Otra coincidencia formal refuerza la atribución: el rostro de Cristo se asemeja estrechamente al de Cristo expulsando a los cambistas del templo, una obra de 1626. Esa cercanía suma una prueba más a favor de la mano del artista.
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La pintura también es inusual por razones técnicas y estilísticas. Carece del claroscuro más característico de Rembrandt y es demasiado grande y compleja para haber sido convertida en grabado, que era el destino de muchas de sus primeras escenas bíblicas.
Según el análisis realizado para Sotheby’s, Rembrandt nunca terminó el cuadro. Los rostros apenas esbozados de los discípulos a la derecha indican que la obra quedó abandonada cuando estaba completada en unas tres cuartas partes, lo que la convertiría en la única pintura conocida del artista dejada inconclusa en ese estado.
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Entre cinco y 20 años después, otro pintor la completó. Ese segundo autor añadió zonas del primer plano y rehízo algunos detalles que durante siglos ocultaron partes sustanciales de la concepción original.
Una restauración realizada a lo largo de la última década retiró parte de esas intervenciones y dejó visible la mano inicial del maestro. El cambio más importante afectaba el centro ideológico de la escena: un hombre alto y barbado ubicado en el centro llevaba originalmente turbante, señal de una figura de Oriente Próximo y de fe no cristiana, pero el repinte sustituyó ese elemento por un gorro neerlandés.
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Para Andrew Graham-Dixon, historiador del arte británico que examinó la obra para la casa de subastas, ese detalle altera por completo el sentido del conjunto. “Si uno mira no solo esta figura, sino a todas juntas, da la impresión de que representan un amplio espectro de la humanidad y de las creencias religiosas”, dijo al medio.
Graham-Dixon situó esa lectura en el clima político y religioso de la época. “Casi hubo una guerra civil entre los protestantes liberales y los calvinistas ortodoxos por el alma de la República holandesa en torno a la cuestión de la tolerancia”, afirmó.
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A esa disputa teológica se sumaba la Guerra de los Treinta Años en los territorios alemanes vecinos. Durante la década de 1620, ese conflicto empujó a decenas de miles de refugiados hacia la República neerlandesa, y Leiden, entonces principal centro textil de Europa, se convirtió en un foco de llegada y de tensiones sociales.
La escena de personas diversas que atraviesan una puerta estrecha para acercarse a Cristo puede leerse, en ese contexto, como una toma de partido. La pintura sitúa a Rembrandt del lado de la tolerancia al reunir en un mismo espacio a figuras distintas que acceden por igual a la bendición.
En el plano religioso, esa posición anticipa la que el artista mostraría más tarde en sus retratos de líderes remonstrantes liberales. Aquí, sostiene la publicación, aparece ya en la propia elección del tema: la salvación de los niños.
Las representaciones que celebraban a la infancia eran relativamente raras en una época de alta mortalidad infantil. La escena también funciona como una respuesta a la doctrina calvinista de la predestinación, según la cual los niños, nacidos en pecado original e incapaces de elegir por sí mismos a Dios, probablemente estaban condenados.
“Está claro de qué lado está Rembrandt”, dijo Graham-Dixon. “Estos niños están con Dios; están sentados en el regazo de Cristo y avanzan hacia él. Muestra a Rembrandt como un artista tan humano y compasivo”.
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