Carlos Ulanovsky abre su archivo de entrevistas, memoria viva de la música popular en 60 años

El libro ‘Notas musicales de un periodista cultural’ reúne diálogos con Charly García, Mercedes Sosa, Caetano Veloso y Astor Piazzolla entre otros. De allí, Infobae Cultura publica una imperdible charla con el genial bandoneonista

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Carlos Ulanovsky
El periodista Carlos Ulanovsky reúne en su nuevo libro casi seis décadas de entrevistas con grandes figuras de la música popular iberoamericana

Carlos Ulanovsky reúne en Notas musicales de un periodista cultural. Entrevistas 1967-2025 casi seis décadas de conversaciones con figuras centrales de la música popular iberoamericana. El libro, publicado por Gourmet Musical Ediciones, compila entrevistas realizadas para distintos medios gráficos y digitales a músicos, directores, compositores, intérpretes, cantantes, críticos y productores, en un arco temporal que arranca en 1967 y llega hasta 2025.

Ulanovsky, periodista desde su adolescencia y “oyente de radio desde los cinco años” según cuenta, construyó este archivo a partir de la curiosidad y de una relación personal con la música que él mismo define como parte de su propia educación sentimental. El volumen recoge encuentros con figuras como Charly García, Mercedes Sosa, Astor Piazzolla, Luis Alberto Spinetta, Fito Páez, Osvaldo Pugliese, León Gieco y Caetano Veloso, entre muchos otros. Al decir del autor, “estas charlas no solo hablan de los músicos y la música que escuchó y entrevistó, sino que son el rescate del músico que podría haber sido y que no fue”.

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Infobae Cultura publica a continuación una de las entrevistas que integran este libro, realizada a Astor Piazzolla en 1968.

Astor Piazzolla: Otra vez con la mufa (1968)

Hoy, 18 de enero, al finalizar su actuación en el festival de música popular que se realiza en el pueblo de Balcarce, el discutido, discutible bandoneonista marplatense Astor Piazzolla (cuarenta años, separado, dos hijos) procederá a disolver su famoso quinteto, un grupo que desde 1960 se dedicó, ni más ni menos a hacer muy buen tango orquestal.

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Es una lástima, pero también una vieja necesidad de Piazzolla: “Cada vez que me vuelve la mufa, dejo todo, vendo todo, me voy”, se justifica, mientras asegura que la del quinteto es la octava disolución que decide en su carrera de director.

—¿Y ahora por qué le agarró la mufa otra vez?

—Porque me canso, me canso de las cosas; tengo la necesidad física de renovarme. Tocar con el quinteto, sentir el mismo sonido del violín, el bajo, la guitarra, el piano, me aburre mucho, Mire, cuando vino la gente del Modern Jazz Quartet, el director me decía lo mismo. Hacía once años que tocaban juntos, y ya no se aguantaban más. Más de una vez les dije a los muchachos: vamos a terminar agarrándonos a patadas.

—De todos modos, todas ésas son cosas suyas, y su público es el que carga con la gran frustración. Un admirador suyo decía los otros días que tenía ganas de preguntarle, lo más insolentemente posible “Che, Piazzolla, ¿a quién le ganaste?”.

—Me gané a mí mismo, que es muy importante. Entre el 60 y el 67 impuse en Buenos Aires cosas que no existían: lugares nocturnos para escuchar música moderna, en especial tango, que hasta el momento de salir nosotros en Jamaica era odiado por los nocheros; que el público empiece a considerar el tango no como música bailable, sino como música escuchable. Además, ojo, que yo no dejo la música; si mi vida es la música. Lo que ocurre es que el quinteto se agranda y tengo ideas distintas.

—Pero al fin, después de tantas luchas, ¿que dejó la manera de tocar tangos de Piazzolla? Porque evidentemente, el tango sigue tan en decadencia como antes, D’Arienzo sigue vivito y coleando pese a que usted amenazó eliminarlo.

— D’Arienzo está eliminado, mi amigo. Aquellos que más combaten el piazzollismo son los que más imitan sus fórmulas. El caso de Stampone, Federico, Baffa-Berlingieri y de centenares de orquestas que me critican y paralelamente están dentro de mi estilo. Usted me trae 100 long plays de tangos y, de los 100, 99 me imitan. Inclusive las orquestas malas, hasta D’Arienzo, se preocupan por cambiar sus estructuras armónicas.

En la entrevista con Ulanovsky, Piazzolla afirmó que "el piazzollismo" existe y que muchas orquestas de tango imitaban sus fórmulas y cambios armónicos (Foto: EFE/Pupetto Mastropasqua)
En la entrevista con Ulanovsky, Piazzolla afirmó que "el piazzollismo" existe y que muchas orquestas de tango imitaban sus fórmulas y cambios armónicos (Foto: EFE/Pupetto Mastropasqua)

—¿Y qué puede decir de su versión del poema de Baldomero Fernández Moreno, Setenta balcones y ninguna flor, incluida en el disco Catorce para el tango? Fue una concesión, pero usted dice que lo engañaron.

—Me equivoqué; me dieron LSD el día que me encontré con el maldito ése, Ben Molar. Además, yo tengo derecho a meter la pata, y esta vez reconozco que la metí bien a fondo.

—¿El piazzollismo existe?

—Creo que sí: lo mío no ha sido un estilo que se inventó así, por inventarse. Fueron muchos años de lucha, de búsquedas, de cosas nuevas.

—Pero ahora, toda esa lucha la manda enterita al diablo ¿No sabe lo que quiere o simplemente se siente viejo para seguir luchando?

—Yo soy un lírico y lo que menos me interesa en el mundo es el dinero. Yo pierdo mucha plata disolviendo el quinteto, pero gano en otras cosas: en nuevos hechos, en nuevas emociones; voy a tener una nueva orquesta. Además, no estoy viejo: este cambio, para mí, es como una inyección de optimismo como usted no tiene idea. Es una especie de renacimiento. No es el primer conjunto que dejo; desde 1944 que estoy dejando y rehaciendo orquestas. Lo que ocurre es que los músicos son unos cómodos. Cuando tienen un lugar seguro, se olvidan de la música y les duele mucho dejar de ganar dinero. Y ahora como mi pianista Osvaldo Manzi se dedica a su trío, y mi guitarrista Oscar López Ruiz se dedica a Donna Caroll, yo he decidido dedicarme a Piazzolla. El otro día dije: Si no fuéramos profesionales diríamos qué lindo es esto, pero qué lástima que no lo podamos hacer. Como somos profesionales no tenemos más remedio que hacerlo. Por eso formo mi nuevo grupo de once músicos con la base del actual quinteto, más un cuarteto de cuerdas, más un flautista, más un percusionista. En los cantos estarán Egle Martin y Hugo Marcel. También habrá un recitador.

—Claro; para acentuar aún más las dudas. Para que el público deje de saber definitivamente si Piazzolla es un exitista buscador de originalidades o un vanguardista real.

—Que me dejen de jorobar, que me dejen tranquilo. Lo único que hay aquí es que yo puedo hacer música de vanguardia, y si quiero tocar a la manera clásica o si no tocar a la manera intermedia. O sea, por si no se dio cuenta, puedo tocar a la manera que se me dé la gana. Piazzolla es un tipo que puede hacer lo suyo, pero también puede hacer todo lo otro. Los que chillan son los que se sienten incapaces de hacer lo mío, los que apenas pueden hacer lo de ellos y lamentablemente mal. Los que hace treinta años tocan de la misma manera.

—Hablando de quedarse. A partir de la serie de los tangos del ángel, ¿qué otros aportes realmente novedosos reconoce en la trayectoria de Piazzolla?

—Después de la serie del ángel, vino la serie del diablo, que ya es un estilo totalmente distinto. Los últimos temas del quinteto, Todo Buenos Aires, La mufa, Retrato de mí mismo, Revolucionario, Retrato de Alfredo Gobbi, son ya temas y estilos profundamente nuevos.

—Alguna vez usted aseguró que el pasado no le interesaba, que no le podía aportar nada. De pronto, sin embargo, aparece editando una inexplicable historia de tango.

—La historia de que me habla es una especie de homenaje que yo les hago a todos los compositores que han hecho algo, inclusive a aquellos compositores que musicalmente no han aportado nada. En una palabra, era un homenaje que le debía a toda esa gente que hizo algo por la música de Buenos Aires.

—¿Se anima a nombrar un bandoneonista que le haga sombra a la figura de Piazzolla?

—No hay. Pero Leopoldo Federico y Mederos tocan muy, pero muy bien.

*Notas musicales de un periodista cultural. Entrevistas 1967-2025 se presenta el martes 9 de junio en el Museo del Libro de la Biblioteca Nacional (Av. Las Heras 2555, Buenos Aires).

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