Cómo se construye un lector: Daniela Azulay

Desde los primeros cuentos hasta descubrir a Bernard Shaw, la premiada periodista y mediadora relata cómo cada libro marcó el comienzo de un camino de sorpresas. “Todos podemos ser lectores”, afirma

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Primer plano de Daniela Azulay sonriendo, mujer de cabello gris con gafas claras y uñas rojas, apoyando la mejilla. Estanterías con libros al fondo
Daniela Azulay es mediadora de lectura, periodista y educadora por el arte, con experiencia en publicaciones y proyectos educativos

Daniela Azulay, escribe, saca fotos, ama a los perros y a los gatos, además de ser madre de tres hijos, tener una gata, un gato y un compañero. Nada de eso, le impide –o tal vez por todo eso– ser mediadora de lectura y escritura, fotógrafa, periodista y educadora por el arte, además de leer con avidez y de escribir. En 2025 publicó una crónica de viaje y fotos, Una herida absurda (Hora Mágica), y este año 2026, Modos y lugares donde sucede la lectura: Una radiografía posible (Colección fanzines, de Casa Imaginada).

Escribió para Infobae, es parte del equipo de Escuelas Lectoras del Ministerio de Educación/GCBA, y recorre escuelas rurales con la Fundación Ruta 40, entre otro largo listado de actividades.

Cómo se construye un lector: Daniela Azulay INTERIOR
"Una herida absurda" es uno de sus libros más recientes

—¿Cómo se construye la identidad lectora?

—La identidad lectora se va construyendo en un continuum, con lo que lees, con lo que te leen, con la posibilidad de discernir qué te gusta y qué no, y para eso es clave tener acceso a diversidad de libros.

Creo que se va armando con las personas, los libros, las historias que te rodean, con las palabras que vas escuchando: cuentos, novelas, canciones, refranes, dichos, recetas, propagandas, películas, paisajes.

Y también se construye cuando existe la posibilidad de elegir por vos misma, cuando hay habilitados espacios en los que las personas pueden explorar y decidir qué leer. Por eso creo que es clave que, además de las lecturas decididas por otros: docentes, mediadores, familia —importantísimas, sí— en la escuela o en otros espacios no formales, se brinde la posibilidad de elegir libremente.

Y como dice Michelle Petit, no alcanza solo con el acceso: es importante encontrarse en el recorrido con otros, con otras.

Mujer de cabello gris y gafas en la cabeza sonríe, sosteniendo un libro de "Aventuras de Alicia" con portada de niña rubia, frente a estanterías llenas de libros
La identidad lectora se construye desde la infancia a partir del acceso a diversidad de libros y el acompañamiento de personas cercanas, dice Daniela Azulay

—¿Creés que un libro podría despertar el interés por leer?

—Sí, el acceso a los libros ya genera ese movimiento, y un libro en particular puede ser un gran mediador en la vida de una persona. Sin embargo, ese encuentro suele estar atravesado por alguna situación concreta o por alguien que habilitó ese espacio y esa posibilidad. Aun así, sí, creo que a veces un libro puede operar como mediador, puede despertar algo que nos altere, que nos convierta en lectores.

Nunca sabemos cuál va a ser ese libro que va a dar el pinchazo, (como decía Horacio González citando a Barthes), ese libro que te va a tocar una fibra y te va a transformar para siempre.

Una mano sostiene un libro infantil blanco titulado "¿Qué hora es?". En el fondo, un libro abierto con ilustraciones de niños y perros sobre una superficie roja
El acceso libre a los libros en la escuela y espacios no formales es fundamental para fomentar el gusto por la lectura en niños y jóvenes, según Daniela Azulay

—De un hogar sin madre ni padre ni familiares lectores, ¿puede surgir un ávido lector?

—Estoy convencida de eso. No creo que la falta de lectores y libros en el seno familiar impida que alguien se convierta en lector. Obvio que es alucinante cuando los chicos y las chicas crecen en hogares con madres, padres, tías, abuelas que transmiten el deseo de leer, y comparten lecturas, historias, palabras, pero para nada creo que eso sea una condición sine qua non para convertirse en lectores.

Tal como dice Graciela Montes: la escuela es la gran ocasión, pero también puede serlo un club, una biblioteca, la casa de un amigo o de algún pariente lejano, unas vacaciones.

En relación con la escuela, vuelvo a Montes, no sabemos qué pasó antes en la vida de chicos y chicas, y tampoco sabemos qué va a pasar después, la escuela es la oportunidad para que se encuentren con la lectura. La formación lectora es un proceso que nunca se termina, siempre está en movimiento y la escuela ofrece un tiempo y una posibilidad concreta.

—Pensando en esto, ¿hay un momento para empezar a leer?

—No creo que haya un momento único. Lo que sí creo es que, cuanto más tiempo se pasa sin acceso a los libros, más difícil es sentir que la lectura es para vos.

Por eso es clave creer y promover la idea, para mí una certeza, de que todos podemos ser lectores. Pero también es necesario aprender a leer: tienen que darse las condiciones para que eso suceda.

Incluso hay personas que, aun sabiendo leer, sienten que la lectura no es para ellas. Ahí hay un trabajo muy interesante, especialmente desde la infancia: habilitar el acceso, mostrar que no hay un único libro posible, que hay múltiples caminos, que siempre puede haber un libro que te esté esperando, exactamente para vos.

Hay personas que se vuelven lectoras de maneras inesperadas. En mi experiencia con el Taller de Arte y Literatura de las mujeres en La vereda (Asociación Civil, biblioteca comunitaria) fue una apuesta leer novelas por entrega, libros de largo aliento. Mujeres que en muchos casos nunca antes habían leído — o escuchado— una novela. Y sin embargo fue una posibilidad y fue la primera vez para muchas de ellas, y también fue el inicio de muchas lecturas más.

Retrato de Daniela Azulay, una mujer sonriente de cabello gris largo, camiseta negra y collar con dije oscuro. Al fondo, estanterías con libros
El acceso libre a los libros en la escuela y espacios no formales es fundamental para fomentar el gusto por la lectura en niños y jóvenes, señala

—¿Qué es ser mediador de lectura? ¿Es algo ligado a la educación o hay otros tipos de mediadores?

—Para mí, un mediador de lectura es alguien que convida, que lee en voz alta, que acompaña, que transmite libertad para elegir, que promueve, que está atento a lo que sucede con las personas con las que se relaciona, con los grupos con los que trabaja —si se trata de un mediador del ámbito educativo—.

Pienso en un cuento de Amélie Nothomb, “El holandés ferroviario” (en el libro Brillante como una cacerola), que es una especie de juego con la leyenda de El holandés errante, en donde aparece un personaje que no solo habla todas las lenguas imaginables, sino que también adivina las lenguas de las personas con las que se cruza en un compartimiento de tren. Y para mí hay algo de eso en la mediación: estás ahí, sabés algo, tenés deseo de compartir algo que te interesa y también estás ahí adivinando lo que puede interesarle a otro, siempre probando, apostando al encuentro.

En la mediación hay algo de eso: buscar, explorar, estar atento, intuir qué puede interesarle al otro, sabiendo que siempre se trata de ensayo y error, pero cuanto más escuches, más oportunidades de encuentro habrá. Un mediador es alguien que busca, que lee para sí mismo y para ofrecer a otros, que invita, que respeta las elecciones de quienes leen y ofrece más: este libro, mirá, probalo. Un mediador o una mediadora ayudan, acompañan e invitan. Los mediadores tenemos que animarnos a dejar que prueben eso que desean, como la señora Phelps, la bibliotecaria de Matilda, de Roald Dahl. Y a tentar al que no, como la protagonista de Un libro para Bruno, de Nikolaus Heidelbach. Y con esto, de paso, les recomiendo estos libros.

Creo que hay algunas actitudes importantes: no apresurarse, no abandonar la partida, estar disponible, no interferir, sugerir sin imponer. Poder decir: “probá con este libro, si querés”, pero también invitar a buscar por cuenta propia. Implica observar qué lee una persona, qué temas le interesan, para poder ofrecer desde ahí.

Y por sobre todo, un mediador tiene que ser lector, como dice Mempo Giardinelli, que ante todo desea un mediador, un docente, un bibliotecario que sea lector, para que no se convierta la invitación a leer en una prédica vacía que repite slogans que no se practican. Se dice “hay que leer”, pero no se habilita el tiempo para hacerlo.

El mediador también da un lugar, brinda un espacio, un tiempo: es presencia, alguien que está ahí para llegar con libros y sembrar el deseo.

Cómo se construye un lector: Daniela Azulay INTERIOR
Las experiencias personales y el contacto con libros diversos marcan el camino lector y alimentan la pasión por la lectura de por vida. En esta imagen, una Daniela pequeña ya tenía interés por los libros

—¿Recordás tu primer encuentro con los libros?

—Sí. Cuando cumplí 40 años, al celebrarlo, armé de regalo fragmentos de mi recorrido lector, en el sentido que propone Laura Devetach en La construcción del camino lector (libro que también recontrarecomiendo): todos tenemos un camino de palabras, lleno de refranes, frases, historias y también libros.

Ahí recordé especialmente El Conejo Pedro, de la colección Muñequitos de Sigmar. Y ¿Qué hora es?, de la misma colección. Los escuchaba y los miraba una y otra vez, me encantaban. Y los Cuentopos de Gulubú, que lo paseaba por todos lados. Hay varias fotos que lo documentan, jajaja.

Después vinieron más y más lecturas, El quillet de los niños, Los 7 secretos, Puck en los 29 libros de la saga (o tal vez más), Cómo divertirse en horas libres. Alicia en el país de las maravillas, Alicia a través del espejo, La torre de cubos, El libro de los chicos enamorados… la lista sigue y sigue.

También recuerdo una gran desilusión después de leer Anne la de Avonlea, la de Tejados Verdes, Anne y su pequeño mundo. Me enamoraba tanto de lo que leía que quería leer todo lo que aparecía, y más. Como la mamá de un amigo trabajaba en la embajada de Canadá, le pedí datos sobre la isla del Príncipe Eduardo, y durante mucho tiempo tuve posters y fotos que ella me consiguió. Cuando ya no encontré más títulos, apareció uno más: Historias de Avonlea, también de Montgomery, que en la dedicatoria decía algo así como “Para todas las jóvenes del mundo que quieren saber algo más sobre Anne”. Una desilusión: no cumplió.

Y desde muy chica, y junto con mi amiga Viviana, nos apasionamos con obras de Bernard Shaw; especialmente Pygmalion. Y fuimos a ver después la obra al Cervantes. Y, por supuesto, Mujercitas, Los muchachos de Jo, Hombrecitos… y también Ocho primos.

[Fotos: gentileza D. A.]

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