A veces decir “la calor” no está mal: lo que no sabías sobre el valor de hablar y escribir bien según Silvana Stabielli

Profesora, influencer y asesora lingüística en medios, la especialista ahora saca un libro que ayuda a elegir los términos más convenientes. Por qué eso es fundamental

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Silvana Stabielli dice que no
Silvana Stabielli dice que no hay nada que no pase, finalmente, por las palabras

“Quiero que cada lector pueda armar un vocabulario propio para describir sensaciones, opiniones y sentimientos”, escribe Silvana Stabielli en su último libro Atlas de palabras únicas. Es profesora de francés, traductora, licenciada en Letras, asesora lingüística de canales de televisión e influencer: en Instagram y en TikTok la conocen como Góngora. Es, además, editora de estilo en los canales TN y eltrece. “Este libro funciona como un artefacto que contiene distintas cosas, como los atlas, que contenían desde láminas hasta mapas e infografías. Hay veintiún relatos y cada uno está precedido por una nube de palabras. La idea es mirar esa nube de palabras antes de leer y ver qué entendemos y qué ignoramos. Luego las palabras empiezan a actuar”, dice.

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Atlas de palabras únicas

Por Silvana Stabielli

eBook

$9,99 USD

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Stabielli apunta al gran público y apela, a la vez, a los grandes autorse. “Cada palabra tiene un carácter performativo. Como decía Bajtín, todo es discurso y uno puede modificar determinadas realidades a partir de aquello que dice, que promete, que jura. Ahí nos damos cuenta cómo con la palabra podemos hacer cosas. Y los personajes de estos relatos hacen cosas con palabras. También incluí elementos interactivos: páginas intermedias donde le propongo al lector que reemplee las palabras que vio adentro de los vocabularios. Son ejercicios que parecen tontos pero que nos ayudan a encontrar nuestro verdadero mundo de palabras y apropiarnos de eso”, comenta.

—¿Cómo surgió la idea de escribir el Atlas?

—No partió de mí. Fue un desafío que me propuso la editorial Planeta, en particular mi editor, Rodolfo González Arzac. Me dijo que quería que escribiéramos un libro que tuviera palabras especiales, palabras únicas. Cuando pensé en ese concepto, me vino a la cabeza ese tipo de libros con palabras que, según las culturas, existen para nombrar aquello que es muy preciado para alguna cultura. Entonces, uno encuentra determinadas culturas donde las aves son muy importantes, y existen muchas clases de aves, tenemos un inventario de nombres de aves. A veces es muy curiosa la manera en que nombran determinadas cosas, el horario del día, el momento en que se pone el sol. Sin embargo, me parecía que eso era un diccionario de curiosidades, que ya existe, pero que no era algo que íbamos a emplear o que iba a ser útil para el que lo leyera. Y esa idea de que tiene que ser también una herramienta es una idea que yo me propuse desde el primer momento. Yo trabajo entre periodistas, en una mesa de redacción, y a veces lo que buscan los periodistas y lo que buscamos todos los que trabajamos con palabras es claridad y precisión.

-¿Por ejemplo?

-No es lo mismo decir que alguien está enojado, que está furioso, que está iracundo. No son lo mismo la tristeza, el temor, la melancolía, la abulia. Sabemos que hay una palabra que es la palabra perfecta para determinado contexto. Y lo mejor es elegir esa palabra, saberla para poder emplearla en el momento justo. Mi concepto de palabra única es ese. Es necesario tener más palabras, porque quien tiene más palabras y se expresa mejor, tiene más oportunidades en la vida.

Hablar bien no es lo
Hablar bien no es lo mismo en cualquier contexto. El libro de Silvana Stabielli

—¿Qué significa “escribir y hablar bien”?

—Esa es mi preocupación de todos los días. En mis redes hay muchísimo material. ¿Por qué se dice "hubo" y no "hubieron"? ¿Por qué no hay que decir "si tendría"? ¿Por qué no hay que decir "la primer candidata"? Todos esos elementos de corrección lingüística me parecen muy importantes. El tema de la expresión oral y escrita cumple un rol muy importante para cualquier disciplina. Hay dos ingenieros: uno sabe más que el otro, pero el segundo expresa mejor aquello que sabe y es el que finalmente se va quedar con el puesto. Hay una cuestión utilitaria en todo esto. Ni hablar los que trabajan con las palabras, los comunicadores, los periodistas, los profesores. Aquello que oímos en los medios de comunicación tiene el prestigio o la idea de qué es lo correcto. Tenemos la responsabilidad de llevar adelante la palabra, es muy importante.

-¿Y fuera de lo laboral?

-En la lengua familiar me parece que los límites son muy distintos. Yo no me voy a poner a discutir con la gente que dice “voy de mi tía”. Si me preguntan si está bien o está mal, yo les digo que para la redacción formal y los criterios de corrección lingüística está mal. Pero “voy de mi tía” es un italianismo que está absolutamente difundido por cómo se fue armando nuestra lengua, que pasó por la inmigración. Mil veces me preguntan por “la calor”. La manera estándar de decirlo es "el calor", pero en muchos lugares se dice la calor y es una variante posible. El tema no es estar todo el tiempo con un látigo pensando la corrección lingüística desde ese lugar. Hay que pensarla desde el registro, dónde es válida determinada comunicación y lengua familiar y dónde es necesaria la lengua estandarizada. Esa es mi búsqueda.

—En un mundo lleno de imágenes, ¿por qué es importante tener cierto dominio del lenguaje?

—Son dos lenguajes completamente distintos. Aquello que sentimos necesita de las palabras para ser contado. Una de las primeras definiciones de la lengua es que es lo que sirve para nombrar el mundo. Y ustedes pueden pensar la cantidad de palabras nuevas que hemos tenido que integrar con la tecnología o con los nuevos fenómenos del cambio climático.

Imagen y palabra, juntas. Cómo
Imagen y palabra, juntas. Cómo se aprende desde niños. (Imagen Ilustrativa Infobae)

-¿Cómo sería?

-Por ejemplo, hace unos años, la contaminación era lo más preocupante en Europa. Empezamos a hablar de microplásticos, que son las partículas de plástico que provocan la contaminación más fuerte de los mares. Esa palabra antes no existía. Tuvo que ser inventada. Se inventó como se inventan los neologismos. Se le agregó ese prefijo micro a la palabra plástico. Y esas partículas, microplásticos, que se veían, que estaban, que habían sido relevadas, tenían que poder registrarse con palabras para poder explicar el fenómeno. Ante cada nuevo fenómeno, cada nuevo evento, necesitamos el concepto y el concepto se da a través de la palabra. La necesidad de la palabra, en el momento en que la imagen parece tener toda la supremacía, había quedado medio oculta. Lo que pasa es que finalmente nos dimos cuenta que aquello que recibíamos como imágenes muchas veces salía de nosotros con palabras. Todas las percepciones tienen, de alguna manera, que ser interpretadas por una palabra. Por eso el mundo de las palabras va creciendo, es infinito, y los hablantes tenemos herramientas para crear nuevas palabras y contar el mundo tal como se va desarrollando. La imagen sigue su camino y sirve para mostrar. La palabra sirve para actuar sobre aquello que ves.

—¿Y en tiempos de IA? ¿Cuál es el valor de las palabras?

—A veces creemos que con la inteligencia artificial no vamos a tener que pensar más. Hay algo que sí es muy importante para tener en cuenta. El otro día lo decía Mario Pergolini en una entrevista. La necesidad de poder ser precisos, claros y minuciosos en las instrucciones que nosotros le damos a la inteligencia artificial es lo que garantiza que los resultados sean igual de fidedignos, minuciosos, precisos y ricos. Nosotros queremos que los resultados sean los mejores, los más rentables, los más útiles para aquella tarea que nosotros le proponemos a la inteligencia artificial. Solo dando la orden precisa, minuciosa y exacta, vamos a conseguir los resultados exactos. Y eso solo se hace a través de la palabra. Quien es más competente en el terreno lingüístico va a obtener mejores resultados de la máquina. Y la relación que tenemos nosotros con esa nueva manera de definir el mundo es la palabra. Nosotros lo que hacemos con la Inteligencia Artificial lo hacemos a través de la palabra en gran medida, más que nunca y en cualquier disciplina, desde inventar una vacuna hasta escribir un libro o hacer un tratado de veterinaria. Todo lo que vos quieras saber para interiorizarte lo vas a conseguir a través de la palabra. El dominio de la palabra va a estar en foco a partir de este nuevo paso de la modernidad.