
De regreso en Buenos Aires Juan Chiavassa, baterista argentino nacido en Venado Tuerto en 1991 y radicado en Brooklyn, vuelve para el lanzamiento de Fourth Generation, su primer disco como líder el jueves 29 de enero en Bebop Club.
Formado en el Berklee College of Music con una beca completa y distinguido con el Avedis Zildjian Scholarship Award, ha cdompartido escenario con figuras como Mike Stern, Paquito D’Rivera, Esperanza Spalding, Russell Malone, David Kikoski y Benito González, entre otros
Chiavassa, que se prepara para una fecha junto con músicos locales, grabó este trabajo en Nueva York acompañado por figuras de la escena internacional. En una conversación con Infobae Cultura, Chiavassa explora el sentido de este debut, el vínculo con la tradición del jazz y los desafíos de construir una carrera fuera del país.
—En Fourth Generation reunís a figuras icónicas como John Patitucci, George Garzone, Leo Genovese y Mike Stern. ¿Cómo fue para vos conceptualizar un repertorio que permitiera tanto honrar el legado del jazz moderno como plasmar tu voz personal como líder?
—La elección de los temas se dio de manera bastante natural, aunque hubo una búsqueda consciente de un repertorio que resultara familiar para todos nosotros y que permitiera minimizar el uso de partituras. Son temas que pertenecen a un universo musical común entre los integrantes del grupo. Mi intención fue elegir, dentro de esa familiaridad, piezas menos exploradas, con un costado más oscuro, para que la interpretación pudiera ser verdaderamente espontánea. Este disco forma parte de un legado que hoy en día está un poco perdido, en el que el foco no está puesto tanto en la composición en sí, sino en la interpretación de la pieza y en el lenguaje.

—El álbum fue grabado con todos tocando en vivo, sin partituras escritas, buscando espontaneidad y libertad creativa. ¿Cuáles fueron los desafíos y las satisfacciones más grandes de ese enfoque de grabación para un proyecto de esta magnitud?
—No lo viví como un desafío; por el contrario, creo que ese enfoque potenció el sonido del grupo y el discurso individual de cada músico. Al tratarse de material familiar, no era necesario estar pendiente de una partitura ni siquiera de la forma del tema: muchos detalles surgieron de manera completamente natural. Fue la primera vez que el grupo tocó junto, incluso sin ensayo previo. Aun así, los sonidos se sintieron muy familiares desde el primer momento, porque todos habíamos tocado entre nosotros en otras ocasiones y había un clima de confianza. Con Leo [Genovese] compartí muchísimo desde que me mudé a Estados Unidos en 2013; con George [Garzone], que fue mi mentor en Berklee, también estudié, toqué y compartí mucho tiempo; y con Mike [Stern] toco regularmente desde 2020. Con John [Patitucci] nos conocíamos, aunque nunca habíamos tocado juntos en vivo, pero él sí había compartido escenarios con los demás durante muchos años.
—Tu trayectoria en Nueva York te ha puesto en contacto con una enorme diversidad de estilos y músicos. ¿De qué manera tu paso por Berklee y tu inserción en la escena neoyorquina moldearon tu lenguaje rítmico y compositivo reflejado en este disco?
—Parte de ese universo común del que hablo está directamente relacionado con Berklee. Cuando llegué, Leo me conectó rápidamente con muchísimos músicos de los cuales nutrirme, como George, con quien estudié, toqué y compartí mucho tiempo. A John también lo conocí en Berklee. Siempre tuve la curiosidad de aprender de cada músico que conozco, y creo que la mejor manera de ampliar el lenguaje es tocando con la mayor cantidad de músicos posible, preferentemente mejores que uno. El jazz es un gran lenguaje que, a su vez, contiene muchísimos sublenguajes y dialectos. Para poder tener una conversación musical espontánea –o incluso para entenderla desde el lugar del oyente– es necesario manejar esos lenguajes con cierta fluidez. La música es como un gran árbol genealógico: con el tiempo uno descubre que los distintos lenguajes están conectados entre sí. Ese es el concepto general de este disco, y desde ahí surgieron tanto la elección de los músicos como la del repertorio.

—En la grabación incluiste composiciones de referentes como Wayne Shorter, Joe Henderson y George Garzone. ¿Qué buscás transmitir al reinterpretar estos clásicos dentro de un proyecto que se presenta como una “cuarta generación” del jazz?
—El concepto de fourth generation, que da título al disco, tiene varias aristas: algunas más evidentes y otras más personales. Como mencionaba antes, el álbum tiene una estética sonora y una forma de tocar que provienen de una era en la que el jazz estaba en transición y se interpretaba con mucha intensidad. Estas piezas me parecían el vehículo perfecto para la forma de tocar de los músicos que convoqué. Wayne Shorter y Joe Henderson fueron pioneros de esa etapa. John Patitucci y Mike Stern, a su vez, fueron figuras centrales de la música que vino después, y ambos tocaron con Wayne y Joe, por lo que ese legado se fue transmitiendo de generación en generación.
Los músicos que participamos de este disco pertenecemos a cuatro generaciones distintas, unidas por un mismo hilo musical que nos identifica. Y, como dato de color, todos somos descendientes de italianos –Chiavassa, Patitucci, Genovese y Garzone–; yo soy cuarta generación italiana. Por eso me pareció pertinente incluir el tema de Garzone Tutti Italiani.
—Además de tu labor como intérprete, también producís y componés para otros proyectos. ¿Cómo influye ese rol de productor en tu forma de liderar una sesión de jazz tradicional como la de Fourth Generation?
—Tuve la suerte de producir el disco Candombe, de Julieta Rada, que obtuvo una nominación a los Latin Grammy 2025 como mejor álbum folclórico. En ese proyecto participaron muchas figuras del jazz internacional, ya que lo grabamos en Nueva York con la idea de darle un color más global a parte del repertorio clásico del candombe, un género que de por sí tiene una enorme riqueza rítmica y armónica.
También me interesa involucrarme en proyectos que no están necesariamente ligados al jazz ni a la batería: me gusta escribir canciones, incluso letras. Como decía antes, la música son lenguajes, y me resulta muy enriquecedor poder explorar distintos universos y comprender otras formas de expresión. De todos modos, muchas de las tareas propias de un productor –el sentido crítico, el oído musical, la búsqueda de coherencia, el buen gusto, la toma de decisiones, la comunicación– trascienden cualquier género.

—Mirando hacia adelante, ¿qué metas o exploraciones estéticas te entusiasma abordar después de este primer álbum como líder, y cómo sentís que Fourth Generation marca un punto de inflexión en tu carrera?
—Fourth Generation marca sin dudas un punto de inflexión: es mi primer disco como líder de un grupo de jazz, y nada menos que junto a un conjunto de músicos legendarios, muchos de ellos entre mis favoritos en todo el mundo. Es una experiencia que me va a acompañar para toda la vida, tanto por lo vivido como por la música que quedó registrada.
Ya grabé mi segundo disco, que espero que salga este año. Tiene una estética totalmente diferente, pero con la que me siento igual de identificado. Es un álbum en formato trío, junto al pianista David Kikoski y el bajista Boris Kozlov, con un repertorio muy ligado al sonido del piano trío contemporáneo estadounidense. En este caso, sí incluye algunas composiciones mías.
—Este 29 de enero te presentás en vivo en Bebop Club con un quinteto integrado por Mariano y Sebastián Loiacono, Santiago Liebson y Mauricio Dawid. ¿Cómo pensaste este repertorio para el formato local y qué esperás que viva el público porteño esa noche?
—Con Mariano, Sebastián, Mauricio y Santi tocamos juntos desde hace muchos años. Compartimos un lenguaje y un sonido que se complementan muy bien para lo que buscamos musicalmente. Por eso no dudé en presentar el disco con esta formación, que en realidad es una banda ya existente: el Loiacono Chiavassa Quinteto.
Además de nuestros propios proyectos, también hemos sido banda de músicos como Russell Malone y el pianista Benito González, lo cual es coherente con esta idea de honrar y aprender de los maestros, y de que el sonido siga pasando de generación en generación.
Espero que podamos canalizar la energía de esos referentes y el espíritu de esta música, y hacerla llegar al público porteño.
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