
“Robert Redford eres un Dios para mí”. La frase lanzada por el director Gregg Araki antes de presentar su nueva película I Want Your Sex, resume el espíritu que atraviesa esta edición del Festival de Sundance: un homenaje colectivo a la estrella de Hollywood que convirtió a Park City (Utah) en el epicentro del cine independiente y que hoy es despedida con nostalgia por artistas, público y organizadores.
“Creo que jamás nadie en la industria de Hollywood pensó, voy a usar mi increíble y poderoso talento de superestrella para crear este espacio para cineastas rarísimos con diferentes voces”, dijo Araki. “Posiblemente sin Sundance, yo no estaría aquí”, añadió el exponente del New Queer Cinema, quien comenzó su carrera en este encuentro en 1992 con The Living End.
La figura de Robert Redford siempre ha estado presente en el Festival de Sundance: en los videos introductorios de los estrenos en los emblemáticos teatros de la pequeña y montañosa Park City, en las anécdotas de quienes tuvieron la fortuna de conocerlo, o en la especulación sobre su vida cuando dejó de recorrer las calles de la pintoresca ciudad que en esta época del año combina el cine con el esquí por igual.

Este año su leyenda ha crecido. El actor, que supo fusionar talento, belleza y activismo, falleció el pasado 16 de septiembre a los 89 años en su casa de Utah, dejando un vacío en una comunidad en pleno momento de cambio para el festival de cine independiente más influyente de EE.UU.
Noche de recuerdo para Robert Redford
En una gala repleta de estrellas, durante el primer Festival de Cine de Sundance desde su fallecimiento, cineastas y actores cuyas carreras fueron moldeadas por Robert Redford y el Instituto Sundance que él fundó, reflexionaron sobre su legado como padrino del cine independiente. El festival de 2026 —el último en Utah, antes de reubicarse en Boulder, Colorado— es una carta de amor al refugio que Redford estableció en Utah hace décadas para historias que no encajaban en el circuito principal de la industria cinematográfica.
Incluso cuando el festival se traslada a su nuevo hogar, la parte del legado de Redford que, según su hija, significaba más para él, permanecerá en Utah: los programas de laboratorio del instituto para escritores y directores. “Cuando mi papá pudo haber creado un imperio, creó un nido”, dijo su hija, Amy Redford. “El Instituto Sundance fue diseñado para apoyar, proteger, nutrir y luego dejar en libertad. Hay pérdida, pero también hay oportunidad. Recordar lo que hizo y por qué, y llevarlo con nosotros en nuestras decisiones”, dijo su heredera y miembro del consejo de administración del Instituto Sundance.

Los laboratorios, que comenzaron en 1981, llevan a narradores emergentes al rústico resort en el norte de Utah para nutrir sus talentos bajo la guía de expertos y lejos del bullicio de Hollywood. Tres de los cinco nominados a mejor director en los premios Oscar de este año —Paul Thomas Anderson, Chloé Zhao y Ryan Coogler— pasaron por los laboratorios.
Zhao, cuyo filme Hamnet fue nominado esta semana a ocho premios Oscar, atribuyó al laboratorio de guionismo el impulso inicial de su carrera en 2012. Bajo la mentoría de Redford y la directora del programa Michelle Satter, dijo que aprendió a confiar en su propia visión y obtuvo una comunidad invaluable de creativos.
En las alfombras rojas de los estrenos de este año los organizadores portan por gusto pines con la foto de Redford en su inolvidable atuendo de Sundance Cassidy, su personaje en la cinta Butch Cassidy and the Sundance Kid, que lo catapultó a la fama a finales de la década de 1960. En los autobuses gratuitos que conectan la muy transitada ciudad, los asistentes se presentan, comentan las películas que acaban de ver y no falta la frase común: “El festival se llama así por esa película”.

Michelle Satter, directora sénior fundadora de los Programas para Artistas del Instituto Sundance, y amiga cercana del actor de El Golpe (1973) contó: “Todos los días pienso en él”. “Redford siempre será mi luz guía, su visión profunda, su amor por contar historias y por los artistas, y su capacidad de unirnos a todos como comunidad, tiene un significado más grande del que jamás podría imaginar”, añadió.
Otros menos cercanos, como el programador del festival Basil Tsiokos, recuerda la naturalidad con la que el ícono hollywoodense se paseaba por el festival y participaba en sus eventos. “Recuerdo que una vez fue llamado de manera sorpresiva al escenario para participar en una sesión de preguntas y respuestas de una película que estaba moderando. Fue totalmente inesperado y de la nada tuve que improvisar. Él era muy generoso, muy cercano y siempre apoyó y acompañó a los cineastas”, aseguró.
Fuente: EFE (con información de AP)
[Fotos: prensa Sundance Festival]
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