
La publicación de Vida extraordinaria marca un nuevo capítulo en la trayectoria de Cristian Turdera, reconocido ilustrador, docente y diseñador argentino. Tras más de dos décadas dedicadas a ilustrar textos de otros autores, Turdera debuta como autor integral en el formato de libro álbum, una propuesta que conjuga palabra e imagen en una narrativa destinada tanto a la infancia como al público adulto.
El proyecto, impulsado y desarrollado durante su labor como director de la diplomatura en ilustración para libro álbum en la Universidad Nacional de las Artes (UNA), representa para el artista la oportunidad de explorar nuevas formas de expresión y de profundizar en los vínculos entre imagen, memoria y juego. En entrevista con Infobae, Turdera repasó el proceso de creación, sus motivaciones personales y la complejidad técnica detrás de una obra que apuesta a la sencillez narrativa y al poder evocador del arte visual.
El encuentro con Turdera ocurrió en un momento especial: su salto a la autoría completa en el formato que más lo apasiona. A lo largo de su trayectoria, publicó más de cuarenta títulos ilustrando palabras de otros autores, pero ahora se animó a narrar y dibujar su propia historia, desde una perspectiva íntima y lúdica. La experiencia, admitió, fue desafiante y gratificante a la vez. “El proceso fue difícil, costoso, por momentos con cierta incertidumbre, conversé mucho con colegas sobre el asunto, fui consciente de hasta dónde podía llegar, y finalmente no intenté contar una gran historia, sino una historia pequeña, pero traté de contarla bien”.

Para el ilustrador argentino, la legitimidad profesional no depende de ser autor integral. “Existe la idea de que el autor integral legitima la profesión, y yo no estoy para nada de acuerdo con eso”, aclaró. Haber esperado años para lanzarse a un libro propio no responde a una presión externa, sino a una necesidad creativa concreta. “Lo hice porque me interesaba la experiencia, pensarlo, reflexionarlo, aprender, porque finalmente es un aprendizaje”.
El proceso coincidió con otro hito en su carrera: la creación y dirección de una diplomatura en ilustración para libro álbum en la Universidad Nacional de las Artes (UNA). Según Turdera, este camino académico y personal confluyó en la necesidad de armar un libro completo desde cero. Su búsqueda, sin embargo, no apunta a legitimar su carrera, sino a experimentar y expandir los límites de su trabajo. “Ser ilustrador es ilustrar textos, conceptos, palabras, muchas veces de otros; es un servicio, comunicación. Ilustrar mi propio texto es diferente, pero no más importante”.
El germen de Vida extraordinaria surge, en parte, de la mirada que Turdera tiene sobre los objetos, la infancia y la memoria. “Tengo un vínculo con los objetos de la infancia muy particular. Mi taller está lleno de juguetes, de objetos antiguos. El juguete en sí me provoca algo más allá de mi propia infancia. El objeto juguete contiene un montón de cosas que me interesan: la tridimensión, el lenguaje estético, la funcionalidad”. No se define como coleccionista, pero prefiere rodearse de aquello que le emociona y que, en este libro, se transforma en material narrativo y visual.

La historia que Turdera narra es pequeña, cotidiana y universal: un señor que se reconecta con su parte más aniñada, una invitación a recuperar la mirada lúdica y la capacidad de asombro. “Ahora existe un permiso, un beneficio de que ir a ver una película infantil también entusiasme a los adultos porque los productos están pensados para que cada uno conecte desde el lugar que pueda”, observó. Para él, las buenas historias no necesitan ser grandilocuentes: “No se trata tanto de generar una gran historia, sino de que cualquier historia, por pequeña que sea, puede estar bien o mal contada”.
El proceso de creación fue extenso y riguroso. Turdera calculó que el trabajo total, desde la primera idea hasta la publicación, llevó cerca de un año. “Cada ilustración puede requerir cuarenta, cincuenta o sesenta horas de trabajo. Es un libro que, desde el punto de vista de la producción, implicó mucho tiempo y dedicación, más allá del proceso de las ideas y de definir qué va en cada doble página”. La ilustración final, una escena llena de detalles y guiños visuales, representó un esfuerzo especial: “Esa doble página tiene muchos detalles, muchas lecturas y tiene que ver con esto de encontrar aquello que ya habíamos visto en el libro, pero resignificado de otra manera”.
En cuanto al lenguaje visual, Turdera no buscó innovar, sino apoyarse en una técnica y un estilo que le resultan familiares: una atmósfera retro, tanto en colores como en formas, que atraviesa su obra y que en este libro se potencia para dar vida a su universo.

Detrás de cada proyecto, Turdera priorizó el aprendizaje y la curiosidad. “El motor es lo que no conozco. Hay algo de contar historias para contárselas a uno mismo. No hay algo altruista de dejar un legado o contar la gran historia a un público, sino una búsqueda personal”. Le interesa, sobre todo, que sus libros y dibujos dejen preguntas abiertas en quien los recorre: “Mi ideal es provocar algún mecanismo que le genere algunas preguntas que antes no tenía”.
Aunque lleva décadas vinculado a la ilustración y el diseño —trabajó en agencias publicitarias, coordinó talleres y publicó en medios de todo el mundo—, Turdera no se define como escritor. Su relación con la palabra es, ante todo, experimental. “Mi vínculo con lo literario es tratar de comprender la relación entre palabra e imagen, ver cuántas palabras caben en una imagen y cuántas imágenes caben en una palabra”.

Al pensar en el futuro, no descarta repetir la experiencia del libro álbum, aunque no lo fuerza. “Sería raro direccionarlo, pero me encantó la experiencia y probablemente se repita, entre otros tantos proyectos que llevo adelante al mismo tiempo”. Lo que sí tiene claro es que su oficio lo motiva día a día: “Me parece la mejor profesión del mundo para desarrollar, siempre me sorprendió y siempre me trajo proyectos que ni siquiera esperaba”.
Para Turdera, la clave está en permanecer conectado con esa mirada lúdica que atraviesa toda su obra. “No creo haberme desconectado nunca de ahí. Existe un tipo de mirada a la cual se accede o no, y yo estoy muy contento de transitarla todos los días”.
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