La belleza de la semana: Martín Malharro, el impresionista argentino

Nacido en Azul en 1865, este artista tomó elementos de Claude Monet para repensar la identidad nacional y “reflejar en sus obras la radiante luminosidad de la pampa bonaerense”

Guardar
Retrato de Martín Malharro (Fuente:
Retrato de Martín Malharro (Fuente: Wikipedia)

¿El impresionismo llegó tarde a la Argentina? El ícono es Impresión: sol naciente de Claude Monet, y se pintó entre 1872 y 1873. Acá, quizás la gran pintura del género —o del estilo, según defina el crítico— sea Las parvas de Martín Malharro, que data de 1911. Aún así, tiene sus singularidades: representa uno de los episodios más complejos en la discusión sobre la identidad del arte argentino frente a la influencia de Europa.

Su proximidad formal con Monet suele interpretarse como una confirmación del supuesto retraso argentino en la adopción de la modernidad pictórica, pero esta lectura choca de frente con los principios que el propio artista defendía sobre el arte nacional. Hay que subrayar que la obra mencionada, Las parvas, el año de su muerte. La diferencia con otros de sus cuadros está en que tiene ya tiene claro qué es lo que busca.

En sus escritos, Malharro enfatizó la necesidad de buscar una expresión propia para el paisaje argentino. “Para fundamentar la pintura nacional es necesario que olvidemos casi, lo que podamos haber aprendido en las escuelas europeas. Es preciso que, frente a frente de la naturaleza de nuestro país, indaguemos sus misterios, explorando, buscando el signo, el medio apropiado a su interpretación”, escribió.

También subrayó que el objetivo debe ser claro, “aunque nos separemos de todos los preceptos conocidos o adquiridos de tales o cuales maestros, de estas o aquellas maneras”, escribió el pintor argentino nacido en la ciudad de Azul en 1865. Esta concepción revela que, aunque se advierta una cercanía con Monet, Malharro aspiraba a fundar una pintura nacional soberana, que esté desligada de los moldes foráneos.

“Las parvas” (1911) de Martín
“Las parvas” (1911) de Martín Malharro

Formado artísticamente en Buenos Aires y París, Malharro desempeñó un papel central en la introducción de este movimiento en Argentina, estableciendo un vínculo profundo entre la experimentación luminosa europea y los paisajes de la pampa bonaerense. Su obra, considerada de avanzada para su tiempo, destacó tanto por su audacia formal como por el empeño en reflejar una identidad local.

A pesar de que su debut en la Galería Witcomb en 1902 fue recibido con críticas severas y en ocasiones agresivas, mantuvo firme su convicción artística. Según narra Juan Carlos Lombán, “Malharro no se amilanó por los injustos ataques, sino que, por el contrario, no dejó de profundizar su ideario estético hasta que la muerte lo sorprendió a temprana edad”. Esta tenacidad lo consolidó en el paisajismo argentino.

La versatilidad profesional de Malharro se manifestó también en su labor como dibujante, crítico y pedagogo. Trabajó como ilustrador en el diario La Nación de Buenos Aires, así como ilustraciones en La Baskonia y la revista Letras y Colores. La importancia de su figura trascendió el ámbito de las artes plásticas: Payró le dedicó el relato ¿Un mimimum o un maximum de vida? en la colección Violines y Toneles.

Distinguido con la Segunda Mención Honrosa en el II Salón del Ateneo por la obra La Argentina (óleo que rememora el rescate de Bouchard en las costas de México en 1894), Malharro fue objeto de reconocimiento institucional desde etapas tempranas de su carrera. Su obra cosechó interés en los círculos oficiales: una de sus pinturas fue adquirida por el presidente Julio A. Roca y donada a la Nación.

"En plena naturaleza" (1901) de
"En plena naturaleza" (1901) de Malharro

Si nos enfocamos estrictamente en Las parvas, vemos que expone elementos técnicos e iconográficos casi idénticos a los de Monet, evidente en el tratamiento del color, la pincelada y la estructura visual. Durante su estadía en París, Malharro no solo conoció la serie de Monet exhibida en la galería Durand-Ruel en 1891, sino que incluso envió al escritor Francisco Grandmontagne una fotografía de sus obras de parvas.

Esa reiteración temática podría explicarse por la influencia de Monet, pero no meramente como ejercicio de imitación impresionista. Según la crítica Laura Malosetti Costa, el interés de Monet en la década de 1880 se había desplazado hacia una exploración subjetiva de la naturaleza, alejándose de la reproducción objetiva. Este cambio ofreció a pintores del fin de siglo, como Malharro, nuevas herramientas.

Malharro, idealista y anarquista, concibió su arte en función de la transformación de la sociedad mediante la educación artística vinculada a la naturaleza autóctona. En Las parvas, así como en sus paisajes nocturnos y representaciones animadas de árboles, buscaba manifestar un carácter nacional auténtico y original, fruto de una reflexión prolongada sobre el paisaje pampeano.

El análisis de color y composición en Las parvas lo diferencia de Monet. En la obra del argentino se percibe una “dramática vibración del color”, según define Malosetti Costa, caracterizada por grandes pinceladas matéricas que plasman el pathos local. Más de la mitad del cuadro lo ocupa un cielo donde las nubes cobran solidez y peso visual, en tanto la silueta diminuta de los árboles se recorta a la distancia.

“Nocturno” de Martín Malharro (hacia
“Nocturno” de Martín Malharro (hacia 1901)

Malharro criticó insistentemente la pintura anecdótica, sosteniendo que el auténtico arte debía funcionar como agente de transformación solo si lograba captar “la vibración de la naturaleza en la pintura”. Sus búsquedas no pueden entenderse sin la tensión productiva entre la herencia europea y la voluntad de fundar una identidad visual propia, un dilema que definió la modernidad argentina y hoy sigue suscitando debate.

A lo largo de su trayectoria, creó óleos, pasteles y aguadas emblemáticas para el arte argentino. Entre las obras más representativas destacan El crucero La Argentina (1894), En plena naturaleza (1901, perteneciente al Museo Castagnino de Rosario), Las Parvas (1911, Museo Nacional de Bellas Artes), y Paisaje (1911, colección Simón Scheimberg, Buenos Aires). La diversidad técnica y temática de su producción establece un corpus de referencia ineludible para comprender el desarrollo del arte nacional.

Si el impresionismo, más allá del movimiento que nucleó a Claude Monet, Édouard Manet, Edgar Degas, Paul Cézanne, Renoir, Mary Casatt y tantos otros, más allá del estilo que luego, por poco tiempo, se volvió género, si más allá de todo el imperionismo es en esencia un gesto estético, Malharro lo representó a la perfección. Por eso Lombán sugiere que nuestro pintor logró, apoyado en el impresionismo, “reflejar en sus obras la radiante luminosidad de la pampa bonaerense”. Ese siempre fue el objetivo.