
La reciente identificación del autor original del cuadro robado por los nazis que fue hallado en una vivienda de Mar del Plata revitaliza un proceso judicial que busca esclarecer uno de los episodios más oscuros del saqueo artístico del siglo XX y plantea interrogantes sobre la circulación de piezas expoliadas durante la Segunda Guerra Mundial.
Según consignó el sitio Fiscales, peritos argentinos han determinado que la obra, estimada en 250.000 euros, es en realidad un óleo del pintor italiano Giacomo Antonio Melchiorre Ceruti (“Il Pitocchetto”), y no del retratista Fra’ Galgario, como se creyó inicialmente.
Al cierre del último peritaje, la Unidad Fiscal de Mar del Plata, liderada por el fiscal general Daniel Eduardo Adler, remitió los resultados a la Justicia y la Corte Suprema de Justicia de la Nación mantiene la custodia del cuadro.

Ahora, las autoridades avanzan en el esclarecimiento de cómo la pieza llegó a la vivienda de Patricia Kadgien, hija de Fiedrich Gustav Kadgien, conocido como “el mago de las finanzas” del régimen nazi, y su esposo, Juan Carlos Cortegoso, quienes afrontan acusaciones por encubrimiento agravado en relación con delitos de lesa humanidad.
La investigación permanece abierta en el área de Investigación y Litigio de Casos Sencillos de la Unidad Fiscal, con el objetivo de descifrar el itinerario de “Retrato de una dama” hasta llegar a ese punto de la costa atlántica.
El óleo había permanecido desaparecido desde la Segunda Guerra Mundial, tras ser denunciado como robado por el régimen nazi durante la ocupación de los Países Bajos al comerciante de arte judío Jacques Goudstikker.
Su localización se concretó en agosto pasado, ochenta años más tarde, cuando periodistas del diario neerlandés AD lo identificaron a través de una publicación de una inmobiliaria, en imágenes del living de la casa de Kadgien y su marido. Durante el allanamiento, agentes hallaron en el lugar un tapiz decorativo que disimulaba su antigua ubicación.

Más tarde, el matrimonio entregó la obra voluntariamente y aseguró a la Justicia haberla adquirido de buena fe: presentaron como respaldo un boleto de compra presuntamente expedido en 1943 por el Museo Wallraf-Richartz de Colonia, Alemania.
El cuadro fue incluido originalmente en el nutrido inventario de más de 1.100 piezas que poseía Goudstikker en su galería de ámsterdam, colección de la que formaban parte obras de Rembrandt y Vermeer.
Estas piezas fueron apropiadas por jerarcas del Tercer Reich, obligando al marchante judío a despojarse de su patrimonio por apenas una sexta parte de su valor real. El trágico destino de Goudstikker terminaría en 1940, al caer de un barco en el Canal de la Mancha mientras huía de la persecución nazi.
Los especialistas de la Academia Nacional de Bellas Artes, ángel Miguel Navarro y Alejo Gabriel Lo Russo, desarrollaron un análisis comparativo y documental que permitió atribuir la autoría definitiva a Ceruti. Al examinar registros históricos y el archivo fotográfico del Instituto Neerlandés de Historia del Arte (RKD), identificaron una fotografía que coincidía con el cuadro hallado en Mar del Plata.

El informe pericial, citado por Fiscales, resalta la autenticidad de la obra y su pertenencia al lote expoliado de Goudstikker, señalando que su estado de conservación es “estable, aun cuando evidencia roturas e intervenciones en tres ocasiones diferentes”. El valor de mercado estimado es 250.000 euros.
En relación con la autoría, la evaluación de los peritos argentinos se apoyó en el “cuidado descriptivo de los vestidos, que remite a obras como el Retrato de la marquesa Laura Vitali Aliprandi”, característica asociada a la producción de Ceruti, quien nació en Milán en 1698 y murió en 1767. Según informaron desde la Comuna de Bérgamo a Clarín, al consultar a la Accademia Carrara, no existen pruebas concluyentes que identifiquen a la mujer retratada como la condesa Colleoni, ni que la pintura sea obra de Fra’ Galgario.
El dictamen también repasa la historia de las atribuciones: en 1927, el cuadro fue adjudicado a Ceruti por Roberto Longhi; en 1934 y 1936, las exposiciones del Stedelijk Museum de ámsterdam y el castillo de Nyenrode lo presentaron como obra de Ghislandi; finalmente, en 1982, Mina Gregori reafirmó su incorporación al corpus de Ceruti.
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