No es exagerado decir que la ópera prima de Jean-Luc Godard, Sin aliento (1960), amplió las posibilidades de todas las películas que vinieron después. Nouvelle Vague, de Richard Linklater, ahora disponible en Netflix, es una agradable película biográfica que narra la realización de esa obra revolucionaria sobre un ladrón francés (interpretado por Jean-Paul Belmondo) y su amante estadounidense (Jean Seberg). Linklater tiene la difícil tarea de recrear los detalles del rodaje sin alienar a los fans de Godard.
Afortunadamente, los cineastas se mantienen impresionantemente fieles tanto al espíritu como a la historia de la Nueva Ola, o Nouvelle Vague, término que designa la oleada de obras de jóvenes cineastas franceses de mediados de siglo. La periferia de la película de Linklater está llena de nombres y bromas internas; si parpadeas, te perderás a Agnès Varda, Jacques Demy y Alain Resnais, interpretados por dobles no acreditados. Aquí tienes una guía con algunas de las referencias.
El director (y sus amigos)
“Soy el último de Cahiers en dirigir”, se queja Godard (interpretado por Guillaume Marbeck) al principio. Se refiere a Cahiers du Cinéma, la revista francesa de cine en la que Godard escribía como crítico. La revista promovía la teoría del autor, llamando la atención sobre el talento artístico de directores de Hollywood como Howard Hawks y Nicholas Ray. Varios de sus escritores se convirtieron ellos mismos en grandes cineastas.
Los compañeros críticos de Godard, François Truffaut, Claude Chabrol, Jacques Rivette y Éric Rohmer, le habían ganado la partida en cuanto a rodar largometrajes, si no en cuanto a estrenarlos. En una escena de fiesta, la cantante Juliette Gréco (Alix Bénézech) rechaza a Godard para decirle a Chabrol (Antoine Besson) que le encantó Le Beau Serge, su debut autofinanciado. Más tarde, Godard se apresura a ir de París al Festival de Cine de Cannes para ver el estreno de la primera película de Truffaut, Los 400 golpes. (La toma de Godard corriendo por una carretera rural es un homenaje a Sin aliento, imitando la huida del personaje de Belmondo en un coche robado, pero en la vida real, como señala Richard Brody en la biografía Everything Is Cinema, Godard tomó el tren.)

Fragmentos de las críticas escritas por Godard, disponibles en inglés en el libro Godard on Godard, aparecen a lo largo de Nouvelle Vague en forma de diálogo. De hecho, Godard describió los cortometrajes como anticine, tal y como le dice a Suzanne Schiffman (Jodie Ruth Forest), que trabajó con muchos de los directores de la Nueva Ola como guionista o supervisora de guion. En una escena en la oficina de Cahiers, Godard le entrega a Rivette (Jonas Marmy) su epigramática crítica de Los 400 golpes, que Rivette cita directamente a la cámara: “Rapidez. Arte. Novedad. Cinematografía”. Durante el rodaje de Sin aliento, Godard le dice a Seberg (Zoey Deutch) que quiere que la imagen final sea “la toma más triste de la historia del cine”, comparable a un momento de Verano con Monika, de Ingmar Bergman. La frase “la toma más triste” proviene de una crítica de Monika que Godard escribió en 1958.
Las estrellas
Belmondo (Aubry Dullin), boxeador aficionado desde su adolescencia, aparece por primera vez en un gimnasio, donde Godard le ofrece el papel protagonista en Sin aliento. El casting de Belmondo fue, en cierto sentido, sencillo: tal y como se cuenta en la película, Belmondo ya había actuado para Godard en un cortometraje, pero Godard tuvo que doblar él mismo el papel cuando Belmondo estaba haciendo el servicio militar. Según escribe Brody, al solicitar permiso para el doblaje, Godard le prometió un papel en su primer largometraje.
Seberg, por su parte, ya era conocida en todo el mundo. “Soy la prueba viviente de que toda la publicidad del mundo no te convertirá en una estrella de cine si no eres también actriz”, le dice Seberg a un periodista en Nouvelle Vague, antes de conocer a Godard. Se refiere al desastre que rodeó su debut: para Santa Juana (1957), el director Otto Preminger buscaba a una desconocida para interpretar a Juana de Arco. Seberg, una joven de 17 años de Marshalltown, Iowa, se impuso a unas 18 000 aspirantes. La acogida de su interpretación fue terrible. Preminger redobló la apuesta y la eligió para interpretar a la hija de un playboy en Bonjour Tristesse (1958). Y aunque muchos críticos también tuvieron duras palabras para esa interpretación, Godard no estuvo de acuerdo, y nombró Bonjour Tristesse como una de las mejores películas del año.
Godard describió a Patricia, el personaje de Seberg en Sin aliento, como una prolongación del papel de la actriz en Bonjour Tristesse, retomando la historia tres años después de la película de Preminger. Y aunque la espontaneidad de Godard desconcertaba a Seberg en el plató, su colaboración resultó más feliz que la que tuvo con Preminger, a quien ella describía como “el comensal más encantador y el director más sádico del mundo”, y más duradera que Love Play (1961), el único largometraje que rodó con su primer marido, François Moreuil (interpretado en la película por Paolo Luka-Noe), quien a lo largo de Nouvelle Vague actúa como intermediario con Godard. Seberg incluso volvió a interpretar una versión de Patricia para Godard en un cortometraje de 1964.

El equipo
En Nouvelle Vague, los impredecibles métodos de trabajo de Godard y su actitud despreocupada hacia el calendario frustran repetidamente al productor Georges de Beauregard (Bruno Dreyfürst), quien, según escribe Brody, llegó a tener una pelea física con Godard en un café después de que el director fingiera estar enfermo y cancelara el rodaje durante un día. Beauregard continuó trabajando como productor en gran parte de la histórica carrera de Godard en la década de 1960, al tiempo que producía películas para Varda, Demy, Rivette y Rohmer.
El cámara Raoul Coutard (Matthieu Penchinat) se convirtió en otro colaborador habitual de Godard; juntos rodaron la asombrosa cifra de 15 largometrajes más. Sus innovaciones con Godard en Sin aliento –rodar con película Ilford destinada a fotografías fijas, llevar la película más allá de sus supuestos límites bajo la luz solar directa, convertir un carrito de reparto en una plataforma rodante improvisada– se recogen en el libro de Brody.
Pierre Rissient (Benjamin Clery), asistente de dirección de Godard, tomó un camino diferente. En los años setenta y ochenta, dirigió dos largometrajes en Hong Kong y Filipinas, pero se hizo más conocido como un promotor agresivo con información privilegiada en Cannes. Fue uno de los primeros defensores de Clint Eastwood, Jane Campion y Quentin Tarantino, entre muchos otros.
Los antepasados
Los directores de la Nueva Ola eran cinéfilos antes que cineastas, y Nouvelle Vague muestra a Godard reuniéndose con veteranos como el neorrealista italiano Roberto Rossellini (Laurent Mothe), cuya Alemania, año cero y Viaje a Italia se convirtieron en puntos de referencia habituales en la obra de Godard, y Jean-Pierre Melville (Tom Novembre), un maestro de las austeras películas policíacas que tiene un cameo en Sin aliento como un famoso autor cuya mayor ambición es “convertirse en inmortal y luego morir”. Se muestra a Truffaut recibiendo consejos paternos de Jean Cocteau (Jean-Jacques Le Vessier) en el estreno de Los 400 golpes.
Pero el intercambio intergeneracional más divertido es el que tiene lugar entre Godard y Robert Bresson (Aurélien Lorgnier), quien durante la producción de Sin aliento lo invita a la estación de metro donde está rodando Pickpocket (1959). Bresson, conocido por su estilo riguroso y ascético, era en cierto sentido el opuesto estético de Godard. Pero Godard, que en Nouvelle Vague lo llama “la personificación del cine francés”, adoraba sus películas: “Él es el cine francés, como Dostoievski es la novela rusa, y Mozart es la música alemana”, escribió como crítico.
Fuente: The New York Times.
Fotos: Cortesía de Netflix.
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