El estreno de Los años nuevos, la serie creada por Rodrigo Sorogoyen, Sara Cano y Paula Fabra, es una buena noticia a fin de año, no solo por su propuesta narrativa sino por la manera en que explora la transformación vital de sus protagonistas a lo largo de una década. Presentada en la Mostra de Venecia 2024, la coproducción de Movistar+ y la cadena francesa Arte cuyos primeros dos capítulos Mubi estrenó la semana pasada (luego sigue un episodio estreno por semana), sigue a Ana Varela (Iria del Río) y Óscar (Francesco Carril), dos treintañeros que se encuentran en el umbral de un año nuevo, en un momento en que las decisiones personales y profesionales marcan el rumbo de sus vidas.
Un encuentro casual en un bar durante la transición del 31 de diciembre de 2015 al 1 de enero de 2016, marca el inicio del relato. Ana, que estudió periodismo pero nunca ejerció, se encuentra en un momento de incertidumbre laboral y personal, mientras planea mudarse a Vancouver. Óscar, médico en la sanidad pública, atraviesa el duelo por una ruptura reciente. La química entre ambos se manifiesta de inmediato, y tras una noche juntos, Ana finalmente compra el pasaje aéreo a Canadá que había postergado, apostando por un cambio radical en su vida. La serie explora así los sueños de transformación, algunos cumplidos y otros no, que acompañan el paso de los años.

Óscar y Ana se enfrentan a esas bifurcaciones vitales —formar una familia, casarse, elegir o renunciar a la propia vocación—, en una narración que no disimula el paso de la juventud al umbral de los cuarenta. La trama incluye diálogos espontáneos y situaciones cotidianas que viran entre lo humorístico y el drama —incluida la muerte—, además de secuencias de sexo donde se observa un tipo de química que combina intensidad y ternura. La banda sonora —con especial protagonismo del lánguido cantautor asturiano Nacho Vegas, quien aporta canciones como “La noche más larga del año” y el tema compuesto especialmente para el proyecto— refuerza el vínculo emocional del relato para una astuta comedia agridulce.
En el desenlace de cada episodio, la serie retoma a los personajes en la misma fecha: la noche del 31 de diciembre, año tras año, hasta que ambos cumplen cuarenta. Este recurso permite observar cómo evolucionan sus relaciones, aspiraciones y frustraciones, en un retrato generacional que abarca desde la efervescencia de la juventud hasta la madurez, con sus inevitables pérdidas y encrucijadas. A lo largo de los diez capítulos, de unos cincuenta minutos cada uno, el espectador presencia tanto la convivencia de Ana y Óscar como sus separaciones o nuevas parejas. Las dinámicas oscilan entre celebraciones de amigos, extensas comidas familiares y momentos de alta intimidad, pero todos mantienen la premisa de regresar una y otra vez al punto de partida temporal, usando la festividad como pretexto para confrontar lo que se tuvo, lo que se desea y lo que se perdió.

La serie, según lo visto en los dos primeros episodios, mantiene el sello autoral de Sorogoyen, quien dirigió los cuatro primeros y el último capítulo. El cineasta, que ya había destacado con títulos como As Bestas -multiganadora de Goyas, César y en el festival de San Sebastián-, Que Dios nos perdone y El reino, reafirma aquí su capacidad para conectar con el público sin renunciar a una mirada personal. De 44 años y con una formación en Historia, el guionista y realizador madrileño es una figura clave del audiovisual español contemporáneo, en la estela de referencias audiovisuales como J.A. Bayona o Pedro Almodóvar, de mayor recorrido internacional. Se oirá hablar de Sorogoyen en las próximas décadas y esta serie es un paso más en su proyección global.
A medida que avanza Los años nuevos, el tono de las celebraciones cambia: del frenesí y los gin tonics en bares ruidosos, a las conversaciones en casa, vino de por medio con la presencia de hijos o nuevos amigos. Las ilusiones persisten, pero van acompañadas de arrepentimientos, frustraciones y rencores. El tiempo, maldita daga, hace el resto.
[Fotos: prensa Mubi]
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