Slow Horses hace que las bombas resulten casi tan aburridas como el papeleo que los empleados de Slough House evitan. Esa es una valoración positiva.
Un ejemplo es una detonación a mitad de la quinta temporada del drama de espías de Apple TV+ (posiblemente su mejor entrega). Los espectadores ven la explosión a través del reflejo lejano en una ventana, mientras dos personajes conversan en la sede ficticia del MI5, conocida como “the Park”. La bomba se percibe más por el sonido que por la vista; recién al volver a mirar la escena se percibe el reflejo. Una luminaria en el pasillo hacía casi invisible tanto el fuego como a los personajes.
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La decisión resulta llamativa por su comicidad. Más allá de la bomba, filmar a los personajes desde afuera, con reflejos, es un recurso poco usual, sobre todo en un edificio alto y seguro. La elección solo tiene sentido si se busca mostrar la reacción de los testigos, aunque la luz en el centro del cuadro dificulta ver la escena.

No se trata de una distracción casual. El equipo de Slow Horses trabajó para reducir el impacto visual de la explosión, reemplazándolo por una lámpara.
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La idea se confirma cuando la única otra imagen del atentado es un video online, donde un puente tapa la mayor parte del estallido. La cámara muestra en su lugar a la gente huyendo y el humo.
La explicación podría ser presupuestaria, pero la toma de la ventana no es sencilla ni barata. Es una opción deliberada que refuerza el carácter anti-sensacionalista de la serie. Esta temporada, Slow Horses refuerza la parodia por sobre el espectáculo de destrucción y la supuesta pericia sobrehumana característica del género.
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Ese enfoque siempre estuvo. El guionista y productor ganador del Emmy Will Smith adapta las novelas de Mick Herron con un grupo de agentes fracasados relegados a una oficina oscura bajo el mando de Jackson Lamb (Gary Oldman), un veterano cínico y desaliñado cuyas mejores épocas pasaron. Los Caballos lentos (“fracasados, según la jerga del rubro) sobreviven a puro esfuerzo, desaliento y rencor. Las victorias casi no se festejan. Las crisis se atienden sin reconocimiento del gobierno (especialmente “the Park”). Y Lamb ridiculiza a sus agentes y a todo el género que celebra el espionaje glamoroso, incluidos James Bond y Mission: Impossible.
La quinta temporada comienza dos veces: primero con un prólogo en el que un joven inexpresivo desayuna antes de cometer un tiroteo masivo, y luego con Roddy Ho (Christopher Chung), de Slough House, bailando al ritmo de “Simply Irresistible” de Robert Palmer, imitando a Kevin Bacon, Patrick Swayze, Tom Cruise en Negocios riesgosos y Jon Heder en Napoleón Dinamita. El horror del primer episodio intensifica el absurdo del segundo. La cámara, que evita resaltar las bombas, concede aquí todo el protagonismo a Roddy, quien vive su propio videoclip. El número culmina cuando Shirley Dander (Aimee-Ffion Edwards) lo empuja al paso de una furgoneta.
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Esta es, además, la temporada más cómica de Slow Horses hasta ahora, pese a la abundancia de traumas no resueltos y temas inquietantes. Shirley, aún de duelo por la muerte de Marcus (Kadiff Kirwan) y luchando con su adicción, presenció el atentado pero ni Roddy ni nadie en Slough House le presta atención. River Cartwright (Jack Lowden), afectado por el enfrentamiento con su padre (Hugo Weaving) y el deterioro mental de su abuelo (Jonathan Pryce), trabaja con JK Coe (Tom Brooke), el nuevo y errático integrante de la oficina, tras una decisión de Lamb. No es una dupla armónica.

James Callis brilla como el inescrupuloso Claude Whelan, jefe directo de Diana Taverner (Kristin Scott Thomas), subdirectora general del MI-5. Las escenas de ambos ganan intensidad esta temporada: si en la anterior Diana contenía a su jefe, ahora debe lidiar con su ambición y protagonismo. Nick Mohammed (Ted Lasso) interpreta al servil alcalde de Londres, que busca la reelección contra un candidato populista (Christopher Villiers), cuya esposa (Victoria Hamilton) trabaja en un tabloide sensacionalista. Ambos personajes resultan especialmente irritantes.
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Hiba Bennani interpreta a Tara, la novia de Roddy, cuya existencia provoca sospechas y burlas en el MI5.
El protagonismo de esta temporada recae en Christopher Chung. Siempre irritante en su papel de genio informático y seductor autoproclamado, termina rescatando la trama: el argumento depende de que Roddy rechace —en vez de disfrutar— la idea de ser importante para los villanos. Chung sabe equilibrar todas las contradicciones de su personaje y ofrece una actuación verosímil y cómica. Fuera del escritorio, despliega una gran habilidad para la comedia física; tan solo verlo en soledad en una de las deprimidas salas de interrogatorio de “the Park” resulta notable.
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Si la temporada reduce la acción y los efectos, lo compensa con más narrativa, humor y justicia dramática de lo habitual en la serie.
Slow Horses resulta extraña por carecer de otro motor narrativo que no sea la supervivencia en un lugar de trabajo detestado por sus propios empleados, en especial Lamb. Puede ser desagradable, pero la atención al detalle y su desprecio impregnan el realismo de la serie con una energía sutil que la diferencia del resto. El grupo de Slough House encuentra su propia forma de agencia y poder a partir de la certeza de que ya han tocado fondo. Roddy, el menos desmoralizado, es la notable excepción. Esta temporada explora con ingenio cómo su energía de Übermensch (Superhombre) altera el equilibrio en la oficina.
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Fuente: The Washington Post
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