La imagen de un hombre que recorre paisajes sonoros, entre la nostalgia y la búsqueda, se materializa en el nuevo trabajo de Dino Saluzzi. A sus 90 años, el bandoneonista argentino sigue explorando territorios musicales con una vitalidad inalterable, como se percibe en la pieza “Dino is here”, de Jacob Young, donde el clímax casi cinematográfico se contrapone a la introspección de “Northern Sun”, de Karin Krog. Este tránsito entre extremos emocionales define el pulso de El viejo caminante, el álbum del músico salteño que el prestigioso sello alemán ECM publicó a principios de julio y que reúne a Saluzzi con su hijo José María Saluzzi y el guitarrista noruego Jacob Young.
Es la colaboración entre tres músicos de generaciones y geografías distintas, unidos por la búsqueda de un lenguaje común que trasciende géneros. El propio Saluzzi expresa su satisfacción por el resultado al describir la interacción entre la guitarra clásica de José y la Telecaster y acústica de Young. “Se complementan muy bien. Tienen sonidos y visiones diferentes, pero cuando se trata del resultado artístico, surge algo hermoso”.
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El repertorio de El viejo caminante abarca composiciones originales de los tres intérpretes, piezas nuevas y otras ya conocidas, junto a una canción de la cantante noruega Karin Krog y un par de estándares. Saluzzi concibe el álbum como una colección de músicas de distintas épocas y lugares, donde el tango, el folclore argentino y el jazz se entrelazan para dar lugar a una propuesta renovada. Esta diversidad se refleja en títulos como “Y amó a su hermano”, “Tiempos de ausencias”, “Mi hijo y yo” y “Buenos Aires 1950”, que fungen como fragmentos de una autobiografía musical. El título del disco, extraído de una de las piezas, remite a la figura del viajero incansable, capaz de transformar la memoria en arte.
La interpretación de Saluzzi se aleja de la representación fotográfica del pasado y se acerca más a la acuarela, donde los recuerdos se difuminan o enriquecen con la distancia. El bandoneón, descrito como “fueye” en la mitología del tango, sostiene un aire contenido que evoca tanto lo añorado como lo que nunca deja de sorprender. Él dice que su impulso creativo sigue orientado hacia el descubrimiento: “Siempre busco el contacto con ideas nuevas fuera de mi elemento habitual”, señala, convencido de que cada encuentro musical ofrece “potencial de crecimiento tanto artístico como humano”.
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El álbum despliega una gama de climas, desde la serenidad profunda de “Y amó a su hermano” o “Quiet March” (de Young), hasta la centralidad tímbrica del bandoneón en piezas como la homónima “El viejo caminante” o “Tiempo de ausencias”, ambas compuestas por Saluzzi. El recorrido incluye también una tríada de tangos que establecen ciertamente una columna vertebral alternativa para el género. Se destaca “Buenos Aires 1950”, que Saluzzi convierte en un lienzo sonoro de una época que resuena feliz de la Argentina, filtrado por las influencias de las músicas de raíz que predominaban entonces. Esta pieza, junto a “Tango. El padre y el hijo”, concebida como una suite que sintetiza la evolución desde las brumas del Riachuelo hasta el vértigo urbano de Astor Piazzolla, ilustra su capacidad para captar la esencia cíclica y transformadora del género.
El disco incluye también “My One and Only Love”, un estándar que Saluzzi ya había interpretado en Ríos, el álbum grabado hace tres décadas junto a Anthony Cox y David Friedman. La presencia de este tema, junto a otros clásicos, refuerza la idea de un repertorio que dialoga con la historia del jazz y la propia trayectoria del bandoneonista. En cada interpretación, Saluzzi y sus compañeros logran que las referencias se conviertan en materia viva, capaz de conmover y sorprender.
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[Fotos: ECM Records]
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