
Paula Hawkins sonríe y bebe un vaso de agua en una sala convenientemente climatizada en un recoleto hotel cinco estrellas de Buenos Aires, a salvo del vértigo urbano y del calor porteño que insiste en el nacimiento del otoño. El lujoso lugar indica la entidad de la protagonista: Paula Hawkins es una escritora famosa y vendedora de millones de libros en todo el mundo, principalmente por su gran hit, La chica del tren, que luego fue película protagonizada por Emily Blunt.

La hora azul - ED. ARGENTINA
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La historia de Paula Hawkins es particular. Nació en Zimbabue y vivió allí hasta su adolescencia, cuando se trasladó con su familia a Londres. Criada en un entorno conservador y limitado, su llegada a Inglaterra significó un difícil proceso de adaptación, según cuenta. Tras graduarse en Oxford, trabajó como periodista financiera en Londres hasta que su carrera literaria tomó impulso. Inicialmente publicó libros de ficción romántica bajo un seudónimo (Amy Silver). La chica del tren cambió su vida para siempre.
La autora está de gira latinoamericana para presentar su nueva novela, La hora azul. Viene de Chile y partirá hacia México, pero antes en Buenos Aires dialogó con Infobae Cultura sobre su reciente obra, y de cómo sus relatos sobre gente común metida en situaciones extraordinarias atrapan a millones de lectores en todo el mundo. “No escribo sobre gangsters o personas que están en el mundo delictivo, Mis personajes son personas normales, cuya vida de repente pega un giro inesperado”, define.
También habló sobre su admiración por Daphne du Maurier -en un irrespetuoso reduccionismo, la autora del cuento que inspiró a Alfred Hitchcock para filmar un clásico como Los pájaros, pero mucho más que eso- y del oscuro estado actual de la realidad mundial. “Las noticias son insoportables. Y creo que como escritora de ficción me resulta confuso a veces, decidir si abordarlo directamente, si voy por la tangente o directamente lo ignoro”, reflexiona.

En La hora azul, Paula Hawkins propone un suspenso de corte más introspectivo y pausado en comparación con el ritmo vertiginoso de su best seller La chica del tren. Esta nueva novela profundiza en temáticas como la obsesión, la traición y el aislamiento creativo, a la vez que desarrolla una atmósfera que evoluciona con lentitud sin perder intensidad. Hay una tensión sostenida en su narración: el peligro se insinúa, no se explicita hasta un desenlace tan inevitable como inquietante.
“Había una sensación de contraataque que me pareció muy atractivo para Vanessa [la protagonista de la historia]. Creo que probablemente la mayoría de las mujeres, en algún momento de su vida, han imaginado la emoción o la catarsis de responder a la violencia con violencia, incluso si en realidad no quieren hacerlo. Me gusta pensar que Vanessa, hasta cierto punto, pudo percibir el atractivo de esa respuesta”, dice la autora.

La Hora azul se desarrolla en una remota isla escocesa casi inaccesible, donde vive una reconocida artista (Vanessa Chapman). El hallazgo de un hueso humano oculto en una de sus esculturas reabre interrogantes sobre su pasado y la desaparición de su exesposo. El interés de un joven curador fascinado por Chapman, desencadena los acontecimientos. En medio, hay otra mujer de fuerte carácter: una médica local que oficia de “protectora” de la artista. En los dos fuertes personajes femeninos, se asienta el conflicto central de la historia, y particularmente en la oscuridad -parte de la genialidad- de la artista en cuestión.
Dice Hawkins: “Hablo de la percepción sobre los artistas. Existe esa idea de que si un hombre es un genio se le permite hacer cualquier cosa y salirse con la suya. Pero quizás una mujer no hubiera podido hacer lo mismo, se la condenaría”. Acto seguido, menciona el ejemplo de una famosa compatriota suya, premio Nobel de Literatura. “Pensemos en Doris Lessing, por ejemplo... Fue criticada terriblemente. Hay muchos grandes hombres que no cuidaron de sus hijos, como sucedió con ella. A ellos se les perdonó. A Doris Lessing no”.

—Fuiste periodista económica antes que escritora. Y con un libro, La chica del tren, tu vida cambió definitivamente ¿Cómo viviste aquel momento y qué cosas cambiaron para bien y para mal?
—Mi trabajo como periodista de negocios era un poco aburrido, debo confesar... Por eso ahora me siento más cómoda escribiendo ficción. Me llevó mucho tiempo llegar al punto de tener la confianza suficiente para hacerlo. Luego del éxito de La chica del tren mi exposición pública cambió obviamente y se hizo una carga pesada. No soy una persona extrovertida de por sí, así que fue difícil al principio.
Fue un cambio muy rápido: escribir una novela y de repente hablar en cientos de entrevistas y con tanta atención alrededor. Ahora ya pasaron diez años, ya no me siento “famosa”. Siento una distancia con ese momento. Pero lo recuerdo como una experiencia extraordinaria. Realmente tener ese tipo de éxito hace que la vida sea mucho más fácil. Obviamente, en muchos sentidos, abre muchas puertas. Entonces fue algo extraordinario para mi carrera.

—Cuando una novela tan exitosa se adapta para una película, el público suele comparar y examinar la “fidelidad” de la adaptación del libro. En tu caso ¿qué cosas encontraste positivas y cuáles no? Leí que hablaste de la diferencia entre los trenes británicos y los de un suburbio rico de Nueva York (que es lo que muestra la película)...
—En el momento cuando se hizo la película, no me molestaban tanto los cambios de ubicación al principio, pero los lectores sí. Hubo una fuerte reacción porque ellos querían ver ese tren, digamos, en Inglaterra. En la película obviamente todo es mucho más glamoroso, y todas las personas son más bellas, más ricas (risas). Creo que cambió un poco el feeling de percepción del libro, pero aún así creo que mantuvieron la oscuridad que está en el corazón de la historia. Y creo que las interpretaciones, las actuaciones, sobre todo la de Emily Blunt, eran muy buenas. Hay que aceptar que es el trabajo y la interpretación de otra persona. Ya no es mío, es de esa otra persona. Creo que es más fácil soltar para la autora que para los lectores. A los lectores les cuesta más.
—Hablaste de “oscuridad” y en ese sentido quisiera saber si utilizarías ese término para definir tu estilo de narración. Por otro lado ¿la oscuridad del mundo hoy en día sentís que invade, influye, permea en tu narración de ficción?
—Diría que mi estilo es relativamente oscuro. Hay libros más oscuros, obviamente, pero siempre me interesa y es el motivo por el cual escribo sobre crímenes. Me interesa hurgar en el lado oscuro de la psicología humana, cómo las relaciones pueden terminar mal y cómo las personas terminan metiéndose en estas situaciones horrorosas. Gente común que termina en estas situaciones. No escribo sobre gangsters o sobre personas que están en el mundo delictivo, sino que son personas normales, cuyas vidas, de repente, pegan un giro inesperado.

En verdad, este parece ser un momento particularmente horroroso del mundo. No sé si es simplemente una perspectiva o si el mundo siempre fue así. Las noticias son insoportables. Y creo que como escritora de ficción es confuso a veces decidir si uno aborda eso directamente o si va como por la tangente o si se lo ignora completamente. No estoy segura de que haya una forma correcta. Algunos escritores van directo a ese punto y lo hacen muy bien, y otros no tanto. Son tiempos muy, muy difíciles.
—Has expresado tu admiración por Daphne du Maurier ¿Cuánto te ha influido en tu forma de escribir?
—Primero que nada, creo ella que sigue siendo vigente. Cuando estaba escribiendo La hora azul, tenía en mente algunos cuentos cortos de ella. Concretamente estaba pensando en Los Pájaros, seguramente mucha gente haya visto la película de Hitchcock... El cuento corto es muy oscuro y tiene esta sensación permanente de que algo está por suceder. Que algo aterrador está por suceder. Y esa es un poco la atmósfera que yo quería recrear y evocar. Hay otro cuento corto que se llama Don’t look now, en donde hay un hombre que sabe que algo malo está por suceder, pero es como que está mirando en el lugar incorrecto.
[Fotos: Maximiliano Luna]
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