Faltaba un mes para el estreno de Ha muerto un puto en 2024. De toda la investigación sobre la vida y la obra del escritor Carlos Correas quedaba un cabo suelto. Y entonces sucedió: gracias a Marcelo Gioffré conseguí reunirme con Juan José Sebreli -amigo, amante, novio, enemigo de Correas; según Correas-. La cita fue en La Biela un jueves a las 19hs. Entonces le pregunté qué pensaba sobre éste interés por quien fuera, por lo menos, su amigo y colega.
Sebreli fue tajante: “No me explico la fama póstuma de Carlos Correas. Hizo muy poca cosa. Yo lo inicié en todo: en la literatura y en la homosexualidad. Y además su muerte… bueno, es la muerte de un loco.”
No mucho antes yo había llegado un poco de casualidad a “La narración de la historia”, el cuento célebre de Carlos Correas por el que fue condenado junto a su editor a seis meses de prisión en suspenso por publicaciones obscenas en 1960. Correas tenía 28 años. Todo aquello (la condena judicial, la mediática, la familiar y la indiferencia de su incipiente círculo de amigos y compañeros de estudios) lo iba a alejar por un tiempo de la literatura y de la homosexualidad; al menos en su cara más pública.

El encuentro con Sebreli fue el último de una serie que realicé para acercarme a Correas: con Emiliano Jelicié, director junto a Pablo Klappenbach del documental Ante la ley: El relato prohibido de Carlos Correas, otro con María Pía López (amiga y confidente del Correas de los últimos años), otro con el escritor Alejandro Modarelli.
Una decisión temprana de la obra “Ha muerto un puto” fue que nadie personifique a Carlos Correas y para eso convoqué a un elenco que de alguna manera reuniese sus obsesiones, que funcionen como arquetipos o médiums capaces de decir Correas, bailar Correas, mover Correas, incluso cantar Correas. Utilizando las posibilidades técnicas de una sala como la de Arthaus: un sonido brillante, una pantalla gigante que aparece como por arte de magia, luminarias de otro planeta. Y, lo más importante, tiempo para experimentar.
En lo autoral, la obra edita los textos de Correas (narrativos, ensayísticos, testimoniales, autobiográficos) y los cruza con las canciones de María Laura Alemán, también actriz, además de pianista de la obra en la que comparte escenario con Vero Gerez y David Gudiño. Tres artistas que invocan a Correas como en un juego que se habilita a la platea: una compositora trans (María Laura), una actriz/cantante con fotogenia cinematográfica (Vero) y un actor también activista de Identidad Marrón (David). Se verá en la obra que Correas también tenía algo que decir sobre el racismo en la Argentina, entre otras muchas cosas.

El territorio de Ha muerto un puto está en los márgenes, como la obra del escritor: una frontera entre la música y el cine, entre el teatro de variedades y el testimonio documental. Un híbrido, sí, pero que bien podría ser una versión imaginaria de antros como el Anchor Inn, uno de los refugios del Correas veinteañero cuando el “yire frenético” protagonizaba su vida.
Suena un piano, se escucha una música, comienza una película, hay sexo entre las butacas: es la atmósfera de una Buenos Aires en la que el deseo homosexual -mucho antes de la idea de “lo gay”- burlaba la represión de una sociedad que, ahora -varias décadas más tarde-, se reproduce desde las instituciones públicas nacionales.
Correas se apartó de dos de sus deseos después del juicio. Del de escribir y, también, de la homosexualidad. Pasaron décadas para que retome esos temas en su literatura y en su propia vida, cuando ya estaba cerca el momento trágico de su final. Y dejó muchas huellas cuyo rastreo resulta fascinante.

A veces pienso la obra como esos documentales en los que no podés esperar a que termine para buscar en internet qué pasó con todos a los que se menciona. Y todo eso pasa en Ha muerto un puto. Con el propio Correas. Y Sebreli. Y Oscar Masotta. Y hay otros tantos grandes nombres que orbitan en el planeta Correas: David Viñas, Germán Rozenmacher, Abelardo Castillo, Bernardo Carey. Y también Esther Goris, Mariano Grondona y Mario Pergolini: personajes a quienes Correas retrata y maltrata con furia y –en el caso de Goris– con amor infinito; más allá de la versión de Eva Perón de la película del mismo nombre a la que defenestra con gracia infinita.
Correas escritor, homosexual, anfetamínico, existencialista, antiantiperonista, profesor, traductor, cronista, alcohólico, chismoso, ácido, prostituyente, cómico y el campeón mundial de las enumeraciones interminables. Y cuando digo interminables es varias páginas de palabras seguidas de comas, exquisitos poemas musicales. Textos imposibles de memorizar y que, sin embargo, están ahí, en la escena.
Ha muerto un puto no es Ciudadano Kane. No es un puzzle de puntos de vista de quienes compartieron la vida con él y terminan configurando un personaje y develando (o no) su misterio. Ha muerto un puto es nuestra aproximación a la vida y la obra de Correas y el deseo de vengarla, de darla a conocer y celebrarla.
*El autor es director y Guionista. Fotos: Martina Perosa
“Ha muerto un puto”, con las actuaciones de: María Laura Alemán, Vero Gerez y David Dudiño. Desde el sábado 1 de febrero a las 20.30hs. Sábados y domingos a las 20.30hs en Arthaus Central (Bartolomé Mitre 434 - CABA). Entrada general: $14000 Por Alternativa
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