
La Bienal Internacional de Arte Contemporáneo del Sur (Bienalsur), el proyecto polifónico que fue de Buenos Aires a Tokio entre 2023 y 2024, goza de buena salud. Y anticipa una edición 2025, potenciada y extendida hacia nuevos destinos geográficos. Pero antes de eso, y hablando de salud: Aníbal Jozami, director general de Bienalsur y rector emérito de la Universidad de 3 de Febrero -la institución educativa que impulsa este proyecto-, vivió agitados días en pleno desarrollo de la Bienal a fines del año pasado. En noviembre de 2023 y en un exótico destino como Dakar, Senegal, se descompuso y la situación derivó en que hubiera de atravesar luego, dos operaciones, en París y Buenos Aires. Así lo cuenta, ahora en mayo de 2024, cuando ya está plenamente recuperado.
“Me alegro en parte que esta historia está unida con Bienalsur porque atravesó tres continentes. Cuando estábamos en plena gira con con Diana y con Ariel Riveiro. Gracias a ellos estoy vivo porque en un hospital de Dakar resolvieron quedarse a dormir en el suelo de la habitación”. Diana es Diana Wechsler, directora artística de Bienalsur y principal impulsora de una plataforma de arte contemporáneo distinta: descentralizada, horizontal y humanista. “Toda esta situación que nos tocó vivir con Aníbal en medio de inauguraciones de muestras en África y Europa, define un poco nuestra impronta. No tenemos ningún ningún modelo preestablecido. El único modelo, con una enorme diversidad, es encontrar la manera para que suceda. Sentarse a conversar y ver de qué manera ocurre”, dice Wechsler.

Aníbal Jozami y Diana Wechsler dialogaron con Infobae Cultura una tarde de otoño sobre pasado, presente y futuro de Bienalsur, la criatura que ambos crearon y -como Jozami ahora- gozan de buena salud. “Es algo muy grande, que además siempre puede crecer más todavía. Es interminable”, define optimista Jozami. “Es trabajoso pero fascinante”, complementa Wechsler.
Aníbal Jozami: —Es un proyecto, un emprendimiento que está muy ligado a diferentes tipos de avatares, desde el cambio de funcionarios hasta el cambio de régimen político en un país. Incluso a fenómenos geográficos, climáticos que puede haber en un determinado país.
Diana Wechsler: —También tiene su rango de escucha respecto de lo que es Bienalsur, porque como es sur y como nosotros venimos del sur del sur y venimos de Sudamérica, gente que incluso conoce bien al sur, se sorprende que de pronto digamos “con la Universidad de Tokio o con Senegal”. Y nos dicen, “Pero ¿cómo? ¿Además de América Latina están en esos países? Llama la atención que estemos también en otros lugares.

—¿Cómo evalúan esta edición? ¿Qué fue lo que más les gustó? ¿Cuáles fueron los mejores momentos, a vuestro criterio?
D.W.: —Desde mi punto de vista fue la edición más desafiante y también, sin duda, seguir expandiéndola a muchos otros lugares que hasta ahora no habíamos estado. Y además, tuvimos una manera distinta de recepción por parte de cada uno de los sitios, hubiéramos estado antes o no. Porque nosotros vamos ya con otra solvencia, creo, y a su vez nos ven de otra manera. Porque Bienalsur ya no es algo que nunca ocurrió. Y eso ayuda mucho porque establece una situación de confianza previa. Vos viste el caso del Archivo de Indias, en donde claramente nadie lo pensaba como un lugar para el arte contemporáneo. Y de pronto, la dirección se sorprendió ante ante el hecho de que de que esto funcionaba. En esta edición que pasó, nosotros empezamos en septiembre de 2023 en Brasilia: al Centro Cultural Banco de Brasil le interesó tanto el proyecto que decidió que estuviera en otras dos sedes más (San Pablo y Río de Janeiro). Esto nos llevó a que la última inauguración fue el 20 de marzo de 2024, cuando ya estaba abierto el Open call para la edición 2025.
A.J.:—Sumado a eso hubo instituciones como el Pompidou de Málaga que no quiso sacar la exposición, porque le encantaba. Es que también a lo largo del tiempo se han ido creando sociedades basadas en el respeto mutuo y la amistad con gente de muchos museos. Se han establecido fuertes relaciones personales que hacen que este no sea solo un proyecto nuestro. Un montón de gente alrededor del mundo ya lo está viviendo como un proyecto común.

—¿Qué se puede contar de la edición 2025 de Bienalsur?
D.W.:—Por un lado hicimos un Open call de periodo más corto, por la razón de ser más eficaces a la hora de ir llegando con los proyectos a las instituciones y eventualmente, ir abriendo otras convocatorias más focales como las que hicimos, por ejemplo, para el proyecto de Diego Bianchi en Dakar o para la residencia en Camerún. O sea, cosas más puntuales que después van ocurriendo. Pero para nosotros, la convocatoria tiene dos grandes motivos: uno, identificar los temas, o sea dónde están los acentos temáticos. Por ejemplo, hay una carga puesta (en un porcentaje altísimo) en problemáticas medioambientales y extractivismo. Muy alta. Migraciones sigue siendo un tema fuerte, pero por ejemplo, se redujo mucho la presencia de cuestiones de género y cuestiones queer.
A.J.:—A lo largo de los años fueron variando distintas cosas, adecuándose nuestras temáticas a lo que los artistas proponían. Por eso decimos que leemos los discursos de la sociedad a través de las propuestas de los artistas. Es notable lo que está pasando este año. Y aparte lo hicimos más corto con la idea de que no fueran tantos miles. Y sin embargo, fueron presentados más de 3 mil proyectos.

—¿Y cuál será el punto extremo de la próxima Bienalsur?
A.J.:—Va a estar Japón... Los 18.370 kilómetros son porque Japón está en ese kilometraje. Vamos a estar más en África. Nos habían invitado a dar una charla sobre Bienalsur en pleno centro de África, en Libreville, la capital de Gabón pero teníamos 35 horas de ida y 35 de vuelta para estar allá dos días... La idea es estar más en África, en algún lugar más en el mundo árabe y estamos viendo algunas cosas en Australia.
D.W.:—Sin hablar de distancia, pero sí de expansión, de que la mancha se vaya extendiendo, tenemos serias probabilidades de crecimiento en Alemania, en Francia y también hacia el norte de España, con algunos lugares nuevos con lo que estuvimos ensayando. Pero hasta ahora se fue dando más como residencia que como sitio de exposición.

—En función de vuestra experiencia y conocimiento ¿El arte contemporáneo está reflejando un mundo más hostil, con una creciente tensión social?
D.W.:—Yo creo que al plantearse, como decía, la cuestión del medio ambiente y el extractivismo, con todo lo que viene además a cuento en temas como las políticas coloniales o persistencias de dinámicas de control, sí. Es un clima ambiente que de algún modo se va reflejando en la mirada de los artistas. Pero creo que de manera directa, asoma una reflexión de cuál y cómo es el mundo en el que vivimos. Hay un proyecto, por ejemplo, que trabaja sobre realidad y ficción, respecto de la guerra. Y casi en tiempo real va trabajando con las imágenes de lo que sucede en Palestina: un juego de “antes” y “después” en determinados escenarios urbanos. Y también la presencia de un modo distópico de vida.
A.J.:—En cada lugar por circunstancias que pueden ser propias de ese lugar, se nota un clima distinto en las relaciones interpersonales, y un alto nivel de hostilidad. Eso lo vemos reflejado en el arte también.
[Fotos: Gustavo Gavotti; prensa Bienalsur; EFE/ André Coelho]
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