
Judy Garland es conocida por todo el mundo por ser Dorothy en El mago de Oz (Victor Fleming, 1939), además de por ser la madre de la icónica Liza Minelli. También se la recuerda por su sonrisa afable y su candidez. Sin embargo, pocos conozcan la oscuridad que se ocultaba detrás de esos ojos luminosos y su dulce voz.
Proyecto Garland es una obra que desnuda no solo la historia de Judy (a la que algunos podrían haberse acercado por la película homónima de Rupert Goold estrenada en 2019), sino,además, la ruinosa realidad opaca que se escondía detrás del llamado cine de oro. En esta pieza se repone de manera impecable el dolor al que se enfrentó la actriz y cantante desde temprana edad.

Con recursos corporales y vocales que dejan sin aire por lo vertiginoso, audaz y armonioso, Marina Munilla –que es autora de las canciones y coautora de la dramaturgia, además de responsable de otros aspectos técnicos– construye una Judy única y digna de cada uno de los aplausos y ovaciones de pie que seguramente se repetirán en cada función. Sostiene un histrionismo extremo, que se apoya en el maquillaje y el peinado, y todo ello es una muestra misma de lo que fue y vivió la actriz precoz estadounidense en carne propia, víctima no solo de abuso sexual, sino de abandono por parte de su propia madre, además de padecer un sistema perverso que, en mayor o menor medida se sostuvo hasta tiempos cercanos.
Sorprende la voz de Munilla, que homenajea en un guiño a los musicales de las décadas de 1930/1940 y 1950, por lo inesperado en el argumento y por lo encantador de sus notas. Otra sorpresa son los visuales, conformado por material de archivo, además de las ficticias publicidades, que también dan cuenta de la repugnancia que se escondía tras imágenes, melodías y mensajes promocionales.

Pero Munilla no está sola, la acompañan Gastón Biagioni –en el rol de Sid (N. de la r.: Sidney Luft)–, y Leonardo Murúa, en el del Dr. Kupper –”personaje inventado que centraliza varios médicos que ella tuvo”, cuentan de la producción–. Ambos secundan a Munilla para evidenciar la violencia padecida por Garland durante gran parte de su vida. Cuenta, además, con las voces estelares, en off, de Rita Terranova en el papel de Ethel, la madre de Judy –manipuladora al extremo–, y de Osmar Nuñez, en el rol de Stromberg, el productor.
Otro punto por destacar es el tratamiento que se le da al abuso, los miedos y los “fantasmas”, que en este caso toma forma de espantapájaros, un claro guiño al universo de Oz, pero también al género del terror. Intensa y opresiva en partes iguales, Proyecto Garland no se calla nada.
La explotación infantil –mediada y propiciada por su propia madre–; el abuso sexual a manos de Louis B. Mayer –como si fuera un requisito tácito para llegar al éxito–; las drogas y el alcohol como modo de expiación del dolor son algunas de las puntas que se sueltan sin golpes bajos.

Engarzada en breves escenas, instantes, alucinaciones, recuerdos, momentos de mayor o menor lucidez entre drogas, internaciones por alcohol y abortos, la vida de Garland va tomando forma ante el espectador que no sale del asombro por lo sombrío de su vivir (y padecer).
En la era del feminismo y de acusaciones en el detrás de escena, Proyecto Garland desnuda una realidad que lejos está de ser lo que el cine pretende mostrar (u ocultar, depende del caso).
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Proyecto Garland, de Gerardo Grillea, Marina Munilla; con las interpretaciones de Gastón Biagioni, Marina Munilla, Leonardo Murúa, y las voces de: Osmar Nuñez y Rita Terranova. Dirección: Gerardo Grillea. Se presenta hasta el 29 de octubre en No Avestruz Espacio de Cultura –Humboldt 1857, C. A. B. A.–.
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