
“Y bueno, locos, rompan todo”.
Hoy, temprano, miré la fecha en el celular y pensé: “Oh, el ‘Rompan todo de Billy Bond. Es 20 de octubre’”.
Y son ¡50 años!. Como fue en el 72, son 50. Sí, número redondo.
Billy Bond, el legendario, aparece muy seguido en mi WhatsApp. Escribe rápido y poco. Es expeditivo. En eso se advierte que es un empresario: se maneja con pocas palabras, parece preferir los hechos a los dichos, busca utilizar bien el tiempo. Nacido Giuliano Canterini, en Liguria, Italia, hace 77 años, Billy Bond es una leyenda viva del rock argentino, que hizo historia desde principios de los 70 y hasta que se fue del país, como tantos otros, después del golpe del 76. Pero no vive de la nostalgia, sino de los negocios: es un empresario del show business desde hace 46 años. Produce espectáculos. Sus colegas saben que ha ganado mucho, muchísimo, dinero.
Billy vive en San Pablo, Brasil, y cada tanto baja a Buenos Aires, acaso para confirmar que el mito está más vivo. Ahora viene de estar otra vez en boca de muchos por el suceso de la serie Rompan todo que produjo Netflix en la que, por su título, resulta el principal homenajeado.
Y hoy es el 50 aniversario de aquella noche.
Entonces le escribo.
Y sorpresa: me contesta con un mensaje de voz.
Claro.
El mito Billy Bond tiene su punto cumbre en la noche del 20 de octubre de 1972, cuando miles de jóvenes que habían concurrido a un festival de rock en el Luna Park, terminaron destrozando el estadio luego de que la policía irrumpiera en el lugar durante la actuación de La Pesada del Rock. Esa noche, dice la historia –o la leyenda–, Billy Bond se rebeló ante los palazos que repartía la policía, y ordenó: “¡Rompan todo!”.
—El inconsciente colectivo registró que vos, al ver que la policía repartía palos, te hartaste y dijiste: ‘Ok, entonces..., ¡rompan todo!’ ¿Fue así o es una leyenda?
—Fue así, con unas palabras más suaves al principio y con un final así. Rompan todo. Antes de eso, hice un speech con unas palabras de Perón, eso de que la violencia trae la violencia. Entonces hubo algunos diálogos, una especie de tregua; fue: “Negro, qué pasa, somos todos iguales, pará un poco”. Aquella forma de hablar, no. Hoy seríamos más concretos. Entonces ves que le están pegando palos en la cabeza a la gente, y que hay sangre, y que hay detenciones, y vos que venís a ser el caudillo de los chicos, ¿qué hacés, te quedás callado? No podés. O te jugás con los chicos o te ponés del lado de la policía, y decís, “ok, se acabó el concierto, no toquemos más”. ¿Qué hacés?, decime. Yo no dudé. Y me metieron en cana, me arrancaron del escenario. Pensé que me iban a matar. El quilombo grande se armó cuando me engancharon y empecé a gritar. Cuando los chicos vieron que me llevaban, rompieron el Luna Park. Y reventaron cuatro o cinco autos en la puerta. El ruido era impresionante, es lo que más recuerdo: el ruido de las sillas que se rompían.
Este diálogo pertenece a una extensa entrevista que hice con Billy hace muchos años –muchos, muchos– en su casa de San Pablo.

Hoy me dice:
—Estoy en Buenos Aires. Esta tarde daré una conferencia de prensa para anunciar lo del Luna Park.
—¿Cómo se va a llamar? ¿Rompan todo?
—Claro, Negro. Rompan todo.
—Un recital de la Pesada.
—Y más que eso. Va a ser una megaproducción. Sobre unos 30 temas importantes de la historia, una banda de rock, una orquesta semisinfónica, un coro de ocho voces, 30 bailarines que también son acróbatas, 30 extras, un escenario giratorio, 300 metros de pantallas led. El título completo será Rompan todo / Soy el rock.
—¿Cuándo?
—Próximamente. Te voy a avisar, no te calentés.

Hace hoy cincuenta años, La Pesada del Rock abrió un festival que nunca llegaría a su final por el temprano desborde policial.
La revista Así, muy popular en los 70, dedicó la portada y la nota central de su edición del 24 de octubre de 1972 a la reseña del escándalo. “El rock infernal”, tituló con letras catástrofe. Y agregó: “Hordas de hippies arrasaron el Luna Park”.
Entretanto, la portada del diario Crónica del 21 de octubre de 1972 concentraba noticias que, por sí solas, hablaban de aquella Argentina efervescente y próxima a los grandes cambios que se vislumbraban en ese momento. La más fuerte era la que indicaba que el Gobierno había autorizado el regreso de Perón. En el recuadro internacional, una noticia proveniente de Chile daba cuenta de los primeros escarceos golpistas y de la frase premonitoria del presidente socialista Salvador Allende: “Sólo me sacan en pijama de madera”.
Un cabezal registró los sucesos de La Pesada en el Luna Park, que para la época era “un escándalo hippie”. La foto mostraba a los jóvenes forzando las vallas que separaban a las populares de las plateas. El epígrafe indicaba que hubo “grandes destrozos” y algo que hoy no resultaría interesante de señalar: “se mezclaron hombres y mujeres en los disturbios”.

En la crónica interna, más fotos ilustraban los desmanes. Verjas achicharradas, butacas deshechas y agentes policiales en acción testimoniaron gráficamente el clima de huracán que azotó al Luna.
La nota apuntó que una hora antes de la señalada para el inicio del concierto, “miles de jóvenes con las más extrañas y llamativas ropas, tanto en los hombres como en las mujeres, con exóticos colgantes, con largas cabelleras, abundantes melenas y hasta algunos torsos descubiertos” comenzaron a llegar. Más adelante señaló que, desde la tribuna, comenzaron a “llover objetos hacia la platea y el escenario”, ante lo cual “la policía reaccionó de inmediato, procediendo a detener a los más revoltosos”. Siguió diciendo que el clima fue crescendo entre la gente, mientras que, por un lado, Bond y los otros músicos de La Pesada intentaban apaciguar los ánimos, y por el otro, Tito Lectoure y la policía hacían lo suyo, “luchando contra los enardecidos jóvenes”.
Hacia el final, la crónica informó que a la salida del Luna Park dos policías interceptaron a Billy Bond, “quien no ofreció resistencia”, y fue sacado del estadio por la avenida Madero. Dijo el diario que al subirlo a un patrullero, un oficial le gritó: “Va detenido, incomunicado”.
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