
Una separación siempre implica atravesar un proceso de duelo, de dolor, generado por el hecho de alejarse y dejar de ver a la persona a quien se amó o se ama. “El amor es una mierda”, se repite a sí misma nuestra protagonista, quien atraviesa un momento de gran sufrimiento. Eso cree ella, eso es lo que siente. Cuando se atraviesa tanto dolor, no hay corrección política que valga.
La idea y el texto de este unipersonal surgió casualmente. Tenía que cumplir con una consigna para una clase de la diplomatura de dramaturgia y tomé como punto de partida una imagen de un relato de una amiga sobre su divorcio. Luego solté la mano y empecé a fantasear con situaciones y a recordar algunas propias. Traté de meterme en ese mundo, en esa vivencia tan fuerte y personal que es una separación. Y así fue surgiendo la idea de una mujer que se prepara para encontrarse con su reciente ex pareja para firmar el divorcio. Entonces ensaya una y mil veces formas para aparentar estar bien y practica modos para que nada de su dolor salga a la superficie. Ella quiere aparentar una fortaleza y un bienestar que no tiene y que poco a poco se van desmoronando cuando la emoción toma por completo toda la situación. ¿Por qué tratamos de mostrar que una ruptura no nos afecta? ¿Por qué el miedo a mostrarnos vulnerables? Esas eran algunas de las preguntas que me iban surgiendo a medida que escribía. Otras tenían que ver con lo que sucede en el cuerpo, en el alma, cuando el otro se va ¿Cómo es ese momento de soledad después de haber convivido? Y también preguntas sobre qué fantasías se despiertan sobre la otra persona que ya no está: ¿Qué estará haciendo? ¿Dónde pasa las noches? ¿Qué comió? ¿Seguirá haciendo las mismas cosas? ¿Estará bien? Y pensando en la escena, me pregunté cómo sería ese dolor si cobrara forma y cuerpo, qué dimensiones tendría y a dónde me llevaría espacialmente. Y allí surgió la idea de trabajar con Vanesa Maja.

Con Vanesa nos conocimos trabajando juntas en la obra Estado de ira, de Ciro Zorzoli. Es una actriz impresionante, puede hacer de todo, maneja un amplio espectro de matices. Puede ser sutil y también superhilarante. El formato final de la obra fue un trabajo conjunto entre las dos. Ella propone muchísimo y a la vez escucha y se deja dirigir. Trabajamos mucho el pasaje de un estado emocional a otro; hay momentos de mucha intimidad y sutileza y también otros de gran expresividad y humor. Como cuando su personaje cae en grandes confusiones y no sabe si un objeto le está hablando o solo le recuerda a su ex.
La protagonista de esta obra está atravesada también por la contradicción permanente. Creo que eso es lo que ocurre en el momento del duelo. Si bien es doloroso, siempre hay una parte de liberación. Y de novedad, de curiosidad sobre cómo será esa nueva vida que comienza. Se puede pasar de esa sensación de vacío a ver que se abre un universo de posibilidades. En este caso la mujer aún no lo sabe del todo, está más identificada con la pérdida y le cuesta ver que quizás más adelante pueda sentirse mejor. Incluso hay un relato de ella, del último tiempo vivido junto a él, donde se esboza el malestar que ella tenía a su lado. Sin embargo atraviesa el dolor con toda la intensidad del momento. Solo de a ratos esta mujer puede reírse de sí misma o ser consciente de que está sufriendo demasiado y expresa querer hacerlo así porque sabe que después “va a salir”. La pareja a veces cruza la línea de la “mismidad”, entonces cuando el otro se va, pareciera irse una parte propia. Quizás lo difícil de ese momento sea verse a uno mismo solo. Ahora en una nueva etapa.

La estética de la obra la definimos con la escenógrafa y vestuarista Laura Poletti. Yo quería que fuera un espacio onírico, podría haber sido la casa o el estudio de la abogada. Finalmente ganó más el espacio de la abogada, donde están ella y su ex pareja para firmar el divorcio. La luz de Ricardo Sica juega un papel muy importante, ya que hace las veces de los interlocutores (la abogada, su ex marido) que aparecen para filtrarse en su memoria e interrumpir sus recuerdos, dándole de a ratos cierta paz dentro de tanto tormento.
Desde el estreno, la obra nos dio muchas satisfacciones, tuvimos una muy buena recepción del público y los medios, la gente se siente identificada. Ya llevamos tres años de funciones en diferentes salas de C. A. B. A., en algunas provincias y hasta realizamos una función en Madrid, España, donde tuvimos la suerte de viajar por una invitación que nos hicieron.
Creo que su temática, la pérdida del amor, el duelo, es un tema bastante universal. El público se ríe y se emociona junto a la protagonista. Muchos se acercan al final de la función para agradecer, porque se sienten reflejados y se dan cuenta de que las cosas que vivieron no las pasaron solamente ellos, entonces hay una sensación de comunión que está buena. Muchos nos dicen “sentí que ella era yo”.

Ahora Sebastián Blutrach nos invitó a participar de una breve temporada en el teatro El Picadero, lo cual nos alegra mucho, porque es un lugar muy querido. Nos genera mucha expectativa poder hacer la obra en un lugar nuevo y tan emblemático: Estaremos los martes 13, 20 y 27 de septiembre a las 20 en el teatro Picadero. Las entradas se consiguen por Plateanet.
Septiembre es un mes que me encuentra muy activa, ya que también estreno Segunda naturaleza, de Pipsa Lonka, que codirijo junto con Diego Rosental en el Cultural San Martín, los sábados a las 21 desde el 10 de septiembre, Sarmiento 1551. Y Flashdance, en el ciclo Microteatro, los jueves y viernes desde las 23, en Serrano 1139. También dirijo Alicia confusión, de Juan Ignacio Fernández, que continúa en cartel hasta el 24 de septiembre, los sábados a las 16 en Itaca Complejo Teatral, Humahuaca 4027.
* Teatro Picadero, Pedro Enrique Santos Discépolo 1857, C. A. B. A.
SEGUIR LEYENDO
Últimas Noticias
De la tragedia personal al éxito internacional: el viaje sensible del cine de Carla Simón
El universo cinematográfico de la directora española está marcado por la memoria, la familia y la reconstrucción de historias personales, elementos que transforma en relatos llenos de emoción y poesía visual

La literatura juvenil transforma “Mujercitas” en relatos sobrenaturales, dark y de suspenso
En obras editadas este año, dos escritoras actualizan la historia original convirtiendo a las March en criaturas fantásticas o investigadoras de crímenes

¿Cuál es el argumento para creer en Dios?
En su libro, Christopher Beha reflexiona abiertamente sobre lo que significa buscar sentido en el universo, enfrentando a grandes pensadores, batallando con dudas y encontrando respuestas inesperadas en lo cotidiano

La belleza de la semana: “El juicio al cadáver del papa Formoso”, de Jean-Paul Laurens
En el siglo IX, la rivalidad entre clanes y la disputa por la legitimidad imperial impulsaron un singular proceso contra los restos de un papa, en lo que se conoce como el Sínodo del Cadáver

La inteligencia artificial revela cómo el arte ha contado la historia de nuestras emociones colectivas
Un grupo de economistas ha usado IA para analizar más de seiscientas mil pinturas y descubrir cómo los grandes momentos históricos se reflejan en los sentimientos plasmados por artistas a lo largo de seis siglos



