Imposible elegir unas pocas películas de Jean-Luc Godard, un cineasta en búsqueda permanente que probó con casi todas las formas del séptimo arte y que a lo largo de más de seis décadas jamás se cansó de filmar, mucho menos de reflexionar sobre la imagen cinematográfica. De su vasta obra se puede reconocer distintas etapas marcadas por inquietudes personales y de la época, desde sus películas más clásicas que definieron a la nouvelle vague, pasando por los films más radicales junto al grupo Dziga Vertov (un colectivo militante de ideología marxista surgido del mayo francés, cuyo nombre rinde homenaje al cine vanguardista del director soviético), hasta su revisión de la historia del cine en trabajos más recientes. A continuación, apenas cinco películas que pueden servir como introducción a una filmografía atravesada por sus experimentaciones.
Sin aliento (1960)

Película fundacional de la nouvelle vague y una de las puertas de entrada al cine moderno. Más allá de una trama convencional, inspirada en el cine negro norteamericano, son las formas cinematográficas donde se basa su novedad y su frescura aún vigente. Filmada en plena calle con cámara al hombro, cambios de eje y cortes dentro del plano, Sin aliento marca un quiebre con el cine clásico y a la vez muestra su herencia. Jean-Paul Belmondo, un gángster un poco torpe que aspira a ser Humphrey Bogart pero debe huir de la policía, protagoniza esta historia de escape y romance junto a una joven Jean Segert.
Vivir su vida (1963)

De esta película se ha dicho que contiene el primer plano más bello de la historia del cine, aquel donde Anna Karina llora mientras ve en una sala La pasión de Juana de Arco, de Carl Theodor Dreyer. La femme fatale francesa, musa de Godard y también su esposa por entonces, caracteriza a una prostituta que quiere dejar su triste vida junto a su marido y su hijo para vivir una vida independiente como estrella de cine. Vivir su vida combina el melodrama y el análisis social aplicando al cine el efecto de extrañamiento que Bertolt Brecht usaba en su teatro épico. La película se desarrolla en doce cuadros numerados, cada uno de los cuales enumera lo que vamos a ver y a quién, a la manera de una novela del siglo XIX, y cada plano cuidadosamente estudiado cuestiona la naturaleza del propio cine, la apariencia y la realidad, y cómo percibimos el mundo.
Alphaville (1965)

El detective-espía Lemmy Caution llega a Alphaville, una ciudad de otro planeta, en busca de un hombre y encuentra una sociedad dominada por un extraño fascismo tecnológico. En la década del 50, Lemmy Caution era un popular personaje del pulp francés que había saltado con mucho éxito a la pantalla cinematográfica encarnado por el actor norteamericano Eddie Constantine, quien también es el protagonista del film de Godard. El director francés pone en juego su libertad creativa en esta distopía futurista que mezcla ciencia ficción y cine negro noir con una estética y una forma narrativa propias del expresionismo alemán. Alphaville es varias cosas, pero sobre todo un homenaje al cine.
La chinoise (1967)

Ya separado de Anna Karina, Godard también va dejando atrás sus películas de los años 60 para experimentar la revolución política de la época a través del cine. Si bien ya había dado muestras de este interés en El soldadito, una película que aludía a la lucha argelina por la independencia, acá se introduce de lleno en el debate ideológico de finales de esa década, atravesado por la guerra en Vietnam, la revolución cultural china y las tensiones con la Unión Soviética, y se anticipa al mayo francés. El icónico Jean-Pierre Léaud y Anne Wiazemsky, la segunda mujer de Godard, representan junto a otros actores jóvenes a un grupo de estudiantes que declaman ampulosamente discursos extraídos del Libro rojo de Mao o de publicaciones izquierdistas de la época. Con escenas de falso documental y un uso de la performance, Godard desnuda los artificios cinematográficos a modo de ensayo cine político, o de cine realizado políticamente.
Adiós al lenguaje (2014)

En un mundo cada vez más digital, Adiós al lenguaje parece ser la carta de despedida de un cineasta que interrogó desde siempre lo que hay detrás de las imágenes. Sin embargo, Godard se anima a los 84 años a experimentar con la tecnología 3D en este film collage que trae una vez más las viejas obsesiones del director a través de reflexiones filosóficas y citas literarias o cinematográficas que se anudan en un poema visual donde conviven planos superpuestos, colores saturados, clips de películas y el ruido pixelado de las imágenes digitales. El encuentro entre una mujer casada y un hombre soltero, con la inquietante compañía de un perro, bastan como argumento para uno de sus últimos ensayos.
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